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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 18 DE MAYO DE 2002
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¡El folclor soy yo!

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César Prado

¡El folclor soy yo! Es una célebre frase cuyo autor es nada más y nada menos que el gran músico brasileño, Héctor Villalobos, quien es considerado hasta hoy como el más grande compositor latinoamericano de música académica o clásica. La frase antes mencionada se debe a que fue en el folclor brasileño que él encontró la veta de su inspiración y que con su genial creatividad llegó a tener un dominio tal de las músicas autóctonas de todo su país, que es difícil diferenciar hoy entre lo meramente folclórico puro brasileño o la música de Villalobos.

Fue en Río de Janeiro en1887 cuando nace el hombre, y es gracias a su padre Raúl Villalobos, de origen español, que nace el músico, quien desde niño aprende a tocar el clarinete y el violonchelo. A la muerte de su padre es su madre Noemia quien continúa su educación musical. Ésta sería toda la formación escolástica que recibiría.

A los 14 años comienza a componer, y descubre y estudia de manera autodidacta las obras de los grandes maestros. Juan Sebastián Bach es su preferido. A pesar de que fue en el seno familiar donde se le enseñó la música, sus parientes no querían que le dedicara la vida a ésta, sin embargo, él se convierte en guitarrista de los grupos de “Choros”, o sea grupos de música popular, actividad que comparte con su puesto de violonchelista en la Orquesta del Teatro Recreio.

En 1915 las obras de Villalobos comienzan a ser interpretadas en conciertos, y en 1917, con la composición de Amazonia y Uirapuru, establece un género que él explotaría en diversas etapas de su vida creativa la de los poemas sinfónicos amazónicos y primitivos, obras llenas de una sonoridad desbordante de su vida rítmica y de virtuosismo instrumental.

En 1930 regresa a Brasil ya habiendo dejado su nombre y su obra asentados de manera definitiva en la vida musical europea con gran éxito. Comparte su actividad de creador con la de Director de la Superintendencia de la Educación Musical y Artística, y se encarga de la enseñanza de la música en las escuelas de Brasil. En 1942, 40 mil escolares cantaron juntos bajo su dirección.

No debe sorprendernos el auge, la calidad y la presencia de la música de Brasil en el mundo si fue un músico de la talla de Villalobos el que se encargó de crear y desarrollar programas de estudio para que en las escuelas de primaria y secundaria la música se estudiara con seriedad y profesionalismo.

Las obras de Villalobos fueron escritas para las formaciones más diversas, por lo que su repertorio será tema de un próximo artículo.

A partir de 1940, Villalobos realiza una serie de conciertos en toda América, y al terminar la Segunda Guerra Mundial divide su vida entre Brasil, Estados Unidos y Europa principalmente París. Sus conciertos y las grabaciones que realizó, dirigiendo el mismo la Orquesta Nacional de la Radiodifusión Francesa, fueron memorables. Es en el momento cuando el catálogo de sus obras cuenta ya las mil, que el destino pone fin a quien sería considerado como el más fecundo y tumultuoso creador del siglo XX.

Villalobos fue el primer músico de Brasil que obtuvo renombre mundial. Su música es la imagen de su país, contiene descripciones típicas y humorísticas, creaciones muy elevadas dentro de una búsqueda instrumental constante con una armonía muy libre oponiendo timbres, ritmos y tonalidades. Aparte de sus armonizaciones, él no cita temas traduciendo todo lo que había asimilado en todo su sentido en un lenguaje personal. Su música orquestal es la más importante en su producción, sin embargo, hasta en las obras para pequeñas formaciones él guarda la misma riqueza de su sonoridad característica.

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