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MIéRCOLES 8 DE MAYO DEL 2002 / EDICION No. 22722 / ACTUALIZADA 12:45 am
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El café y la pesadilla del mercado

Rómulo Sánchez Leytón*

I DE II PARTES

La producción de café enfrenta una de las peores crisis de su historia. La misma se ha convertido en un problema nacional e internacional. Miles de campesinos están en la ruina. En América del Sur las plantaciones de café han dado lugar a las plantaciones de coca. El negocio de la droga ha sido y es, una de las ramas más rentables.

Centroamérica padece también los efectos del colapso de los precios y se ha acentuado la tendencia de la desaceleración económica en la región. En los países del Norte se ha sacrificado hasta los estándares en la calidad del consumo, con tal de favorecerse con los precios. Se esgrime que la competencia asiática ha pulverizado los precios mundiales del café.

En Colombia, cerca de medio millón de campesinos están en la quiebra, pues no pueden colocar el café en el mercado. Responsable de la profunda crisis del “grano de oro” es la sobreoferta del mismo en el mercado mundial. El año 2001 se produjeron 115 millones de sacos y solamente se consumieron 108 millones. Las perspectivas de una mejora del mercado no son halagüeñas. Sólo Brasil producirá 40 millones de sacos en el 2002. La cosecha record superará este año en 40 por ciento a la del 2001. Nuevos productores presionan el mercado a la baja. A nivel mundial son casi 80 países los que se ocupan en producir café. La mayoría luchan por obtener divisas en el mercado, pues no tienen otra fuente y son del cordón periférico más pobre del planeta.

Latinoamérica produce el 60 por ciento del café que consume el mundo, pero sufre ante la pujante competencia de Vietnam, India e Indonesia. Los efectos más graves en la caída de los precios se le atribuyen a Vietnam, quienes tradicionalmente toman té y no café. Organizaciones del Occidente contribuyeron a crear en este país, agobiado por la pobreza, una economía basada en el café. En poco tiempo Vietnam se transformó en uno de los mayores productores del planeta, incluso ha desplazado a Colombia del segundo lugar. En 1991 poseían el 1.3 por ciento del área total cultivada; en el 2001 ascendía ya al 11.4 por ciento. El primer lugar por producción lo ocupa Brasil y Colombia el tercero. Le siguen en orden Indonesia, México y la India.

En Vietnam se pagan salarios baratos para recoger la cosecha. En New York se vende el café del lejano Oriente a 22 centavos la libra. A los productores latinoamericanos les quedan pocos márgenes para competir. Éstos pagan también elevados impuestos al fisco y leoninos intereses como precio del dinero. Antes con los precios favorables era posible en Colombia comprar la sobreproducción, con el dinero del Fondo del Café. El fondo creado para el progreso, se financió con las ganancias de los productores. Se construyó infraestructura, brotaron carreteras, hospitales, modernas escuelas. También se levantaron palacios lujosos para los “barones” del café.

Hasta el año 1989 las cosas caminaron de forma normal. Basado en un sistema de cuotas, tanto países productores como países consumidores se garantizaban un precio mínimo de US$ 1.15 dólares por libra. La sobreoferta era embodegada y vendida más tarde. Al colapsar el Tratado, los países productores ejercieron presión inundando el mercado. Los colombianos no reciben hoy más de 60 centavos por la libra del café.

Es lógico que con el derrumbe del precio, los ganadores han sido los países compradores del grano cafeínico. Se calcula que sólo un quinto del precio final, llega a los productores del grano. Estados Unidos se opone a cualquier intento de regular los precios y torpedea cualquier insinuación de cartelizar la producción. Quien dicta hoy los precios son las grandes tostadoras y los “musculosos” supermercados en Estados Unidos y Europa. Ellos son los únicos beneficiados con el desequilibrio entre oferta y demanda. La mayoría de los productores venden con pérdidas. Así, el libre mercado promovido por la globalización, se ha convertido para los productores y los campesinos recolectores en una infernal pesadilla.

La posibilidad de cartelizar a los productores de café, no es tan simple. Crear una organización a imagen y semejanza de la OPEP; es difícil. El café maduro debe recolectarse y venderse, no puede permanecer más de dos años embodegado. En el caso del petróleo se pueden cerrar los grifos a los pozos y las reservas se conservan; mientras el café en dos años pierde el aroma y merma la calidad.

En los Andes se cultiva el tipo Arábigo, que es más apreciado que el Robusta. Hoy por ejemplo, el mercado alemán consume Robusta barato de Vietnam y se combina con otras especies. De esa manera también la cultura de los tomadores de café, se ha devaluado.

Brasil ha expandido en un 25 por ciento el área cultivada. La cosecha se realiza con máquinas y las plantaciones se han trasladados donde no les afecta las heladas. La diferencia en el impacto de la crisis en Brasil, es que ellos mismos son un fuerte consumidor de café. El café excedente —una buena parte— es consumido internamente. El mercado doméstico brasileño creció en un 20 por ciento en los últimos años.

Los productores están convirtiendo sus haciendas en hoteles, intentan introducir el cultivo de otros productos y en muchos la cocaína sustituye a la cafeína del café. Las plantaciones se vuelven remansos para el ecoturismo, crece el desempleo y las deudas, se paga en especie, se reducen los salarios, marchas de hambre de los cortadores etc.

Los más afectados con la bancarrota del café son los pequeños y medianos productores y los campesinos recolectores. No hay posibilidad de pagar los créditos que en los años del boom se asumieron y miles de productores están endeudados y son expropiados por los bancos. Los campesinos dejan las fincas cafetaleras y crecen los cordones de miseria en las ciudades. Mientras tanto hay quienes salen en “Defensa del Capitalismo Global” (Johan Norberg) porque sostienen que el número de pobres ha disminuido.

Para el actual gobierno de Nicaragua resolver la crisis del café no es tarea fácil, pero sí prioritaria. Desde 1997 los precios han caído en un 70 por ciento. Esto ha impactado y seguirá afectando la balanza comercial. La caficultura representa el 7.2 por ciento del PIB nicaragüense. Importante es profundizar la participación en el diálogo entre los productores y los consumidores, así como reordenar el mercado. El problema del café exige soluciones integrales y también de carácter parcial. Subsidiar a los productores puede resultar contraproducente. Dejarlos a la deriva resultaría fatal para el sector.

* El autor es Doctor en Economía.  
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