Controversia - Cuba en el ojo del huracán
La libertad y la independencia de Cuba
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 | La reciente visita del ex presidente Jimmy Carter a Cuba relanzó el asunto de la suspensión del embargo norteamericano y la normalización de las relaciones de Estados Unidos con el gobierno comunista de La Habana. |
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George W. Bush
Hace cien años, Cuba declaró su independencia. Y hace cerca de cincuenta años, casi medio siglo, la independencia de Cuba y sus esperanzas de democracia fueron secuestradas por un dictador brutal que se preocupa todo por su propio poder y nada por el pueblo cubano.
Este país no tiene intenciones en cuanto a la soberanía de Cuba. No tenemos intenciones en cuanto a la soberanía de Cuba. Pero seguiremos apoyando firme y constantemente las aspiraciones de libertad del pueblo cubano. En ningún lugar es ese apoyo más fuerte que aquí mismo en las calles de Miami, en la Florida. El apoyo no vacilará nunca aquí, ni tampoco vacilará en mi corazón. No importa cuánto tiempo lleve después de todo, nosotros aquí en Norteamerica luchamos por la libertad. Amamos la libertad. Amamos lo que la libertad significa. Es la piedra angular de nuestro país y, por lo tanto, no dejaremos nunca de buscar formas de promover la libertad en Cuba.
Recientemente anuncié una iniciativa para una nueva Cuba que le ofrece al Gobierno de Cuba un camino hacia adelante, hacia la democracia y la esperanza y hacia mejores relaciones con Estados Unidos. Cuba sostendrá elecciones para su Asamblea Nacional en 2003. Insto al Gobierno de Cuba a que haga que estas elecciones sean libres, y que sean justas.
Para que sean libres y justas, deben dar a los candidatos de la oposición la libertad de organizar, reunirse y hablar. Deben darles la oportunidad de abrir los medios de comunicación, de modo que puedan hacer llegar su mensaje a la gente. Para que sean libres y justas, deben poner en libertad a todos los presos políticos para que puedan participar en las elecciones.
Para asegurarnos de que son libres y justas, deben permitir que entren en Cuba organizaciones de Derechos Humanos, para asegurar que las elecciones sean libres y justas. Una vez que los observadores internacionales hayan certificado que las elecciones de 2003 fueron libres y justas, una vez que Cuba inicie el proceso de una reforma económica positiva, entonces y solamente entonces exploraré con el Congreso de los Estados Unidos las maneras de aliviar las sanciones económicas.
Durante 43 años, cada elección en Cuba fue un fraude y una farsa. Castro debe demostrar una vez, aunque solamente sea una vez, no temer una elección real. Y demuestre al mundo que respeta a los ciudadanos cubanos lo suficiente para escuchar sus voces, y para contar sus votos. Empiece por aflojar el apretón con que sujeta a la gente que trabaja, y a la empresa. Entonces, y solamente entonces, hablaremos sobre aliviar las sanciones, y no antes.
La meta de nuestra política hacia Cuba no es un embargo permanente contra la economía de Cuba; nuestra meta es la libertad del pueblo de Cuba. La total normalización de las relaciones con Cuba, el reconocimiento diplomático, el libre comercio, y un robusto programa de ayuda, solamente será posible cuando Cuba tenga un nuevo gobierno que sea totalmente democrático; cuando se respete el imperio de la ley; y cuando se proteja los derechos humanos de todos los cubanos.
Nos esforzaremos por estimular la libertad dentro de Cuba mediante el mejoramiento de la vida de las gentes que están sujetas al régimen de Castro y lo resisten. Quiero hablar sobre algunos de los pasos que podemos dar, el comienzo de algunos pasos importantes.
Mi Administración reducirá las restricciones de la asistencia humanitaria que suministran las organizaciones estadounidenses religiosas y no gubernamentales legítimas que atienden directamente a las necesidades del pueblo cubano y que ayudan a formar una sociedad civil cubana.
Estados Unidos dará a tales grupos asistencia directa que pueda ser utilizada con fines humanitarios y empresariales. Nuestro gobierno ofrecerá becas en Estados Unidos a los estudiantes y profesionales cubanos que tratan de crear instituciones civiles independientes. Ofreceremos también becas a los hijos de los prisioneros políticos. Estamos dispuestos a negociar los servicios de correo directo entre Estados Unidos y Cuba. Mi administración continuará también buscando la forma de modernizar Radio y TV Martí.
Ahora el señor Castro debe actuar. Tiene la oportunidad de hacerlo. Se le ha dado una oportunidad. Continuaremos haciendo efectivas las sanciones económicas y la prohibición de los viajes a Cuba, hasta que el Gobierno de Cuba demuestre una reforma real. Cuando nosotros —cuando hablo de reforma económica y cuando hablo de reforma económica quiero decir reforma económica verdadera.
El gobierno debe permitir que los trabajadores puedan organizarse en sindicatos gremiales fuera del control de gobierno. El gobierno debe respetar la propiedad privada. La reforma económica significa que el gobierno debe permitir a los empleadores contratar a quienes quieran contratar, no a los que están en la lista especial. La reforma económica significa que los trabajadores ganan en divisas fuertes, que pueden disponer de ellas sin que vayan a las arcas del gobierno cubano.
Si el señor Castro no permite elecciones libres estará protegiendo a sus favoritos a costa de su pueblo. Eventualmente a pesar de todas sus herramientas de opresión, Castro tendrá que responder ante su pueblo.
Fragmentos del discurso del Presidente de EE.UU., George W. Bush, en el Día de la Independencia de Cuba.
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