Nada personal
Con la tierra desocupada
Douglas Carcache douglas.carcache@laprensa.com.ni
Cuando estamos a las puertas de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, un economista hizo la observación de que en Nicaragua pocos agricultores aprovechan la tierra los 365 días del año.
La agricultura es buena si le damos valor agregado, porque vendemos productos con más calidad y mejor precio, pero la competitividad comienza con el aprovechamiento pleno de la riqueza principal que poseemos, la tierra.
La idea, explican especialistas, es que la tierra produzca dinero cada dos o tres meses, aunque en Nicaragua la tradición ha sido sacarle ganancia una vez al año, y en consecuencia los costos de producción aumentan y los ingresos de los agricultores bajan.
Sólo en la región del Pacífico nicaragüense hay más de 100 mil manzanas de tierras subutilizadas, según el ministro de Agricultura, Augusto Navarro; y eso indica que de nada sirve tener buenas tierras si faltan iniciativas para trabajarlas.
Falta más capital para los negocios agropecuarios, porque hay tierras y trabajadores de sobra que se van a trabajar a los plantíos de Costa Rica. ¿Y el capital nicaragüense dónde está? Quizás en los bancos o en transacciones comerciales.
Tampoco el capital puede ser dirigido a negocios inciertos, porque el país no puede ser competitivo en todo y el gobierno, de acuerdo con la empresa privada, tiene que definir cómo aprovechar mejor las tierras agrícolas o forestales, con la idea de crear empleos permanentes, no temporales, opina el economista Domingo Frixione.
Entre los países de Centroamérica, Nicaragua es el país con mayores barreras contra el comercio y los impuestos más elevados sobre los ingresos, lo que se interpreta como menos libertad económica, según investigaciones de la Confederación Nicaragüense de Profesionales (Conapro) y la Fundación Konrad Adenauer.
En El Salvador, por ejemplo, han desarrollado la producción apícola y exportan miel, jalea real y polen, entre otros derivados, hacia los mercados de Alemania, Colombia, Inglaterra, Brasil, Venezuela y Centro América. Es un negocio en que se han unido instituciones públicas y empresas diversas, proveedores de insumos y servicios, con productores y comercializadores.
Es lo que llaman “cluster”, o la unión de esfuerzos para sacar un producto de calidad que demandan otros países. Es lo que pretenden hacer algunos productores con el queso chontaleño, para convertirlo en marca internacional y que los queseros nicaragüenses dejen de trabajar para hondureños y salvadoreños que luego exportan con marcas de su país, quedándose, por supuesto, con la mayor ganancia.
Además de libertad económica, Nicaragua necesita más técnicos que trabajen en los “cluster” y en las empresas ensambladoras que puedan venir por el comercio libre con Estados Unidos. Pero antes habrá que pensar más en trabajar, porque las experiencias de las últimas dos décadas nos indican que nos hemos vuelto expertos en planear e incompetentes en realizar. 
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