Comunismo y capitalismo
Jorge Salaverry jorgesal@cablenet.com.ni
En cierta ocasión, el escritor y periodista Carlos Alberto Montaner, le preguntó a Alexander Yakolev a qué atribuía él el fracaso del comunismo. La respuesta de quien fuera considerado como el principal teórico de la perestroika y el verdadero poder intelectual detrás de Mijail Gorbachev, fue clara y tajante: “Porque el comunismo no se adapta a la naturaleza humana”. Con respuesta tan categórica como autorizada, ¿qué caso tiene traer a colación el tema de una ideología fracasada y de un sistema socio-económico que dondequiera que se impuso causó tanto dolor, opresión y miseria?
Simplemente porque, como bien decía George Santayana, “quien no conoce la historia está condenado a repetirla”. Y parafraseando la famosa locución del filósofo norteamericano, yo diría que quienes no logren entender las verdaderas razones que hicieron fracasar todos los proyecto socio-económicos basados en esa ideología están condenados a repetir el mismo error.
Así, por ejemplo, hace poco escuchaba a un intelectual de izquierda nicaragüense decir que él creía que “la revolución social del 79” –que no es más que la revolución sandinista-, había fracasado porque sus líderes “se enfermaron de poder y la chaqueta les quedó grande”. Su opinión es, a mi juicio, superficial y totalmente errada, pero es, además, irresponsable, porque oculta la verdad del porqué de los hechos. Quienes como él todavía creen en el cuento de la enfermedad y de la chaqueta grande, no son capaces ni siquiera de sospechar que la verdadera razón del fracaso de todas las revoluciones socialistas en cualquier parte del mundo se debe a que pretendieron imponer un sistema social y económico “contrario a la naturaleza humana”. Es esa incapacidad de comprensión la que los hace muy cómodamente decir que la culpa del fracaso de la revolución socialista en Nicaragua se debe a los vicios y debilidades de carácter de los nueve individuos que la dirigieron. ¡Que tontería!
Y para que no se diga que soy la única persona que en estos días habla de problemas históricos ya superados, diré que tan sólo el viernes pasado, nada menos que CNN, en inglés, planteó la siguiente “pregunta del día” a sus televidentes: “¿Puede el comunismo coexistir exitosamente con el capitalismo?” No me pareció nada raro que ese canal de televisión que tiene cobertura mundial quisiera tener una idea de lo que piensa su teleaudiencia al respecto, especialmente en una semana en la que el país más poblado de la tierra, la China, celebraba el XVI Congreso del Partido Comunista.
Como es sabido, la China vive bajo un férreo sistema comunista desde 1949, y que a partir de finales de los años setentas empezó a aceptar la economía de mercado. Las reformas económicas que ha implementado desde entonces hacen que ahora pueda jactarse de tener una de las tasas de crecimiento económico más altas del mundo. Y estando consciente de que ese éxito se lo debe al capitalismo y no al comunismo, la China está más que dispuesta a volverse cada día más capitalista. La marcha hacia el capitalismo no se detiene. Para lograr su propósito, ese enorme país oriental está inmerso en una espiral de privatizaciones sin precedentes, permitiéndole a los inversionistas extranjeros comprar cada vez más y más empresas estatales. Mientras en 1989 operaban 90,000 empresas privadas, hoy en día operan más de 2 millones.
Lo anterior contrasta con la ola anti privatizadora que se ha apoderado de América Latina en los dos últimos años. (Pareciera que nuestros países son incapaces de aprender de los países exitosos.) Un izquierdista nicaragüense –de esos que de economía entiende lo que el 99.8 por ciento de los que vivimos en este país entendemos de física quántica–, escribía hace poco en un diario local que “Privatizar es pan para hoy [y] hambre para mañana”, y recomendaba la creación de más empresas estatales. Me pregunto qué dirían los chinos “comunistas” si lo escucharan.
Pero volvamos a la pregunta que hizo CNN. Un 54 por ciento opinó que sí puede el comunismo coexistir exitosamente con el capitalismo. Un 46 por ciento opinó que no. Yo creo que ambos sistemas pueden coexistir, pero sólo muy temporalmente, porque a medida que el capitalismo logra afianzarse en lo económico, el sistema leninista de gobierno tiene que ceder más pronto que tarde y dar paso a un sistema político democrático. No lo olvidemos: sólo el capitalismo, combinado con un sistema de democracia representativa de corte occidental es compatible con la dignidad de la naturaleza humana. La aberración comunista es, por lo tanto, totalmente innecesaria, indeseable y sin sentido.
El autor es miembro del Consejo Editorial de La Prensa y catedrático de la Universidad Thomas More. 
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