Ante el desafío de la globalización
Marco A. Mayorga L
El costo de ser formal es demasiado elevado; el tiempo y complicaciones de trámites son exagerados; algunos impuestos son altos; y existe descoordinación en el Estado y alcaldías. Esto ha creado un mercado informal (en todo el país y en todos lados) demasiado grande que abarca todos los sectores del comercio. En el comercio informal se venden artículos que ingresan legalmente, de contrabando, de subfacturación; de robo de furgones, nacional y de Centroamérica; y de lavado de dinero. Es tan grande y crece que se ha vuelto una necesidad y al mismo tiempo una causa o círculo vicioso de la pobreza.
Es obvio que más de la mitad de las transacciones compra-venta de Nicaragua son informales o debajo de la mesa. Y que las estadísticas de Nicaragua no son creíbles. Existe una economía fuera de la estadística y de datos macroeconómicos oficiales.
Pero, ¿a quién beneficia esta situación? Salvo a pocos empresarios y políticos, a nadie más. Pero manejan bien la parte sensible y la necesidad de empleo a cualquier costo, logrando que los medios de comunicación reporten como una amenaza cualquier solución. Por lo que la solución se ha politizado y es temida para cualquiera con buenas intenciones de solución; pues siempre hay algún político populista que aprovecha esa situación para proselitismo. Y continuamos con las distorsiones e irregularidades del mercado, que son una amenaza a la paz social, al desarrollo socioeconómico y el sostenimiento de la economía formal. También es un obstáculo a la inversión que genera empleo digno y productivo, pues es complicado y riesgoso trabajar en una economía distorsionada por la informalidad, como la que actualmente tenemos en Nicaragua.
El gobierno tiene la dura y difícil tarea de regular, ordenar y disciplinar la economía y el mercado; y el objetivo y buen comienzo siempre es el comercio formal. No importa si la empresa es pequeña o grande. Es importante ser ordenado desde pequeño para crecer sanamente, ser competitivo y tener estabilidad en el mercado. Las leyes y regulaciones deben asegurar sostenimiento rentable de empresas pequeñas, medianas y/o grandes. No existe país desarrollado con economía informal de gran peso. Informalidad es sinónimo de pobreza, atraso y obstáculo al progreso. El principal obstáculo es la mentalidad de ver la informalidad como una necesidad social. Mentalidad de aceptar ser siempre pobres como condición. Rechazo al cambio. Actitud antiprogreso y anti-“sí puedo”.
No sólo es un esfuerzo del Estado, sino que debe haber una voluntad del comerciante que se origina de poder interpretar la necesidad y aceptación de cambiar. Cambiar para asegurar su desarrollo, para superar su vulnerabilidad y también evitar salir del negocio por la amenaza de la competencia. Y no hay tiempo de esperar. Los comerciantes deben de iniciar transformaciones lo antes posible, pronto será tarde.
Pronto la regionalización y globalización se afianzarán; no habrán causas impositivas que alienten contrabando; el lavado de dinero será perseguido con más eficiencia y control; la unión aduanera permitirá mejor control en las pocas fronteras; los tratados de libre comercio y la necesidad de empleo digno y productivo atraerán a los grandes almacenes y los consumidores, todos los nicaragüenses, tendrán la oportunidad de comprar productos de calidad y precio mundial. Y el Estado colectará mas impuestos.
Simplemente, los comercios e industrias que no han cambiado y que funcionan en el desorden o en la ineficiencia, no serán aceptados por los consumidores; bajarán sus ventas hasta cambiar o cerrar.
Esto obedece principalmente a presión del consumidor, pues la globalización de la información permite exigir productos a calidad y precio; y no es promovido por gobiernos o sectores empresariales. En esta realidad el que no esté listo, simplemente va a desaparecer.
La realidad y dificultad del comercio informal no debe de impedir ver la amenaza. Es simple, si el comercio informal no coopera con la autoridad en ordenar el comercio y no realizan los cambios que permitan contar con un sector comercial ordenado, organizado y adaptado a las exigencias de los consumidores (seguridad, orden, limpieza y atractivo), definitivamente habrá muchos lamentos y arrepentimientos. Y cuando descubramos que los clientes les compran a otros, será demasiado tarde.
El autor es ex presidente de la Cámara de Comercio de Nicaragua 
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