Vuelve por hambre
EFE
BUENOS AIRES.- El argentino Julio César Vásquez, quien llegó a ganar unos dos millones de dólares cuando fue campeón mundial de la categoría medianos, volvió con muy poca suerte al cuadrilátero para poder pagarse, al menos, “un plato de comida”.
Vásquez, de 36 años, fue ampliamente superado por su compatriota Jorge Sclarandi, en la pelea que cerró la medianoche del sábado la velada de la Federación Argentina de Box, de Buenos Aires.
El ex campeón mundial (versión AMB), que no mostró buena forma física, apostó a la potencia de su zurda, pero siempre estuvo fuera de distancia y tiempo ante un movedizo rival que dominó el combate con golpes certeros y que los jurados vieron ganador en fallo unánime por cinco puntos de diferencia.
“Si hubiera sido un poco más tacaño hoy no tendría que volver por un plato de comida”, admitió en una entrevista publicada la semana pasada por el diario local “La Nación”, tras recordar que durante su carrera profesional llegó a ganar poco más de dos millones de dólares.
Con su poco afortunado retorno al boxeo, tras varios años de inactividad, el púgil argentino reeditó la historia del pobre boxeador que Jack London (seudónimo del célebre escritor estadounidense John Griffth, 1876-1916) retrató en el cuento “Por una libra de carne”.
Vásquez, quien anunció que en dos semanas peleará en Uruguay ante un rival aún no definido, se coronó campeón mundial de la categoría medianos el 21 de diciembre de 1992, tras vencer en Buenos Aires al japonés Hitoshi Kamiyana por nocaut en el primer asalto.
Como dueño de la corona mundial protagonizó 14 combates (12 ganados y 2 perdidos) ante púgiles de la talla de Aquilino Asprilla, Javier Castillejo, Alejandro Ugueto, Aaron Davis, Ricardo Núñez, Ronald Wrigth, Tony Marshall, Carl Daniels, Pernell Whitaker y Laurent Boudouani.
Vásquez, quien vive en una habitación casi sin muebles de un modesto hotel de Buenos Aires, dijo al diario “La Nación” que durante su época de esplendor como campeón vivió “a mil por hora, gastando plata a lo loco” y que ahora su único propósito es “juntar unos mangos (pesos)” para radicarse definitivamente en Santa Fe, su provincia natal. 
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