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MIéRCOLES 8 DE MAYO DEL 2002 / EDICION No. 22722 / ACTUALIZADA 12:45 am
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Acerca de un agravio con mancha

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Ariel Montoya*

Si bien es cierto que es necesario el respaldo del partido de gobierno para solidificar el apoyo a la gestión pública, valdría la pena preguntarse si dicho respaldo es potable cuando el comportamiento prebendario y moral de dicha institución partidaria está siendo seriamente cuestionada por la nación entera y la comunidad internacional, mediante las evidencias judiciales por corrupción, establecidas en contra de algunos de sus máximos representantes. Pero ese “respaldo” en el caso del PLC y su camada de diputados ante la Asamblea Nacional, se convirtió en agravio luego de que un grupo de los mismos, rechazara una invitación hecha por el propio gobernante Enrique Bolaños.

Este agravio, dado lo que representa el ser el primer ciudadano de la nación, lo convierte inclusive en un desacato institucional, sobre todo cuando se desaprovechó un oportuno encuentro para exteriorizar opiniones sobre el recalentado panorama político nacional, entre el representante máximo de la nación y algunos de sus supuestos aliados en el Parlamento.

En medio de los perennes traqueteos judiciales y los sombrerazos diputadiles resoplándose o servilizándose —según lo que diga el hombre—, se hace cada vez más necesaria una revaloración actual del quehacer político del PLC y de su bancada oficial, reacia a no concebir la política si no es a través de favores y concesiones, sumisiones, chantajes y lealtades personalizadas y no institucionalizadas.

No se trata de confundir la amistad con la ambición, la filiación con la obcecación o la discrecionalidad con la impunidad: se trata de garantizar que un período institucional como el actual logre modificar el comportamiento de la moral pública extirpando la corrupción, como acertadamente lo ha hecho ya en sus primeros tres meses de gestión, siendo éste el primer paso para el despegue económico por incrementarse.

El mundo no cambia: el mundo cambió, y la clase política (léase liberal o sandinista) en esta reyerta de cambios tecnológicos y competitividades escénicas en todos los campos, no debe quedarse a la zaga, menos aún la de un partido como el liberal, el cual si bien es cierto es el continuador de la defensa electoral de la democracia, estaría poniendo en peligro dicha asignación histórica de no dar una renovación moral, estructural y transparente a lo inmediato, en la que el relevo de nuevas figuras no sea visto con marginación y rechazo, sino quizás como la tabla de salvación más viable para su supervivencia.

La actitud gerencial e institucional demuestra que el proyecto de gobernabilidad impulsado por el mandatario Enrique Bolaños, debe seguir respondiendo al llamado de la población, satisfecha con las últimas determinaciones políticas, de seguir reordenando la casa en base a decisiones de exigencia administrativa, austeridad y carácter de estadista, lo que no se contradice con la aclimatada determinación de que el poder es para ejecutarlo.

El respaldo ciudadano y la generación de confianza con que cuenta la actual Administración, ha llegado a despertar grados de optimismo quizás no imaginados apenas meses atrás. Esa es la mejor herramienta para llevar adelante la actual revolución moral iniciada con la llegada de la Nueva Era. Desairar esta iniciativa es convertirla en un agravio con mancha, tristemente roja; ingratamente liberal.

* El autor es funcionario de la Presidencia de la República.
AMontoya@presidencia.gob.ni  
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