¿País o botín?
Róger Castillo Palma
Uno de los males que aquejan a Nicaragua desde tiempos inmemoriales es la práctica sostenida de la corrupción de algunos funcionarios de Gobierno.
La mentalidad de que el país es un botín al que hay que saquear, ha prevalecido desde mucho antes que la nación entrara a su era Republicana.
En la época contemporánea, la dictadura somocista es el más representativo de los gobiernos corruptos, ya que durante más de cuarenta años la familia Somoza y sus adláteres se enriquecieron a la sombra del poder.
Sin embargo, en los años 80, la historia se repite, pues teniendo como buena excusa la “guerra de agresión”, el Gobierno sandinista persiguió a la empresa privada, despojando de sus bienes a somocistas y no somocistas.
Los actos de corrupción de los Gobiernos antes mencionados se minimizaron, porque existió falta de libertad de expresión y además se escudaban en el poder de la represión y de las armas.
En los noventa, se retorna al Sistema Democrático con el Gobierno de la señora Chamorro, y aún aquí se dieron actos de corrupción de algunos funcionarios, aunque en menor escala pero siempre condenables.
En la Administración Alemán estallaron sonados casos de corrupción, los que repercuten a nivel nacional e internacional y actualmente están siendo investigados.
Don Enrique tiene ante sí la oportunidad histórica de combatir la corrupción de las administraciones anteriores y la que se pudiera dar en la suya, fortaleciendo y despartidizando las instituciones, especialmente el Sistema Judicial. 
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