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LUNES 11 DE NOVIEMBRE DEL 2002 / EDICION No. 22909 / ACTUALIZADA 02:30 am
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El drama de los buceadores de la Costa Atlántica

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Maria Luisa Acosta
calpi@ibw.com.ni

Nicaragua en el año 2000 exportó 4,032 miles de libras de langosta, capturada casi exclusivamente en la Costa Caribe de Nicaragua, y produjo unos US $ 21 millones en divisas a los exportadores. Los mariscos fueron el segundo rubro de exportación nacional. Los trabajadores del buceo para la captura de la langosta en Nicaragua se concentran en las Regiones Autónomas de la Costa Atlántica, y se estima que un 98% de éstos son miembros del pueblo indígena mískito.

Se calcula que hay de 2,500 a 3,000 buzos activos, y un gran número de cayuqueros o ayudantes, menores de 18 años, que trabajan con los buzos. El buceo en una de las peores formas de trabajo infantil de conformidad con la clasificación del Convenio 182 (1999) de la OIT.

El buceo a pulmón, actividad tradicional de los mískitos, se convirtió a partir de 1990 en una extracción laboral-industrial realizada a grandes profundidades y con tanques de aire comprimido para la captura de langosta (Panlirus argus). La transición del trabajo tradicional o artesanal a la laboral-industrial se ha realizado de manera abrupta, sin regulación ni control, al margen del cumplimiento de las normas laborales, de salud y de higiene ocupacional establecidas por el ordenamiento jurídico nacional e internacional.

El impacto de la actividad del buceo comercial a mayor escala fomentada por las empresas, ha tenido consecuencias muy negativas para la salud y en la vida de los buzos mískitos, con altos riesgos ocupacionales causantes de enfermedades como aeroembolia, embolia cerebral, paraplejía o hemiplejia producidas por el síndrome de la descompresión. Los frecuentes accidentes entre los buzos han causado que un gran número de éstos resulten con discapacidades físicas, hayan desaparecido o muerto. La falta de información sobre riesgos, entrenamiento, equipo adecuado, regulación estatal y alternativas laborales en la zona, así como las características culturales, lingüísticas y étnicas de los trabajadores del buceo, son las causas más inmediatas de esta situación.

La legislación sobre la protección a la salud e higiene ocupacional para los trabajadores del buceo es amplia. Sin embargo, las instituciones estatales encargadas de aplicar estas normas en la mayoría de los casos son negligentes, aducen la falta de presupuesto y capacidad técnica de sus funcionarios para cumplir sus tareas. Por otro lado, los sindicatos de trabajadores del mar son muy incipientes y los patronos se valen de toda su capacidad económica y política para no permitir su desarrollo. Además, los trabajadores pertenecen a pueblos indígenas que residen en áreas remotas y marginadas, donde el poder de los empresarios se impone sobre las debilidades de los líderes sindicales o sobre los propios funcionarios públicos encargados de aplicar la legislación laboral.

El director del Hospital de Corn Island calcula que en 2001 hubo seis accidentes por descompresión en el área; 20 en 1999 y 12 en 2000; tres fallecidos en 2000 y uno en 2001, o sea 42 en estos 3 años. Pero no todos los trabajadores del buceo acuden a los hospitales, pues muchos de ellos prefieren ser atendidos por sus médicos tradicionales. O sea que estos datos no reflejan la totalidad de los accidentes o las muertes por esta cusa. El Hospital de Bluefields reportó 19 casos en los últimos cinco años y solamente un fallecido. Sin embargo, los médicos reconocen que en muchos casos el síndrome de descompresión no ha sido diagnosticado como tal, por la falta de familiaridad del personal para diagnosticar este síndrome, lo que sugiere que estas estadística subestiman su incidencia en el área. El médico del Puesto de Salud del Minsa en la comunidad mískita de Sandy Bay Sirpi, de la Desembocadura del Río Grande de Matagalpa, reporta alrededor de 15 casos de buzos con el síndrome de descompresión. Y el Dr. Humberto Castro Olayo, del Hospital Nuevo Amanecer de Puerto Cabezas, quien ha tratado alrededor de 520 trabajadores del buceo entre 1998 y junio de 2001; reconoce que no es el único médico que los atiende en ese Hospital, por lo que concluye que los casos deben ser mas numerosos. El director del Hospital de Puerto Cabezas calcula que reciben entre 150 y 200 trabajadores del buceo víctimas del síndrome de descompresión al año.

El impacto en la vida de los trabajadores del buceo por causa del síndrome de descompresión es desproporcionado en comparación con cualquier otro riesgo laboral en este ramo y de cualquier otro grupo humano en Nicaragua.

La autora es Coordinadora del Centro de Asistencia Legal a Pueblos Indígenas (CALPI).  
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