Suplemento deportivo - Muchachos de la Dupla
Una cancha de fútbol es una utopía
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 | A años luz de la Escuela de Talentos |
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Todas las tardes la Dupla Norte de Managua se convierte en un complejo futbolístico, donde la única técnica es patear el balón... a como sea. |
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Wilder Pérez R. wilder.perez@laprensa.com.ni
Dicen que Dios le da pan al que no tiene dientes. A veces pareciera que más bien le da al que no tiene hambre. Emmanuel Selva es un adolescente que vive a 50 metros de la única Escuela de Talentos de fútbol del país, pero ni siquiera le gusta ese deporte. Dice que quizá si lo animan se daría una vuelta, pero apenas conoce a los instructores y esto porque son famosos en su pueblo, Diriamba.
A 44 kilómetros de ahí, en Managua, cinco grupos de 15 a 20 adolescentes se reúnen todas las tardes para jugar al fútbol desde hace seis años en la Dupla Norte, desde la antigua cervecería Victoria hasta el teatro González.
Con cientos de vehículos pasando a cada hora por los costados de sus canchas improvisadas (clavan dos estacas en la tierra y ¡a jugar!), cuidan como a sus ojos los balones que por las posibilidades económicas de sus familias no necesariamente son de fútbol.
Juegan con pedazos de zapatos en los pies, pues sus únicos calzados son chinelas Rolter, y algunos lo hacen descalzos porque tienen que cuidar los de ir a clases. Debajo de sus uñas es eterno el borde negro que tiñen el polvo y el lodo. Desde luego, no tienen uniformes, así que un equipo debe quitarse la camisa para diferenciarse.
Esas condiciones los hacen estar a años luz de aquel centro ubicado en las afueras de Diriamba, en un sitio llamado Río Limón, que se hace impenetrable en invierno y difícil en verano, valorado en más de 260 mil dólares y que cuenta con cinco manzanas de tierra, albergue y cocina con capacidad para 40 personas internas, más las condiciones para los externos como un auditorio, sala de proyecciones, servicios sanitarios, vestidores, área administrativa, y las infaltables canchas de fútbol, tres para soccer y dos para sala.
Los muchachos de la Dupla no piden tanto. Sí sueñan a ser Ronaldo y Rivaldo, pero se conformarían con jugar en paz y en serio. “Aquí pasamos todas las tardes jugando, y los domingos pasamos todo el día midiéndonos contra los otros equipos de otros sectores del barrio (Rubén Darío), sabemos que no podemos aspirar a más, pero nos gustaría no tener que corrernos de la alcaldía cuando vienen, porque se molestan que clavemos ramas para hacer nuestras porterías”, dice Richard Hernández, el único que llegó al quinto año de secundaria.
Entre sus tantas interrupciones, el líder del grupo, Javier Molina, dice algo importante: “Hemos tratado de meternos en ligas pero no se nos da la oportunidad, y si la tenemos, ahí vienen los cobros de inscripción y resto, no podemos pagarlos, entonces nos divertimos aquí mismo”.
Es que dar 40 córdobas por un balón para ellos es difícil aún cuando nunca salen de una sola bolsa. Eso puede significar incluso el diez por ciento de la quincena de sus padres y el 25 de lo que gastan en comida.
Los muchachos de la Dupla no se consideran vagos aunque su imagen podría traicionarlos. Y ya lo ha hecho..., al menos así lo afirman ellos, que ni siquiera permiten que los queden viendo raro. En el colegio Loyola antes se les consentía entrar a jugar y hasta se les prestaba un balón. Hoy esa es la historia de un lindo campo del otro lado del muro que los jóvenes les cuentan a los más pequeños.
Dicen que ninguno de ellos es proscrito, y que los que no estudian trabajan por las mañanas cargando sacos en el mercado Oriental, esquina opuesta a su barrio. Al verlos de manera incrédula advierten que sus madres están contentas con verlos jugar ahí antes que verlos vagando. Son hijos de mercaderas, mujeres que lavan o planchan ajeno, celadores, carpinteros, albañiles a quienes suelen ayudarles. Pertenecen a familias numerosas cuyos ingresos difícilmente llegan a los mil 800 córdobas mensuales.
Todos lamentan que exista una escuela en Diriamba que tiene fama de subutilizada, aunque todas las semanas su director Milton Cuadra, junto a entrenadores que trabajan de gratis, suda su camiseta atendiendo a 285 niños, de ellos 30 mujercitas, durante los últimos tres meses.
“Si tuviéramos una escuela como esa aquí, ya hubiera llegado alguien a Primera División, estos chavalos mueven la pelota, pero no tienen noción de las técnicas”, asegura Molina. Cuadra responde que “el proyecto de esta escuela está pensado para reproducirse en toda Nicaragua, pero por algo se tenía que empezar, de decidió Diriamba por ser la cuna del fútbol nacional y este sitio porque era el único disponible en las cercanías a la ciudad... pero vienen muchachos interesados de otros municipios”.
Lo difícil es llegar, algo que para un caraceño no significaría ningún problema con un poco de voluntad. Aunque sí es un imposible para los muchachos de la Dupla, que ya ni tienen edad para dedicarse al fútbol. 
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