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JUEVES 30 DE MAYO DEL 2002 / EDICION No. 22744 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Albergues mitigan pobreza de afectados

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.En los refugios del Modesto Armijo y el Azul y Blanco hay unas 350 personas que ayer recibieron alimentos, ropa y atención médica

Los niños hacen fila para que les den una pieza de ropa en el albergue del Modesto Armijo.

 

Amalia Morales
amalia.morales@laprensa.com.ni

Más que unas pocas mudadas de sus dos hijos, Eveling Vanegas, no tuvo enseres que sacar el día en que la lluvia le llegó a las rodillas.

Por eso, cuando los de la Alcaldía fueron a sacar a la gente de las casas inundadas del asentamiento “Hugo Chávez”, al fondo de Unidad de Propósitos, Vanegas salió con lo único valioso que tiene, sus dos hijos.

El pasado martes, las autoridades capitalinas evacuaron a 233 personas del asentamiento “Hugo Chávez”, que resultaron afectadas por el desborde de un cauce, rebalsado a consecuencia de las lluvias.

Vanegas de 17 años, quien se gana la vida planchando y lavando ropa ajena, se llevó también un pequeño motete de ropa de tierno, que ocupa de respaldo en el aula del colegio Modesto Armijo, donde se refugia desde hace dos días.

“No tenía nada que sacar. La casita mía es de zinc, pero está malísimo”, afirmó y refirió que su casa estaba al borde del cauce.

POR EL SUELO

Ayer Vanegas y sus dos hijos, Eveling, la mayor de año y medio, y José Isaías, de seis meses, amanecieron en otro suelo, a unos dos kilómetros de su casa.

Sus dos hijos, con otros niños, sobre una colchoneta puesta en el suelo. Y ella, que en su casa no tenía mayor comodidad que estirar las piernas en cartones, durmió sentada en el puro piso, recostada a la pared con el resto de los adultos, casi todas mujeres.

Los responsables del albergue del Modesto Armijo dijeron que ropa de cama y colchonetas en qué dormir es una de las mayores necesidades que ahí tienen.

A la lista de cosas que faltan sumaron papel higiénico, desinfectantes para el piso, y medicinas para niños.

PUESTO MEDICO IMPROVISADO

El personal del centro de salud Silvia Ferrufino improvisó un puesto médico en el colegio, en el que atendió a niños y adultos y proveyó de remedios para la “emergencia”, según explicó su directora Lidiette Martínez.

Martínez detalló que el botiquín para emergencia contiene antibióticos para problemas respiratorios, suero oral para rehidratar, antimicóticos para males en la piel y medicamentos contra las fiebres y la conjuntivitis.

Los remedios para enfermedades de la piel y las respiratorias fueron los de mayor demanda ayer, entre los refugiados.

En los albergues mucha gente anda descalza y la mayoría se baña a orillas de los grifos que están al aire libre.

Martínez dijo que sólo un caso de conjuntivitis —lagrimeo de los ojos— se había presentado en ese refugio y en el Azul y Blanco, donde guarecen 112 personas del asentamiento Laberinto, ubicado sobre la carretera norte.

PMA AL RESCATE

La alimentación de los refugiados corrió desde el primer día por cuenta de instituciones como el Ministerio de la Familia (Mifamilia) y donaciones de empresas privadas.

El Programa Mundial de Alimentos, PMA, suministró ayer 5.7 toneladas métricas de alimentos, compuestos por aceite vegetal, arroz, cereal (maíz, sorgo y leche) arvejas y pescado enlatado, según informó su oficina de prensa.

Esa asistencia alimentaria es suficiente para cubrir por siete días a casi 330 personas.

LABERINTO EMBEBIDO

Orfilia Altamirano refugiada en el Azul y Blanco, agradeció el apoyo recibido.

“Es la primera vez en tres años que nos vuelven a ver”, afirmó.

Altamirano contó que por tres años consecutivos ese asentamiento, ubicado detrás de residencial de la Zona Franca, se ha inundado.

“Es que el desagüe de los chinos va a dar donde nosotros”, se quejó Altamirano, quien pidió a las autoridades tomar nota para evitar que la historia se repita.

“En las casas dejamos a los hombres”, apuntó Altamirano. A los refugios sólo se fueron las mujeres y los niños. Estos últimos constituyen casi la mitad de la población refugiada.

A pesar que algunos tienen comida segura, que no siempre tienen en sus casas, los refugiados sólo esperan que el mal tiempo pase para reconstruir sus ranchos. Para esa tarea, desde ya están requiriendo ayuda.  
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