¿Cómo valorar el béisbol pinolero?
Nuestro vino, es tan amargo
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Erick Morales. |
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Edgard Tijerino M. edgard.tijerino@laprensa.com.ni
Desde que estaban construyendo las Pirámides de Egipto, el nivel del béisbol nicaragüense ha sido discreto... Hemos nacido, crecido y desarrollado como fanáticos de ese apasionante deporte, atravesando por un interminable valle de amarguras... Quizás por eso, colocando momentáneamente a un lado todas esas frases geniales que nos dejó Rubén en su grandioso legado, nos ha mantenido aturdidos aquélla de Martí: “Nuestro vino es amargo, pero es nuestro vino”.
Nunca fuimos campeones mundiales en la pelota aficionada, algo que alcanzaron Puerto Rico, Venezuela, Dominicana y Colombia, equipos con los cuales, nos fajábamos de igual a igual... La más elevada posición del béisbol pinolero, ha sido “sub”, también alcanzada por México.
EL GRAN FRACASO
La más grande oportunidad de ser Campeones en los cálculos previos, fue en 1948, cuando viniendo de ser “casi-campeones” en una historia distorsionada culpando injustamente a “Jagüita” Vallecillo de haberlo impedido, se construyó ese Estadio que ahora se encuentra en ruinas, y también un gran equipo dirigido por el cubano Juan Ealo, con un abierto apoyo de Anastasio Somoza... No vino Cuba, y Estados Unidos no tenía interés en estos torneos. Pese a esos factores favorables, Nicaragua se hundió dramáticamente logrando sólo una victoria. No existe un detalle preciso sobre la cantidad de suicidios provocados por ese estrepitoso fracaso, el más grande en la historia de nuestro béisbol.
Mientras tanto, nuestro entusiasmo rasgado, a veces sangrante, atrapado por telarañas que siempre rompíamos, giraba alrededor de ese vibrante grito: ¡Viva el Bóer!, y la gran rivalidad cultivada con el Cinco Estrellas.
Cuando se decide darle forma y fondo al proyecto del béisbol profesional en Nicaragua en los años 50, antes de la muerte del dictador, se obtiene el apoyo gubernamental, y los equipos Bóer y Cinco Estrellas se convierten en el ombligo del espectáculo.
EL GRAN ESPECTÁCULO
¿Cómo fue posible casi 11 años de béisbol rentado en Nicaragua, cuyo nivel llegó a ser calificado próximo a Triple A? ¿Acaso teníamos suficiente material disponible?.
Por supuesto que no, pero la determinación de poder utilizar en cada line-up hasta seis extranjeros, permitió garantizarle a un público hambriento de emociones, disfrutar de un gran espectáculo.
Ese total de seis extranjeros se amplió, al utilizarse el artificio de la nacionalización... Llegó un momento en que los verdaderos nicas, los de ombligo caído en el terruño, era tan pocos, como la cantidad de elementos no contaminados con la corrupción en el “arnoldismo”.
Y una prueba de ello, es que a lo largo de esa etapa del profesionalismo que tanto disfrutamos, y que con el pasar del tiempo nos parece fantasiosa, no logramos producir un All Star de peloteros nicas de jerarquía indiscutida... Siempre recordamos a Rigo Mena, Duncan Campbell, Willie Hooker, René Paredes y Octavio Abea, como lo máximo... Después de ellos, entramos en discusiones inútiles alrededor de nombres menores, nada resplandecientes.
A SALIR DEL HOYO
La etapa moderna de nuestro béisbol se puso en marcha en medio de una aguda crisis provocada por el vacío fabricado por la extinción del profesionalismo. Entre 1967 y 1970, el béisbol casero estuvo deambulando un poco harapiento, hasta que Carlos García aterrizó en la FENIBA y comenzó a aplicar un cuidadoso maquillaje con el eficaz aporte de ese extraordinario adiestrador que fue el cubano Tony Castaño.
Soy de los creen que sin Tony entre nosotros, difícilmente hubiéramos crecido como lo hicimos entre 1971 y 1978, consiguiendo una sólida reputación en el concierto internacional.
Fue la época de las grandes batallas contra Cuba, que incluyó tres victorias históricas, la de Herradora, la de Juárez y la de Porfirio; de la presencia de aquel grupo de peloteros que se levantaron de la lona para proyectarse espectacularmente guiados por Castaño; de la posibilidad de ser Campeones Mundiales, algo que nunca se concretó; del formidable re-acondicionamiento de un Estadio, que provocó la admiración de un big leaguer como Roberto Clemente, asegurando “es el mejor del Caribe”; de la presencia de nicas en las Grandes Ligas; en fin, una época en la que Carlos García como dirigente, llegó a alcanzar una dimensión insospechada.
OTRO BAJÓN Y CIERTOS CHISPAZOS
Como era natural, después del triunfo de la revolución, con una economía en escombros y un deporte sin ser visto con atención durante el primer año, el béisbol, por siempre costoso, se vio afectado... Además, nos sacaron de competencia internacional, hasta que se presentó una oportunidad en los Juegos C.A. y del Caribe realizados en 1982 en Cuba.
Durante el resurgimiento, se lograron algunas proezas: ganar la Medalla de Plata en los Panamericanos de Caracas en 1983, derrotando a un poderoso equipo de Estados Unidos encabezado por Mark McGwire, parecía irreal; conquistar el subcampeonato del Mundial de Edmonton en 1990 y ganar la Plata en los Panamericanos de Argentina en 1995, nos emocionó profundamente, así como la actuación sin medallas, pero muy llamativa, en los Olímpicos de Atlanta en 1996... Sin embargo, en líneas generales, nuestro béisbol continuó sumergido, mientras en Lausana, Suiza, asestaban una puñalada a las pretensiones de volver a ser trascendentes, abriendo las puertas a los profesionales.
OTRA REVITALIZACIÓN
El último crecimiento de nivel de nuestra pelota ocurrió cuando se decidió contratar extranjeros, no de la envergadura de los Thronberry, George Scott, Jack Kralick, Lee Tate, Campaneris, Jenkins, Tiant... y tantos que vimos en la Profesional de los 50 y los 60, pero sí con la capacidad y la experiencia de los Remigio Leal, Torres Chacón, Ajete, Pedro Luis Rodríguez , y resto de una gruesa tropa cubana, más la presencia de dominicanos, mejicanos y panameños.
La inyección de los extranjeros excitó al público y al periodismo, pero no duró mucho. Una vez más, el factor económico amputó ese operativo y volvimos a quedar tomando nuestro vino.
La obligación de incluir menores fue siempre un arma de doble filo... Incluso en Grandes Ligas, las promociones de nuevos valores no son algo seguro en lo referente a calidad garantizada. Ustedes pueden encontrar algunos Novatos del Año de discutible proyección... En ciertos momentos, los menores crecieron, y en otros, no lograron desarrollo, debilitando lineups.
Quitarle los refuerzos a las fases finales, fue un movimiento forzado por las limitaciones económicas... Cada año que se utilizó a los refuerzos, el espectáculo mejoró considerablemente, pero con el patrocinio disminuido y los bolsillos vacíos, no era un tema para ser sometido a discusión.
NI MODO
A pocos días de la final de 2002, continuamos navegando en el mar de la mediocridad... Sin entrenadores competentes, sin un plan de desarrollo adecuadamente elaborado, sin extranjeros, con los mejores prospectos atrapados por las organizaciones de Grandes Ligas, sin hacer inversiones en el más popular de nuestros deportes, sin poder reacondicionar el Estadio “terremoteado”, y sin dinero suficiente para el sostenimiento de una organización consistente, seguiremos cabalgando arrastrando nuestras ilusiones por el valle de la amargura. 
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