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Prosa
Ritual del verano tardío
Ariel Montoya
En el tibio cielo de este mayo aún bajo el albedrío de un verano que traviesamente se desliza por inagotables avenidas que descienden del trasegado bullir de soñolientos avatares, la mata de tu cuerpo trepa como un pino del amanecer sobre la amatoria resina de mis desahuciados suspiros.
Esa tu ausencia irremediablemente encastada en desfallecientes estrellas y faros que se alejan, llevándoteme al palco del viento que algo de tu pelo siempre me trae en su andariega corredumbre, deambulando hasta donde estás, alcanzándote en la estocada final de esta espada de claveles tensamente cargada de esperanza. Fugado de esta hiriente mañana que rebota en el cuello frágil de mi almohada, donde el inusitado recuerdo de tu espalda tiende ceremoniosas hamacas del deseo, parto peregrino hacia la sudaria conquista de tus vacíos, al pacto de nuestras vidas iluminadas por las almendras del alba que su desgajan con tus ojos. Yo, íntimo desertor de tu soledad. |
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