|
|
|
|
Entrevista
Cynara Michelle Medina, entre la ficción y la memoria
Ezequiel D’León Masís
El temperamento de Cynara Michelle Medina (Jinotepe, 1971) está abierto siempre a la espontaneidad. Esta vez he conseguido dialogar con ella acerca de “Polvo de ángel” (400 Elefantes, 2002), su primer libro de cuentos que, tan sólo tres semanas atrás, tuvo su presentación en Managua con excepcional suceso. Los relatos que componen “Polvo de ángel” podrían estar emparentados con los ambientes cotidianos de Joyce Cary, aunque envuelven otros propósitos, entre los que se distingue la incorporación del elemento fantástico a través de la ficción, la imaginación y el mito. Con visible consistencia en su propuesta literaria, Cynara Michelle Medina se inscribe como una de las pocas narradoras emergentes de este inicio de siglo en nuestro país.
¿Es acertado vincular con la literatura infantil algunas de las narraciones incluidas en “Polvo de ángel”?
“Cuando escribí los cuentos no pensé en un público determinado. Más de una persona me ha hecho la misma pregunta; eso me ha hecho pensar en qué es lo que hay en esos cuentos que los hace parecer para niños. Si es por el lenguaje, que es muy sencillo, para mí fue una decisión bien razonada. Si es por el tipo de personajes, porque algunos son niños, fue también una decisión deliberada. Quería escribir en el tono de quien aún no ha perdido la capacidad de asombro”.
¿Qué lugar ocupan la imaginación y la memoria en tus tramas?
“La memoria juega un papel muy importante en todos mis cuentos. Sin memoria no hay fantasía. Cada vez que trabajo en la concepción de un personaje, hago memoria y repaso anécdotas, rostros, gestos particulares y actitudes de personas que he conocido. En ‘Polvo de ángel’ hay personajes como Chan, del cuento ‘El espantapájaros’, que son un compuesto de diferentes ‘modelos’ que he tomado de la realidad. La fantasía, por sí sola, no es suficiente para sostener una de mis tramas. Yo necesito aunque sea un ápice de verdad, de memoria, en mi trabajo”.
En tu libro aparecen frases muy precisas que aluden a los sentidos vitales. ¿Qué razón te lleva a describir la percepción sensorial de tus personajes?
“Mi intención es proyectar imágenes y provocar la imaginación. El mundo está saturado de imágenes, sonidos y olores. Yo sólo trato de reproducirlos, aun cuando estoy consciente de las limitaciones que tenemos los escritores. Tenemos que describir, y yo prefiero hacerlo con el mayor detalle posible”.
¿Es válido reconocer en tu prosa ciertos valores poéticos o prosemáticos?
“Yo veo el lenguaje como un ramillete de posibilidades. Trabajo con sonidos e imágenes y busco las combinaciones de palabras que mejor se prestan para desarrollar el cuento. No sé si con eso estoy logrando prosemas”.
¿Pensás que la prosa narrativa lleva como condición inherente el uso de algún tipo de lenguaje?
“Hay un ensayo titulado ‘Paradoja del escritor’, escrito por Giovanni Papini en 1916. Él se refiere al uso del lenguaje en estos términos: ‘¿Se contenta con un vocabulario sobrio, esencial? Es pobre, descolorido’. Sin embargo, también señaló: ‘¿Es millonario en palabras? Saqueador de léxicos, profanador de sepulcros, maníaco de neologismos, ¡fatuo!’.
La prosa narrativa no está casada con un tipo de lenguaje. Lo que sí creo es que el escritor debe ser cuidadoso en su elección del lenguaje. Creo que un buen cuento no es producto de la casualidad, requiere de cuidado y paciencia. El lenguaje revela el estilo y la personalidad del escritor. Prefiero que mis cuentos no sean una vitrina lexicográfica, porque me es más importante comunicarme con claridad. Prefiero las frases cortas. Los rebuscamientos lingüísticos me parecen absurdos”.
¿Cuál es tu criterio sobre la producción de los pocos narradores surgidos durante la década pasada en nuestro país?
“No soy crítica literaria, soy cuentista. Lamento que haya tan poca narrativa, pero... ¿qué se le va a hacer? Éste es el país de los poetas, y el cuento se toma generalmente como una más de las cosas que escribimos”. |
|

 |
|
|