Lech Walesa: ex presidente polaco
“Ahora no hay lugar para los grandes, como yo lo fui”
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 | “Era imposible reformar el comunismo. No servía para la libertad, no compaginaba con las computadoras, con Internet, con la televisión por satélite”, dice el mítico líder del sindicato “Solidaridad”, quien asegura en esta entrevista que la caída del comunismo en Polonia se debió en “más del 50 por ciento al Papa, 30 por ciento a Lech Walesa y a ‘Solidaridad’,
y el resto, a otras cosas” |
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Alberto L. Alemán alberto.aleman@laprensa.com.ni
GDANSK, POLONIA.— Lech Walesa es una de la más grandes paradojas de la historia. Como líder legendario de “Solidaridad”, el primer sindicato independiente del bloque comunista, era la perfecta encarnación de la revolución proletaria propugnada por Carlos Marx.
Como obrero, dirigía la lucha de sus compañeros de clase contra la clase explotadora en su patria, Polonia, que no era otra que los comunistas mismos, impuestos a la fuerza por Moscú.
Walesa, según reconocen sus ex asesores en los años de la lucha contra el régimen totalitario, es más un hombre de instintos y de un inigualable olfato político, que un intelectual. Sus expresiones están llenas de metáforas vívidas, de analogías singulares. Pero nadie le igualó jamás en su manera de hablar con el pueblo y en convencerlo a rebelarse contra la opresión.
Junto a Juan Pablo II, Mijaíl Gorbachov, Ronald Reagan y otros grandes líderes, ocupa un lugar destacado en la historia del siglo XX. Al frente de “Solidaridad”, hizo una inmensa contribución para desmontar el sistema comunista en Europa.
Nuestra conversación tuvo lugar en su modesta oficina temporal en un edificio del ayuntamiento de esta ciudad del Báltico (su oficina permanente estaba siendo remodelada), apenas a unos 500 metros de los Astilleros de Gdansk, donde su movimiento nació.
Con buen humor, se me presenta tras hacerlo yo, como si no supiese quien es. Casi al final de la entrevista, me dice, al preguntarle sobre sus hijos, que los ha tenido su mujer, Danuta, y no él.
Mira con frecuencia a los ojos, pero no mantiene la mirada por mucho tiempo, gesticula profusamente y su hablar está lleno de inflexiones variadas. Sabe que es uno de los grandes del mundo y lo transmite, pero a la vez, reconoce la importancia que otros, como Karol Wojtyla, tienen.
No está muy activo últimamente en la política.
“Estuve al frente de una gran reforma, al frente de ‘Solidaridad’. Este movimiento terminó con el sistema comunista. Llevé a la vida grandes procesos, los impulsé, pero mi obligación básica era la democracia. Ante esto, mi papel no puede ser el de un dictador, de jefe de la revolución; mi papel está dentro de la democracia, la revolución acabó. Me convertí en presidente, realicé lo que se pudo hacer. El país construye la democracia y cambia su economía, y en este sistema, un lugar para los grandes como yo lo fui, no hay.”
Ud. es crítico de los partidos que gobiernan, provenientes del ex comunismo.
“Sí señor, así es. Es malo que estos partidos hayan llegado al poder, pero tenemos una democracia. La respeto. Naturalmente como un luchador quisiera que las cosas fueran diferentes, que la gente tuviese una mejor memoria, que la nación no eligiese a estos que llevaron (a Polonia) a un crack económico. Pero esa fue la elección de la democracia.”
A 22 años del nacimiento de “Solidaridad”, ¿cuál es su balance muy personal de todo lo que pasó? ¿Qué salió bien? ¿Qué cosas no?
“Mi generación tenía sus tareas. Lo primero era organizar al mayor número de personas para vencer al comunismo. La primera tarea la hicimos pacíficamente; con Solidaridad vencimos al sistema comunista. Después de esto, viene la segunda tarea: desencadenar los procesos (de cambio), construir un nuevo sistema y en esto estamos.
“Mi papel fue éste: edificar la unidad, crear divisiones para que hubiese pluralismo, democracia en el nuevo sistema, y en tercer lugar, esforzarme por unir adecuadamente después de la división. Es decir: unidad, división, unificación.
“Mi balance, según (esta) lógica, es muy grande. En la práctica, cuando alguien ve este modelo, puede decir: ‘En un tiempo tenía trabajo, ahora no’. Este proceso afectó a casi todos. Por eso, muchas personas están descontentas.
“La generación de la gran revolución, en cada revolución, solamente paga el costo del cambio. No son sino las siguientes generaciones las que demuestran si tuvo razón o no. La revolución comunista resultó ser mala, un error. La cuestión es si la revolución que echó abajo al comunismo resultará ser correcta o no. He ahí la pregunta. Estoy convencido de que fue correcta, pero con terribles costos. Pero, ¿se puede hacer de otro modo?”
Algunos líderes comunistas aseguran que cuando “Solidaridad” nació en 1980, sus exigencias no llegaban hasta el fin del sistema.
“No señor, no es verdad. El sistema comunista no pasó la prueba. No hay un solo país en donde haya dado resultados. Este sistema es malo, limitaba la libertad. En ciertas condiciones, este sistema pasaba el examen cuando había un trabajo muy simple, vea, digamos, agarrar una pala y excavar un metro de tierra. Cada uno tiene que excavar cien metros, y si no, lo fusilo. Y por el miedo, lo hará.
“El sistema comunista no sirve para el siglo XXI, porque limita las posibilidades y por eso salió derrotado, no servía para este desarrollo (vertiginoso actual); no servía para la libertad, no compaginaba con las computadoras, con Internet, con la televisión por satélite.
La pregunta era: “¿Cómo salir de él?” No sé si el capitalismo es bueno, a mí (ciertas cosas) no me gustan también, pero éste se desarrolla más rápido, mejor, e incluso da más al obrero. Y por ahora no hay un tercer sistema”.
Cuando Mijaíl Gorbachov empezó a promover la política de la renovación o perestroika en 1985, ¿qué pensó “Solidaridad”?
“Antes de que Gorbachov empezase a hacer cualquier cosa, yo ya había sido encarcelado, ya existía “Solidaridad”. Gorbachov se unió bastante tarde (a estos movimientos de cambio). ¿Qué proponía él? La remodelación del comunismo. Por eso lo eligieron como primer secretario (soviético). Quiso reformar el comunismo y el sistema era imposible de reformar. Y Gorbachov lo creyó y hasta ahora lo cree. No pudo remodelarlo y se convirtió en el causante de su caída. Pero no lo quería. A mí él me cae muy bien, pero Gorbachov hasta hoy cree en la posibilidad de reformar el sistema, yo no”.
“Solidaridad” fue decisivo para cambiar el sistema político en Polonia y en Europa del Este. Pero, ¿no considera Ud. que sin la venia de la Unión Soviética habría sido imposible?
“Aquí todo se desmoronaba. Occidente no quería ya prestar dinero. Cuando luchábamos (en los años 80) ya el avance técnico iba tan lejos que si hubiesen querido conservar el comunismo, deberían haber usado la censura, no permitir Internet, los teléfonos celulares. Gorbachov y otros hubieran tenido que agrandar la policía política, poner un policía en cada casa para que Ud. no llamara a Estados Unidos sino a Rusia. El comunismo no aguantó el ímpetu del desarrollo.
“Gorbachov era como un chofer —Rusia era un enorme carro—, y conducía cuesta arriba y quería derrotar al capitalismo. Los polacos aumentaron la velocidad del motor, y él se quedaba atrás. Se echó para atrás en su marcha, aunque no nos pasó atropellando, por lo cual merece elogios”.
¿Cuál es el papel del Santo Padre en la historia de su país y el mundo?
“¡Por ahí debimos comenzar! En los años 70, en los años 80, en el tiempo del estado de excepción, dije que acabaríamos con el comunismo. Hablé con los grandes del mundo: presidentes, premieres, reyes. ¿Sabe Ud. que no encontré ninguno de estos políticos que creyera (entonces) en el fin del comunismo? Nos ayudaban, alentaban, pero no creían. No creían. Lo que yo decía, que habrá un fin, lo tomaban y lo metían en sus computadoras, además de otras cosas: agregaban cuántos tanques tiene cada lado, cuántos cohetes y cuál sería el costo del fin del comunismo. Por todos lados había sangre, guerra... ¡Imposible! ¡Los intereses eran tan contrarios que no hay fin del comunismo!
“Y con las cosas así, se acerca el segundo milenio del cristianismo y recibimos un presente del cielo: el Santo Padre. Y pasa algo improbable: cuando (Karol Wojtyla) se convierte en Santo Padre, yo tenía diez hombres para mi lucha, en una nación de 40 millones de personas. Y él viene a Polonia (en 1979) y después de un año, tengo diez millones. La gente no creía en el triunfo, temían, se integraban al sistema; una gran falta de fe. Como creyente sé que esto fue un presente del cielo.
“El papel del Santo Padre es más del 50 por ciento de nuestra victoria. No una conspiración. Era un hecho que nos daba fe, que nos movilizó. Por lo tanto, más del 50 por ciento en nuestro éxito le corresponde al Papa, 30 por ciento a Lech Walesa y a Solidaridad, y el resto, a otras cosas.
“Quien selló nuestro éxito fue Boris Yeltsin, no Gorbachov. Yeltsin probó y logró sacar a Rusia de la Unión Soviética. Si esto no ha sucedido, estos procesos no habrían pasado. Cuando lo logró, los cambios eran ya irreversibles.”
Conoce el libro de Marco Politti y Carl Berstein sobre una especie de “Santa Alianza” entre el Papa y el presidente de EE.UU. Ronald Reagan para acabar con el comunismo.
“Eso no es verdad, no hubo ninguna conspiración. Desde luego hay momentos en que gente diferente en lugares diferentes piensa de una misma manera. Fue la coincidencia de muchas circunstancias, todos creímos en el fin del comunismo.”
El 9 de noviembre de 1989 cae el muro de Berlín. Ese día, el canciller Helmut Kohl estaba de visita en Polonia y tuvo que regresar de inmediato a Alemania. Los líderes polacos se oponían al principio a la reunificación alemana.
“No es cierto. Para nosotros, la unidad alemana era indiscutible. Sin embargo, había distintas concepciones de unidad. Yo propuse que las dos Alemania (la RFA y la RDA, comunista) se unificaran hasta después que nosotros entráramos a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y a la Unión Europea (en ese entonces aún la Comunidad Económica Europea), junto a los checos, los húngaros. No es tal que yo no quería.”
Muchos en la derecha polaca lo acusan de ser responsable de su división y en consecuencia, del hecho de que gobiernen los poscomunistas.
“Ya se lo dije. Construí la unidad, pero cuando derroté al sistema (comunista), tenía que construir la democracia. ¿Y qué quería Ud.? ¿Que sustituyera un monopolio de poder con otro? ¿Cree Ud. que el monopolio de “Solidaridad” hubiese sido mejor que el de los comunistas? ¡No lo crea! Y lo hice con premeditación. Acepto mi responsabilidad.
“¿Cree usted que yo no habría sido capaz de ser un Lenin, un Kim Il Sung, o un Castro, de mantener una unidad? Quien se hubiese opuesto, haría orden con él. Yo sería capaz, pero igual hubiese fracasado, así como ellos.”
“Hijos y dinero nunca es demasiado”
Lech Walesa es un ardiente católico y un incondicional admirador de Karol Wojtyla.
Walesa nació el 29 de septiembre de 1943 en el pueblito de Popowo, durante la plena ocupación nazi de su patria.
Recibió entrenamiento como electricista, y en 1967 comenzó a trabajar en los Astilleros Lenin en la ciudad báltica de Gdansk. Por su involucramiento en las protestas obreras de diciembre de 1970 en el astillero, reprimidas por las autoridades comunistas, fue detenido, luego despedido y se vio obligado a tomar trabajos temporales.
En 1980 se pone al frente de las protestas en los astilleros. El 31 de agosto de ese año es legalizado “Solidaridad”, el primer sindicato independiente del bloque soviético. Los comunistas se ven forzados a reconocer a los trabajadores el derecho a huelga y a negociar sus reivindicaciones.
En diciembre de 1981, al imponer el régimen el Estado de Excepción, Walesa y otras miles de activistas son encarcelados. Disuelto el bloque soviético, Walesa gana abrumadoramente las elecciones presidenciales en 1990.
Su presidencia se caracterizó por numerosos conflictos con los distintos partidos políticos y el Parlamento. Buscó la reelección en 1995, pero fue derrotado por Aleksander Kwasniewski, un poscomunista. En 2000, nuevamente fracasa en su intento de ser elegido otra vez presidente.
Walesa está casado desde 1969 con Danuta Walesowa. Procrearon nueve hijos. Desde su juventud, Walesa ha sido un devoto católico. “Hijos y dinero nunca es demasiado”, aseguró en esta entrevista. Durante su administración como presidente, Walesa impulsó una severa ley contra el aborto.
Bajo su mandato, se impulsó la entrada de Polonia a la OTAN (ya logrado) y a la Unión Europea, objetivos nacionales promovidos por todos los gobiernos polacos desde 1990 hasta ahora. 
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