La suspensión de Herri Batasuna
Emilio Álvarez Montalván
Sí es incongruente que un gobierno democrático cancele sus derechos a un partido, no obstante, la suspensión de la legalidad de Herri Batasuna (unión nacional), está ampliamente justificada. En efecto, ese grupo separatista que recoge apenas el 15 por ciento de los votos de Euzkadi, actúa de hecho como el brazo político del grupo terrorista ETA (siglas de Euzkadi Ta Askatasuna), que lleva perpetradas 836 muertes. Que esa complicidad de Batasuna con ETA la sostenga la gran mayoría de los votantes españoles, lo prueba el apoyo que recibió del PP, PSOE, CC y Partido Andaluz, la decisión de las Cortes el pasado 27 de septiembre, que pedía al gobierno dirigirse al Tribunal Supremo para que declarase ilegal a Herri Batasuna
Ese oportuno acuerdo parlamentario vino después de que el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, (el de la justicia globalizada), prohibiese por dos años a Herri Batasuna, mascarón de proa de ETA, realizar actos públicos o privados, participar en elecciones, mantener sedes partidarias, etc. Ciertamente, había inconformidad en España por la impunidad de la que gozaba Batasuna, que nunca condenó los asesinatos efectuados por ETA en plena vía pública, el estallido de coches bombas y secuestro de empresarios.
Y no es que los independentistas vascos carezcan de espacio en la escena política de la madre patria para ventilar sus aspiraciones, pues Batasuna ha participado como partido legal en votaciones regionales y nacionales, eligiendo diputados, aunque para dramatizar su radicalismo rehuyen, ocupan sus escaños en las Cortes. Por otra parte, otro partido que lucha también por mayor autonomía de las tres provincias vascongadas, el Partido Nacionalista Vasco, está ampliamente representado, tanto a nivel nacional como regional. Mucho menos se niega ahora en España, como hubo durante Franco, el uso de Euskara (lengua vernácula vasca), ni hay cortapisas para las expresiones culturales de las provincias vascongadas, ni rechazo a nombrarlos funcionarios del Estado. Aún más, los disidentes pueden apelar fallos judiciales ante la Unión Europea.
La pregunta es si la disposición de cortar a Herri Batasuna será más efectiva para disminuir el terrorismo, como aquella seguida en Ulster por Gran Bretaña con Sinn Fein. Como se sabe ese gobierno ha logrado mantener hasta ahora en la mesa de negociaciones a aquel partido (ala política del IRA), aunque de manera inestable. En efecto, después de firmarse un Acuerdo de Unión Nacional en abril de 1998, el gobierno británico ha tenido que suspender hace apenas dos semanas el referido plan, al retirarse el Partido Orangista, por la negativa de IRA de entregar sus armas, como se comprometió.
Si es verdad que las situaciones históricas de Euzkadi y Ulster son distintas, ambas comparten la pretensión de organizarse políticamente con exclusividad étnica, y ya sabemos lo enconado de esa desconfianza. Ello hace suponer que ambos conflictos van para largo en una Europa que trata de consolidar su unión.
El autor es analista político y miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA. 
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