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LUNES 6 DE MAYO DEL 2002 / EDICION No. 22720 / ACTUALIZADA 12:30 am
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El monstruo llamado computadora

Ernesto González*
revista@laprensa.com.ni

El día que escuché la palabra computadora, y la miraba en los noticieros internacionales, conociendo las cosas maravillosas, casi mágicas que podía hacer, lo primero que pensé fue en la muerte definitiva de la milenaria máquina de escribir.

Ello me recuerda mi vieja maquinita Underwood, creo que de la década de los 30, con la que preparaba las guías de estudio para mis estudiantes de la modalidad de sabatino, donde ya las letras de plomo, casi borrosas que con mucha dificultad, presionaban a la cinta de la máquina, dejando casi una huella invisible en el papel.

¿Cuándo se creó la primera computadora? Según cuenta la historia, es construida en siglo XIX donde el matemático e inventor británico Charles Babbage elaboró los principios de la computadora digital moderna, aunque son considerados sus precursores el francés Blaise Pascal, que construye la primera máquina (1642) de calcular mecánica, un precursor del ordenador digital

En 1670 el filósofo y matemático alemán Gottfried Wilhelm Leibniz perfeccionó la máquina adicionándole la posibilidad de poder multiplicar; otro científico fue Herman Hollerith (1880), que con sus innovaciones logró compilar la información estadística destinada al censo de población de 1890 de Estados Unidos mediante la utilización de un sistema que hacía pasar tarjetas perforadas sobre contactos eléctricos.

Ya volviendo a la década de los 80 uno de mis hermanos, se especializó como técnico en computación, una vez me invitó a su trabajo, para observar de cerca “aquella cosa” y me explicó cómo la hacía funcionar, la primera vez que puse mis dedos sobre el teclado de la misma, me recordó la primera vez que puse las manos sobre las piernas de la primera novia, en la oscuridad del cine de barrio, había dos opciones o se dejaba tocar o no, si la respuesta era no, posiblemente me habría ganado un buen golpe ... la toqué (el teclado) y ... no me golpeó.

En aquel entonces se iniciaba uno siempre por el sistema operativo MS-DOS; con el primer postgrado me di cuenta, de que casi podía elaborar o diseñar mis primeros programas, por muy artesanales que fueran, para como andan hoy las cosas en el nuevo siglo.

Cuando comencé con mis primeros libros (recuerdo el primero con añoranza, ¿Quieres aprender a leer y escribir Química? 1995, considerado egoístamente como mi primer best seller) y comprobé que lo inventado por Babbage me permitía hacer llegar a mis discípulos los conocimientos aprendidos, puestos en práctica y madurados (casi añejados) así como a mis compañeros (profesores y profesoras) que enseñaban Ciencias Naturales.

En una ocasión tuve un profesor excelente, todo un comunicador de nacionalidad venezolano (Don Luis), que logró incentivar a un grupo numeroso de profesores nicaragüenses en ejercicios, a escribir libros, recuerdo una frase de él que nos dejó a todos desconcertados “... todo profesional, para ser un buen profesional debe saber trabajar una computadora”. El aula quedó muda, ni el zumbar de una mosca, se escuchaba. Yo pensé, ¡y este señor no conoce la realidad nuestra, nuestros salarios son bajos!, pero sus palabras me reafirmaron algo, era necesario incorporar a mi currículum aprender los secretos de la computadora.

Esta experiencia, la cual quiero transmitir a mis colegas de las cuales muchos aún tienen miedo, terror, pavor, pero es que siempre que usted quiera aprender es necesario invertir pero tengo miedo, terror, pavor que a muchos de mis compañeros de trabajo le pase lo mismo que a mi maquinita Underwood de la década de los 30.

* egonzav@uam.edu.ni  
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