¿Qué regalarle a mamá?
Lilliam Marenco Leal lideconi@ibw.com.ni
Cuando era una niña me resultaba muy sencillo decidirme por un regalo para mi mamá, por dos motivos: primero, no entendía la limitante del dinero porque no conocía el valor del trabajo y de los objetos; en segundo lugar porque como todo infante copiaba los patrones de las personas que me rodeaban, por eso siempre le regalaba a mamá, aún cuando aportaba mis ahorros, algo para la cocina, la casa o el carro.
Finalmente, me di cuenta del error que cometía cuando ella me hizo sentir en carne propia lo que sintió por tantos años, fue el día en que me regaló de cumpleaños un juego de ropa de cama, y por si fuera poco en Navidad repitió con un espejo enorme de pared y después de la promoción un gran librero para mi cuarto; evidentemente mis regalos hacia ella nunca más fueron los mismos de antes.
Sin embargo, el asunto no mejoró, sino que empeoró tanto más que antes ya que siendo mayor de edad y con recursos propios me enfrento al estresante mercado de consumo de hoy día, más agresivo y desleal que el de años pasados y cuya influencia ha hecho de nosotras, que administramos el presupuesto familiar, personas consumistas de lo actual, lo moderno y de clase desarrollando el síndrome “todos tienen y por eso yo también debo tenerlo”.
El Día de la Madre como otros días festivos, es una gran carrera por satisfacer deseos y no por cubrir necesidades, ¡los regalos más grandes y más caros son los mejores!, según la publicidad eso nos permite adquirir el agrado y aprobación de mamá, enarbolando la bandera del consumo ilimitado y desechable.
En este punto caemos en otra trampa, nos endeudamos hasta la coronilla con los bancos, tarjetas de crédito y débito, usureros y toda clase de casa comercial que ofrezca la salvadora “facilidad de pago”, todo en pretexto de conmemorar el Día de la Madre, ya que cuando compramos algo fue porque lo vimos en los medios publicitarios sin analizar sus propiedades reales y nunca pensamos si es realmente útil el consumo del mismo. La publicidad nunca muestra una mujer trabajadora sola con cinco hijos, dueña de casa viviendo en un barrio marginal. La pobreza, con sus olores y sabores, no existe en los avisos publicitarios.
Es evidente que no podemos dejar de consumir, pero podemos en nuestros actos avanzar hacia un consumo sustentable y antes de comprar hacerse algunas preguntas como: ¿es necesario realmente el producto que voy a comprar?, ¿es de buena calidad?, ¿cómo me doy cuenta de ello?, ¿es posible repararlo, reutilizarlo o reciclarlo?, ¿produce algún daño a la salud? ,¿hay garantía?, ¿puede compartirse con otras personas?, ¿he elegido el producto que menos daño hace al medio ambiente?
Entonces, nos damos cuenta que en realidad lo que siempre hacemos es salir del paso y aunque mamá siempre va a estar contenta de lo que le demos, hay que pensar un poco más en lo que realmente le gustaría adquirir, ya que el discernimiento sobre el valor de las cosas lo da la experiencia, y estoy segura de que se va a sorprender de la respuesta que ella puede dar. Y si hoy 30 de mayo no puede darle el regalo más grande y más caro, no se preocupe, recuerde que todos los días deben de ser día de las madres, porque la queremos todos los días del año. Felicidades a todas.
La autora es responsable de Educación de la Liga de Defensa del Consumidor. 
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