Mi querido Jack
Arquímedes González arquimedes.gonzalez@laprensa.com.ni
Así que Jack de nuevo es noticia. Patricia Cornwell, escritora de novela policíaca de Estados Unidos, invirtió varios meses y más de seis millones de dólares para asegurar que el famoso asesino en serie de Londres, era nada más y nada menos que el pintor Walter Richard Sickert (1860-1942) quien en sus obras muestra una fascinación por lo grotesco.
Jack El destripador es el mítico asesino que aterrorizó el Londres de 1888 cometiendo los crímenes más brutales conocidos en el mundo moderno de la prostitución y nunca fue identificado ni capturado.
Cornwell en su nuevo libro “Retrato de un asesino: Jack el destripador, caso cerrado”, explica que el ADN del “destripador” podría coincidir con el de Sickert. Es una comparación difícil, dado que Sickert murió en 1942 y su cuerpo fue incinerado, sin dejar más muestra de su ADN que aquellos sobres que había chupado para sellarlos.
Según examina la autora, algunos de estos rastros de saliva pueden asemejarse a los dejados por Jack el destripador en su correspondencia con la policía.
Pero antes han desfilado otros sospechosos, hasta altas personalidades de la sociedad inglesa. El año pasado, algunos investigadores encontraron el supuesto diario de vida del asesino, cuyo verdadero nombre habría sido James Maybrick, un comerciante de algodón de la ciudad de Liverpool.
Hace cuatro años, dos investigadores de Scotland Yard aseguraron que el hombre era Frances Tumblety quien huyó a Norteamérica después de cometidos los siete crímenes en el poblado de Wthitechapel.
Pero hoy biógrafos califican de errada y obsesiva la investigación de la autora considerada una de las reinas de los best sellers de misterio y autora de libros como “Causa de muerte” y “El avispero”.
No sólo compró y rompió algunas de sus pinturas para someterlas a análisis, también adquirió sus cartas e incluso su escritorio, visitó los lugares de los crímenes y realizó un profundo perfil físico y sicológico del pintor.
Según Cornwell, otra de las pruebas incriminatorias es una serie de oscuros cuadros pintados 20 años después de los crímenes. En uno de ellos, por ejemplo, se ve a una mujer con un collar de perlas en una postura que, en opinión de Cornwell, es idéntica a la que guardaba Mary Kelly, una de las víctimas del famoso destripador, cuando fue hallada muerta. Y en otro cuadro, pintó la cara de una mujer mutilada, con unas heridas muy similares a las que Jack el destripador le ocasionó a otra víctima, Catherine Eddowes.
La autora de “El último recurso”, quien en su juventud fue analista forense y ha estudiado largamente el comportamiento de los asesinos en serie, señaló que Sickert tenía un perfil sicológico similar al de muchos criminales. Tuvo una infancia difícil y su padre era un hombre abusivo. Además, debido a un problema físico era infértil y tenía una disfunción sexual severa.
Lo cierto es que las únicas pruebas que Cornwell tiene en estos momentos contra Sickert son puramente circunstanciales. Por ejemplo: el pintor tenía 28 años cuando Jack el destripador comenzó a matar y, los estudios demuestran que la mayoría de asesinos en serie llevan a cabo su primer crimen entre los 25 y los 30 años.
Como sea, si murió en Nicaragua o Estados Unidos, pintor o médico, Jack, será siempre un misterio. 
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