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VIERNES 8 DE NOVIEMBRE DEL 2002 / EDICION No. 22906 / ACTUALIZADA 02:30am
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El Día del Bibliotecario

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.Son los que preservan nuestra cultura escrita

Las bibliotecas, refugio de las palabras impresas, aguardan en silencio la llegada de sus visitantes.

 

Mario Arce Solórzano
Especial para LA PRENSA
revista@laprensa.com.ni

Antes del bibliotecario y del desarrollo de las ciencias bibliotecológicas surgieron las bibliotecas, y antes de éstas los libros y antes de éstos los documentos en arcilla, en otras ocasiones en piedra, en cuero de animales, en pergamino, etc., y antes de éstos la información y antes de ésta la escritura y antes de ésta estaba la Palabra y el poder de la Palabra realizó divinamente una biblioteca: la Biblia, y ésta a su vez fue el primer impreso que inauguró el invento de Juan Gutenberg.

Es pues, la suma de tantos conocimientos, descubrimientos y estudios lo que ha hecho de los bibliotecarios, verdaderos sabios, como los de la Biblioteca de Asurbanipal o los organizadores de las bibliotecas de Alejandría que preservaron de las manos de los bárbaros, colecciones de libros que no pisaron los cascos de sus caballos ni quemaron las llamas incendiarias de sus conquistas.

Hoy, que el conocimiento corre en la gran vía del Internet y la biblioteca virtual amenaza a la biblioteca real, también hay hombres y mujeres que desde su vocación de bibliotecarios y bibliotecarias, son portadores de una sabiduría que emana desde sus centros de trabajo e irradia todos los ámbitos de la ciencia y el conocimiento humano; y en nuestro suelo patrio se fortalece la democracia con el aporte del binomio: bibliotecas – bibliotecarios.

La sabiduría de nuestros bibliotecarios no es salomónica, más bien se podría definir como sabiduría asistida, compartida y solidaria con aquel que anda necesitado de información.

Por tales razones, es bueno recordarle a la sociedad en general, que el bibliotecario es un digno servidor de sus necesidades de información y que como agente de cambio honra y enaltece los principales valores culturales, literarios, educativos, sociales, democráticos, político-económicos y productivos que predominan en nuestra cultura colectiva.

Y que estos hombres y mujeres desde sus bibliotecas y centros de trabajo, ejercen un compromiso solidario con los usuarios de todo tipo y en su campo, la solidaridad y el humanismo los acompaña desde sus funciones sociales, y al estar al servicio permanente de la sociedad, honran al prójimo a través de su vocación y de los dones y talentos que diariamente cultivan en beneficio de los demás como un fertilizante de sabiduría.

Por ley o decreto oficial de nuestra república nunca ha habido un respaldo que dignifique jurídicamente el Día del Bibliotecario Nicaragüense y desde la década de los años 60, se celebraba el Día del Bibliotecario, los 23 de abril de cada año, que a su vez sigue siendo el Día Internacional del Libro, dedicación que apunta a Don Miguel de Cervantes.

El 8 de noviembre fue denominado de hecho como Día del Bibliotecario, que es un legado de la generación de los años 80, en memoria de Carlos Fonseca Amador: estudiante y lector de excelentes notas y que se desempeñó brevemente como bibliotecario en la Biblioteca del Instituto “Miguel Ramírez Goyena”. Bibliotecari@s, en su día, ¡Felicidades!

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