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DOMINGO 10 DE NOVIEMBRE DEL 2002 / EDICION No. 22908 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Los misterios luminosos

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.El Rosario fue simplificado en 1521 por el dominico Alberto da Castello, quien escogió 15 pasajes evangélicos de meditación en los que se hacía referencia a la jaculatoria al final de las avemarías.
.El papa Juan Pablo II convocó la celebración del “Año del Rosario”, que va desde octubre de 2002 a octubre de 2003

El Arcángel Gabriel anuncia a María que tendrá un hijo por obra y gracia del Espíritu Santo. Este misterio es conocido como La Anunciación.

 

Ricardo Cuadra García
ricardo.cuadra@laprensa.com.ni

Al celebrar los 24 años de su pontificado, el papa Juan Pablo II anunció dos gestos simbólicos: la proclamación del Año del Rosario y la publicación de una carta apostólica dedicada a esta bella oración.

En su nueva carta apostólica que lleva por título “Rosarium Virginis Mariae” (“El Rosario de la Virgen María”), el Pontífice presenta la oración mariana —si se reza “con devoción y no mecánicamente”— como una “meditación de los misterios de la vida y de la obra de Cristo”.

“Al repetir la invocación del ‘Avemaría’, podemos profundizar en los acontecimientos esenciales de la misión del Hijo de Dios sobre la tierra, que nos han sido transmitidos por el Evangelio y por la Tradición”, explicó.

En los quince misterios del Rosario que hasta ahora se rezaban no se contemplaban los grandes acontecimientos de la vida pública de Cristo, en la nueva carta el Vicario de Roma añadió otros cinco misterios y los llama “Misterios de la Luz”.

MOMENTOS DE LA VIDA PÚBICA DE JESÚS

Estos nuevos misterios comprenden los momentos de la vida de Jesús que van desde el Bautismo en el Jordán hasta el inicio de la Pasión. “¿Hay acaso un medio más adecuado que el Rosario para la exigente, pero extraordinariamente rica tarea de contemplar el rostro de Cristo con María?”, preguntó el Papa a fieles, cuando leía su carta apostólica.

Además de agregar los nuevos misterios, el Papa —y para reforzar su propuesta— convocó la celebración del “Año del Rosario”, que va desde octubre de 2002 a octubre de 2003.

De esta manera Juan Pablo II celebra tres momentos significativos: los 25 años de su pontificado; el 120 aniversario de la encíclica “Supremi Apostolatus Officio” del Papa León XIII, quien comenzó una serie de documentos sobre el Rosario; y el apéndice del Año Santo de 2000.

“En la historia de los grandes Jubileos existía la buena costumbre de que, después del año jubilar dedicado a Cristo y a la obra de la Redención, fuera proclamado uno en honor de María, como queriendo implorar de ella la ayuda para hacer fructificar las gracias recibidas”, expresa Juan Pablo II.

Hasta hace poco, esta oración constaba de quince misterios (cada día se contemplan cinco misterios, y en cada uno se rezaban diez avemarías) en los cuales faltaban momentos decisivos de la vida de Cristo. En el nuevo documento, Juan Pablo II presenta el enunciado de cada uno de los cinco “Misterios Luminosos”, sobre la vida pública de Jesús:

1. El Bautismo en el Jordán;

2. La auto revelación de Jesús en las bodas de Caná;

3. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión;

4. La Transfiguración;

5. La institución de la Eucaristía.

¿CUÁNDO SURGIÓ EL REZO DEL ROSARIO?

La pregunta no es fácil de responder. En general se considera que el “creador” del Rosario es Santo Domingo de Guzmán (1170- 1221), fundador de la Orden de Frailes Predicadores, los dominicos.

Un teólogo de su misma Orden, el padre Ennio Staid, uno de los máximos expertos en la materia, explica a Zenit que desde el punto de vista histórico esta atribución no es exacta.

El Salterio de María está documentado antes de que lo promoviera el santo español; ahora bien, Santo Domingo y los dominicos fueron los grandes promotores.

Según las fuentes facilitadas a Zenit por el padre Staid, los momentos históricos del desarrollo del Rosario tuvieron lugar entre los siglos XII y XV.

Al inicio del siglo XII se difundió en Occidente la práctica del rezo del Avemaría. El anuncio del Ángel a María, presentado en el Evangelio, constituía hasta el siglo VII la antífona del Ofertorio del cuarto domingo de Adviento, domingo que tenía un significado particularmente mariano.

Sin embargo, sólo se recitaba la parte del “Avemaría” en la que se recuerda este pasaje y la bendición de Isabel. El nombre de Jesús y la segunda parte —el “Santa María”— fueron introducidos hacia finales del siglo XV, en torno al año 1483.

En un primer momento, la recitación del saludo a María no implicaba la contemplación de los misterios de la vida de Cristo. Entre 1410 y 1439 Domingo de Prusia, cartujo de Colonia, propuso a los fieles una forma de Salterio mariano, en el que sólo había 50 Avemarías, pero cada uno de los Avemarías era seguido por una alusión verbal a un pasaje evangélico, como una jaculatoria final.

El ejemplo del cartujo tuvo gran éxito en el siglo XV, y de este modo proliferaron muchos salterios de este tipo. Las referencias finales al Evangelio fueron sumamente numerosas, hasta llegar a unas 300, según las regiones y las devociones más queridas.

El dominico Alano de la Roche (1428- 1478) desempeñó una gran labor en la promoción del salterio mariano, que en ese período comenzó a llamarse “Rosario de la Bienaventurada Virgen María”, en particular gracias a su predicación y a las confraternidades marianas que fundó.

El Rosario fue simplificado en 1521 por el dominico Alberto da Castello, que escogió 15 pasajes evangélicos de meditación en los que se hacía referencia en la jaculatoria al final de las Avemarías.

El papa Pío V (santo), cuyo pontificado tuvo lugar entre 1566 y 1572, instituyó con la bula “Consueverunt Romani Pontifices”, la esencia de la configuración del Rosario.

LOS NUEVOS MISTERIOS

Misterio de luz es ante todo el Bautismo en el Jordán. En él, mientras Cristo, como inocente que se hace “pecado” por nosotros (2 Co. 5, 21), entra en el agua del río, el cielo se abre y la voz del Padre lo proclama Hijo predilecto (Mt. 3, 17 par.), y el Espíritu desciende sobre Él para investirlo de la misión que le espera.

Misterio de luz —añade la carta— es el comienzo de los signos en Caná (Jn. 2, 1-12), cuando Cristo, transformando el agua en vino, abre el corazón de los discípulos a la fe gracias a la intervención de María, la primera creyente.

Misterio de luz es la predicación con la cual Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión (Mc. 1, 15), perdonando los pecados de quien se acerca a Él con humilde fe (Mc. 2. 3-13; Lc. 47-48), iniciando así el ministerio de misericordia que Él continuará ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación confiado a la Iglesia, sigue aclarando.

Misterio de luz por excelencia es la Transfiguración —subraya al explicar el cuarto misterio añadido—, que según la tradición tuvo lugar en el Monte Tabor. La gloria de la Divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles extasiados para que lo escuchen.

Misterio de luz es, por fin, la institución de la Eucaristía, en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad hasta el extremo (Jn. 13, 1) y por cuya salvación se ofrecerá en sacrificio.

(Fuentes: AP, Zenit.org)  
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