El nuevo presidente colombiano
Alvaro Uribe Vélez, de 49 años de edad, es el presidente electo de Colombia. El domingo pasado, en un ambiente de tensión creado por las guerrillas de la FARC que se oponen a las elecciones, más de diez millones y medio de colombianos acudieron a las urnas a ejercer su derecho al voto. El electorado habló claro, y en una sola vuelta eligió como presidente, con el 53.04 por ciento de los votos, a un candidato que hace apenas un año tenía sólo un 5 por ciento de la intención de voto. Es más; era un candidato que ni siquiera tenía partido. Uribe es un disidente del Partido Liberal que, para participar en las elecciones, tuvo que formar el movimiento conocido como “Primero Colombia” que este domingo lo llevó al poder. Su más cercano contrincante fue Horacio Serpa, candidato del Partido Liberal, que obtuvo el 31.72 por ciento de los votos. El Partido Conservador, al cual pertenece el presidente saliente, Andrés Pastrana, casi desapareció de la escena política.
¿A qué se debió el espectacular triunfo de Uribe? La razón principal, sin lugar a dudas, fue su promesa de poner mano dura con las FARC, la guerrilla comunista que ha ensangrentado Colombia por varias décadas. Uribe le ofreció al pueblo colombiano reestablecer la ley y el orden, y éste aceptó su propuesta. Sin embargo, en su primer discurso a la nación después de haber sido electo presidente, Uribe hizo un llamado a los grupos armados a que silencien las armas y a que se sienten a negociar para encontrar el camino de la paz. Dijo que empezaría a trabajar de inmediato para lograr una mediación internacional con un mandato preciso: la consecución de la paz.
Algunas personas temen que Uribe pueda caer en la trampa de las negociaciones interminables con las FARC, que hasta el día de hoy no han dado ningún resultado positivo. Pero quienes lo conocen de cerca, como el periodista y escritor colombiano Plinio Apuleyo Mendoza, no creen que eso llegue a suceder. Dice Mendoza: “A Uribe creo conocerlo bien y, al revés de lo que sucede con los miembros de la clase política, tiene un rasgo algo exótico en nuestro mundo: dice lo que piensa y hace lo que dice”. Y agrega: “Uribe es algo por desgracia raro en América Latina: un hombre serio”.
Entre sus promesas de campaña están las siguientes: eliminar el servicio militar obligatorio y crear un ejército profesional de 100,000 soldados. Crear una red de informantes de un millón de personas para luchar contra las actividades terroristas. Por estas razones, sus enemigos políticos lo acusan de guerrerista, pero el pueblo colombiano piensa diferente de él y lo ve como una persona que tiene las metas claras y voluntad política para cumplir lo prometido.
Muy difícilmente puede alguien con cierto grado de sensatez oponerse a la toma de medidas enérgicas en la lucha contra el terrorismo de las guerrillas comunistas y de los grupos paramilitares. Son décadas de terror, secuestros y asesinatos que el pueblo ha tenido que sufrir. En el 2001, Colombia tuvo la tasa más alta de secuestros del mundo; 15,621 personas fueron plagiadas entre enero de 1997 y abril del 2002. Unas 3,100 personas permanecen cautivas. El presidente Pastrana no pudo haber mostrado mejor voluntad en su decisión para negociar el fin de la violencia con las FARC, pero lo único que éstas hicieron fue aprovecharse de esa buena voluntad para fortalecerse y seguir matando.
Uribe supo interpretar el sentimiento de frustración de la mayoría de los colombianos. Desde el inicio de su campaña fue claro y firme en su promesa de luchar contra los que están al margen de la ley, y no varió su discurso a través de toda la campaña, muy a diferencia de otros candidatos que sí lo hicieron de acuerdo a lo que reflejaban las encuestas y las circunstancias políticas del momento.
Los colombianos aspiran a trabajar y a vivir en paz bajo un Estado Democrático de Derecho. Uribe les ha prometido eso y tiene la obligación de cumplir. Ojalá que la comunidad internacional entienda el anhelo de los colombianos y le brinde un apoyo decidido al nuevo presidente. 
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