El crédito bancario y el presente ciclo agrícola
José Antonio Poveda Salvatierra*
En Occidente de nuestro país el campo y sus productores son por lo general uno de los temas favoritos del discurso oficial e incluso, de los planes nacionales de desarrollo. Ocupan un lugar destacado en ellos, tanto para reconocer su atraso como su potencial e importancia socioeconómica. Sin embargo, a la hora de las decisiones y sobre todo al asignarse los recursos se observa una tendencia persistente a marginar al sector y al productor rural. Así ha sido desde las épocas de la sustitución de importaciones, hasta las actuales de ajuste estructural. A sus propios problemas de eficiencia y productividad, al campo se agregan los de deficiencia valorativa y participativa.
Ante las pocas posibilidades que ofrece el ajuste macroeconómico para aumentar los salarios reales, se termina por limitar al productor agropecuario. En ese entorno deben replantearse las tradicionales pugnas distributivas internas campo-ciudad; y de ese modo superar la visión de corto plazo y examinar la viabilidad de una reforma, de gran aliento que ubique al agro en otra dimensión y perspectiva.
El proceso de modernización de la Banca para cumplir con los creciente requerimientos de los usuarios, demanda mayor captación y entrenamiento del personal bancario, nuevas técnicas y procedimientos, mejores servicios internacionales, atención especializada a sectores prioritarios, incorporación constante de modernos sistemas de comunicación, son algunos de los retos que corresponderá enfrentar al personal bancario.
Sin duda, el reto relativo al otorgamiento de crédito en forma suficiente, oportuno a plazos adecuados y costos competitivos, es uno de los más importantes a que se enfrenta la banca, su atención es importante para apoyar e impulsar a los productores y empresarios nacionales.
Profundos cambios requieren en el ámbito interno para hacer realidad el objetivo de alcanzar un desarrollo integral y sostenido, que beneficie a toda la población y sectores sociales.
En este sentido vemos que la movilización de recursos hacia los sectores más productivos, es necesaria para generar, utilizar, acumular y aprender de la tecnología, porque si bien las decisiones de producción deben dejarse al mercado, el gobierno debe definir e informar claramente sobre las normas que rigen la actividad económica.
Además es justificable que intervengan para otorgar protección selectiva a sectores vulnerables de la sociedad, o a productos específicos, en razón de decisiones estratégicas.
El tema de crédito ha generado gran controversia en nuestro país, a lo largo de muchos años, por la falta de financiamiento de las instituciones bancarias, por lo exagerado de las tasas de interés y por la rigidez de los mecanismos de cobro.
La superintendencia de bancos buscará en todo momento que sus acciones de coordinación con las autoridades, y los usuarios se den en un marco de gran profesionalismo y respeto para impulsar el desarrollo nacional sustentado en el crecimiento.
a) Con estabilidad económica.
b) Con desarrollo y justicia social.
c) Impulsado por exportaciones crecientes y diversificadas, tanto en productos como mercado.
d) Apoyado principalmente en inversionistas privados, tanto nacionales como extranjeros.
e) Con base sólida de eficiencia, eficacia y productividad.
w LA REGULACIÓN DE CRÉDITO
La regulación y la supervisión no son panaceas en un sistema financiero sólido, que pueden limitar los daños causados por la mala gestión y hacer que la política macroeconómica sea eficaz.
La mala gestión es un ingrediente clave en toda crisis bancaria sólo en el caso de un cataclismo económico puede verse una buena gestión desbordada por acontecimientos y aún en tales circunstancias. Los buenos gestores pueden limitar los daños en una medida considerable.
La perpetuación de una mala gestión hace probable la multiplicación de las pérdidas, no sólo por la necesidad de financiar, sino por el daño causado por una cultura deteriorada, con actividades y prácticas que producen mayores pérdidas en espiral.
En este sentido vemos que las instituciones bancarias y financieras de Nicaragua tienen graves problemas, originados en el deficiente marco regulatorio, legal y de supervisión y canalización del crédito, y proporciona la ineficiencia la cual frena el desarrollo normal del sistema, de manera que ésta es la razón que impulsa la reforma a la Ley General de Bancos, Ley Orgánica del Banco Central, y la Superintendencia de Banco y otras instituciones.
Estas reformas son de gran importancia pues tienen como objetivo básico:
a) Convertir al sistema bancario y financiero en promotor del desarrollo económico y social, con base en un modelo de política económica de apertura y con oportunidades a todos los sectores productivos del país. Esto por considerar que actualmente las políticas crediticias están basadas en exigencias rigurosas, y hasta cierto punto limitante en cuanto a los créditos ofrecidos por los bancos.
b) Fortalecer y sanear las instituciones bancarias y financieras a fin de respaldar los depósitos del público y restaurar la confianza de los inversionistas, en base a esto vemos que la actividad de los bancos es vital para el cuerpo social. Para su orden y desarrollo, aún dentro de la órbita de las funciones que le son propias, las leyes latinoamericanas establecen sus propias normas para evitar la quiebra y por consiguiente la imagen de solidez que como entidad bancaria debe preservar; por la confianza que los bancos merecen a los clientes pues no solamente es un factor de mercadeo sino que contiene un alto valor jurídico que inspira el sistema legal.
c) Lograr una mayor eficiencia y competitividad, mejorar el servicio al público y otorgar créditos oportunos, esto por considerar que el otorgamiento de crédito a un plazo favorable y recuperable, con una tasa de interés baja, sería un factor determinante para encausar la actividad productiva, y por consiguiente la economía del país.
* El autor es Vice-Decano Facultad de Derecho, UNAN-León 
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