Obispo colombiano narra calvario
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 | “No son imbatibles, su fuerza es la mentira”, refiere al hablar de los guerrilleros |
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El obispo Jorge Jiménez al momento de ser recibido por sus cercanos tras ser rescatado por las fuerzas armadas. |
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Margarita Martinez
ZIPAQUIRA, Colombia/AP.-Cuando el obispo Jorge Jiménez se dirigió a realizar confirmaciones en las veredas no se imaginó que esa noche sería a sus 60 años un aprendiz obligado de jinete bajo una lluvia inclemente y que su labor pastoral lo llevaría a guardar secretos de confesión a sus propios captores.
Jiménez en una entrevista con la Associated Press, dijo que durante casi cinco días de secuestro debió viajar a cabestro y otras veces a pie, con la compañía inigualable del sacerdote Desiderio Orjuela, con quien debió sortear despeñaderos, quebradas y recorrer el rastrojo de las montañas del centro de Colombia acompañado de la mano de Dios.
A pesar del rigor de esta amarga experiencia, este hombre de risa fácil y con algo de ingenuidad, que bajó varios kilos y adquirió nuevas canas, recuerda que también se vivieron episodios de ternura.
Tal vez el momento más impactante como pastor fue cuando el guerrillero que luego murió en el operativo de rescate, le preguntó si le podía guardar un secreto bajo confesión, pregunta que sorprendió al obispo que ya había averiguado entre la tropa si eran creyentes con respuestas diversas.
“Me dijo entre susurros en un instante en el que estuvimos solos que si lo podía ayudar a abandonar la guerrilla’’, dijo Jiménez, con el padre Orjuela a su lado, quien no conocía de esta intimidad. “No le pude responder y después ocurrió el rescate”.
También narró que otro guerrillero, de unos 17 años, después de un agotador recorrido en que fue presa de los zancudos le aconsejó no quitarse las medias mojadas para evitar nuevas picaduras.
“En un instante de compasión me tocó los pies como para calentarlos”, dijo el obispo conmoviddo.
Monseñor Jiménez, presidente de la Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), quien no comió más de una comida en el mejor de los días, ni durmió más de dos horas, se convirtió durante su cautiverio en el canjeable más importante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que busca presionar un intercambio por guerrilleros presos.
El viernes hacia el medio día después de un impresionante operativo militar era el premio mayor de la política de seguridad del presidente Alvaro Uribe, quien llego al poder con la promesa de derrotar a la guerrilla y recuperar el imperio de la ley en esta nación que vive un conflicto hace 38 años.
El alto prelado recordó que en las primeras horas los guerrilleros les dijeron que era un secuestro extorsivo, tal vez mientras dejaban pasar la luz del día y entraba la noche, especuló.
“Luego oímos una voz al otro lado del radio que cargaba un jefe guerrillero que decía: él es un canjeable”, narró el obispo, en su casa de esta ciudad a 55 kilómetros al norte de Bogotá, donde no paraban de entrar llamadas de regocijo.
La primera noche de cautiverio después de trasegar a caballo en las tinieblas por unas nueve horas — vestido con su sotana que se negó a quitar— los guerrilleros de la columna Esteban Ramírez de las FARC le improvisaron una cama sobre hojas y un plástico para que durmiera.
“Monseñor, ahí esta su residencia”, contó con una voz que recordaba el dolor que sintió cuando se lo dijo un rebelde sin ironía.
Con esa frase, este hombre de gran ternura, cayó en cuenta de su nueva situación como uno de los 3,000 secuestrados al año en Colombia, pero cuyo plagio estremeció a un país anestesiado por la violencia y a una comunidad internacional acostumbrada a oír tragedias de Colombia.
Jiménez dice que su fortaleza fue la oración que realizaba con el padre Orjuela —algunas veces en susurros fuertes que molestaban al comandante, que incluso amenazó con amordazarlos si no bajaban el tono— y siempre hablando con los jóvenes rebeldes que obedecían presurosamente las órdenes de sus implacables jefes.
“Monseñor (como siempre lo llamaron), no sabe lo que me duele verlo sufrir”, le dijo uno de los ocho rebeldes del círculo estrecho que lo cuidó, una noche cuando llegaron a dormir a la intemperie.
El fin del calvario llegó cuando en medio de una maleza imposible, y ante un grupo de guerrilleros que tenía confianza en que eran invisibles en ese escondite de maraña profunda, aparecieron tropas gubernamentales que vociferaron “al suelo, padres”.
En un instante, los sacerdotes se tiraron al piso. Un guerrillero resultó muerto y tres capturados.
Los otros botaron sus fusiles y se echaron a correr.
“No son imbatibles, su fuerza es la mentira”, reflexionó el obispo después de un largo y detallado relato. “La fuerza del amor todo lo puede”, dijo, afirmando que ése era el camino para que Colombia recobrara la paz.
Agradece a gobierno
-Monseñor Jorge Jiménez, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), agradeció ayer a las autoridades por haberlo rescatado de mano de sus secuestradores, y pidió orar por los miles de colombianos que continúan en cautiverio.
-En una misa de acción de gracias en la catedral a la que asistió el alto gobierno, monseñor Jiménez declaró: “Señor Presidente de la República, Dios le pague por todo lo que hizo por mí... Dios le pague por todo lo que usted hace por nuestro país”.
-Con la voz entrecortada, el alto prelado pidió solidaridad con los plagiados, en este país donde 3,000 personas el año pasado fueron secuestradas.
-“Quiero que hoy tengamos un pensamiento muy especial por todos los hermanos colombianos que sufren en este momento el flagelo del secuestro”, dijo Jiménez.
-“Que ese pensamiento de toda Colombia los acompañe, les dé ánimo, para que no desfallezcan y que pronto compartan el don de la libertad que el Señor nos ha regalado”. 
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