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DOMINGO 5 DE MAYO DEL 2002 / EDICION No. 22719 / ACTUALIZADA 4:00 am
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Cosas Veredes Sancho Amigo
Memorias de una actriz radial

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.Nos conocimos en un tiempo venturoso, cuando aún yo tenía una tímida ilusión de oro entre mis manos. Ella, en cambio, desgranaba luceros. Un buen día se fue buscando nuevos cielos. Hoy ha regresado y con ella la voz clásica, dulce y serena que enriqueció la imaginación de miles de nicaragüenses durante la época más esplendorosa de la radiodifusión nacional

De izquierda a derecha, Sofía Montiel, José Dibb McConell y Martha Cansino.

 

Mario Fulvio Espinosa
departamentos@laprensa.com.ni

PRIMERA DE DOS PARTES

Tiene Lupita la estatura idealizada de la mujer bella, frágil, pero firme como varita de girasol; cuerpo armonioso, equilibrado. Lo necesario en su sitio, nada de carencias ni de excesos. Su cuello es el de un grácil cisne de alabastro, el rostro ovalado va enmarcado por una hermosa cabellera castaña. En su faz sobresalen, la nariz fina, los labios sonrosados, y lo especial: sus ojos de tonos cambiantes, a veces azules, ahora celestes, ora ambarinos o bien, de un verde pálido jade.

Con su andar tan natural, sin lentitudes ni prisas, la veo entrar a la Iglesia de Santo Domingo, viste un vaporoso traje blanco con una cinta celeste a manera de cinturón, se cubre la cabeza con una chalina de tul. Estamos en un domingo de junio de 1944, el padre Roque Iriarte celebra en el templo la ya tradicional Misa de los Niños.

Yo soy un rapaz, tengo trece años, y todo ese lapso lo he vivido en el Barrio de Santo Domingo. Jamás había visto a tan agraciado ser. Apareció de pronto, y ya no sólo entra y sale los domingos de la Iglesia, sino que acude con su preciosa hermana, Leticia, a las clases de bordado que imparte mi madre en la Casa del Catecismo.

Quiero conocer a esas dos damitas, que en mi imaginación son la reencarnación de Elvira y Sol, las hijas del Cid Campeador y de doña Ximena. La oportunidad me llega a través del hermano de ambas, Emilio, compañero de estudios en el Rubén Darío y alumnos, ambos, del profesor Zacarías Reyes Morales, el santo “Chacalón” que ahora brinda sus enseñanzas a los angelitos díscolos del cielo.

Pocos años duró para mí la visión objetiva de Guadalupe Moreno, después ya no la vi más, se volvió una mujer notable para la radiodifusión nacional, quehacer que la alejaba de admiradores infantiles como yo. Pasó a ser un personaje de radionovelas, y en ese plan solamente escuchaba su voz a través del Radio Pilot de la casa. Después, en ascenso meteórico, pasó a ser la primera voz femenina latinoamericana de la Voz de los Estados Unidos, allá en Washington, muy cerca del Capitolio.

A más de medio siglo de aquellas vivencias infantiles, el miércoles 24 de abril la volví a ver. Cierto, los años no pasan en balde, pero aquella ilusión del ayer no desmerece a la Guadalupe Moreno de hoy, siempre inteligente, hermosa,
UNA FAMILIA DE ARTISTAS

Guadalupe, Lupita Moreno... o Martha Cansino, ¿cómo prefieres que te llame en este tiempo?

Bueno ahora soy conocida como Martha Cansino, como Martha Cansino se ha hablado de mí y como Martha Cansino me he dado a conocer. Pero me agrada que amigos como tú me llamen Lupita. Mi nombre legítimo es Guadalupe Moreno Gutiérrez, nacida en Estelí, adolescente en Managua y madurada en los Estados Unidos.


¿Cómo vinieron los Moreno de Estelí a parar a Managua?

Mi padre decidió mudarse a la capital buscando mejores horizontes, tenía un pequeño negocio en Estelí con el que podía proveer el pan y la educación de sus hijos —somos ocho en total—. En 1942 vendió el negocio, que no era considerable, pero sí muy surtido. Recuerdo que allá él compraba aquellos famosos Confites Patiño que le llevaban por latas... Y el señor Patiño le decía: “No se preocupe, don Gustavo, a la vuelta me paga”, y como el señor Patiño existían otros que le dejaban granos, azúcar y hasta pequeños lotes de medicinas, porque aquel más que establecimiento era una abarrotería.

Ocurrió también que él tenía muchos amigos en Managua que le dijeron: “No hay problema, Gustavo, veníte para acá que nosotros te vamos a buscar un local y te ayudaremos”. Mi mamá, como mujer de antes, como mujer de la vieja guardia, pensó que estaba bien, pues más que nada le preocupaba la educación de sus muchachos. Allá en Estelí sólo teníamos escuela primaria, no había un colegio de secundaria en esa época. Mi hermano mayor, Paulino, ya tenía un año de estar interno en la Escuela de don Silviano Matamoros en Managua; en esa época lo más que pretendían los jóvenes de la clase media era llegar a ser contadores públicos. Eso fue en 1942, yo tenía entonces once años.

Me crié en el Barrio de Santo Domingo y acudía a la misa de niños del padre Roque Iriarte, de la Iglesia una cuadra al lago estaba la Casa del Catecismo donde mi hermana Leticia recibía clases de bordado. Yo también incursioné un poquito en esa manualidad porque me compraron el aro, las telas, las madejas, pero prosperé poco en eso.


Francamente, yo sólo te conocía a ti, a Leticia y Emilio, ¿cuáles son esos otros hermanos de que me hablas?

Ya te digo: Paulino es el mayor, se recibió con excelentes notas como contador público donde Silviano Matamoros. Es bueno para las matemáticas, vive en Jalapa, tiene una finquita y comercia en granos. Después vinieron otros dos hermanos que fallecieron, y a ellos les sigo yo. Leticia me sigue a mí con dos años de diferencia, después sigue Emilio, que incursionó en la Radio con el nombre de “El Chato Moreno”, después vino Beltrán al que le dicen “El Chele” por su pelo bastante claro y sus ojos amarillos. Sigue Gustavo, el heredero del nombre de mi padre, que ahora administra una granja avícola que tenemos en Masatepe, él fue embajador de la Revolución Popular Sandinista, igual que “El Chato”.

Gustavo nunca fue a la radio, pero le gusta declamar y lo hace muy bien, tiene una gran identificación con la poesía vernácula mexicana y un repertorio que da gusto escuchar. “La Chacha Micaila” es su éxito número uno, pero así en rueda de amigos, en una forma muy privada. En cambio, “El Chato”, declama de todo y lo hace muy bien. Por último está Víctor, que también es sandinista. En mi familia la gran mayoría son sandinistas, algunos se han retraído, usted sabe como son las corrientes políticas. Víctor es administrador de empresas y trabaja para una institución americana de seguros, lo mismo Emilio, que tiene una librería muy completa en Estelí, ahora está en Managua... Cuando le dije que vendrías a verme se puso muy contento.


ERA UNA EXCELENTE CUENTACUENTOS

¿Qué recuerdos tienes de tu juventud en la vieja Managua?

Bueno, al principio vivimos frente a la Delegación China, del Hotel Velásquez media cuadra arriba. Mi círculo eran las hijas de los dueños del susodicho hotel, la Tulita, la Merceditas, la Conchita, la Mireya, que era entonces muy chiquita. La Conchita era de la edad de Leticia, la Tulita de mi edad, la Dorita un poquito más arriba y la Merceditas la mayor que se casó con William Artiles, todas del vecindario. En la esquina abajo vivían las Lacayo, a las que les decían “Las Caballonas”.

Me acuerdo que las Velásquez llegaban por la noche a mi casa con sus asientitos —mi mamá prefería que nuestras amigas llegaran y no dejarnos salir—, lo que yo hacía era contarles cuentos de Las Mil y una Noches, porque yo leía mucho desde muy chavala.

Así noche a noche tenía a mi alrededor a cinco o seis niños o niñas de mi edad o menores, se sentaban en la acera de mi casa, ahí les contaba cuentos interminables que estaban en mi memoria, aunque a veces los inventaba.

Mi juventud fue, pues, contar cuentos... “Contáme el del príncipe Rana, Lupita”... Y allá va la Lupe con el príncipe Rana, y por cuentas era muy “aspavientosa”, con ademanes y todo, porque mi auditorio se admiraba, gozaba, reía e incluso lloraba. Ese fue mi público inicial, un público infantil allá en la Managua antigua.

Me acuerdo que también participé en una velada de los Chicos de la Prensa que organizó don César Vivas, periodista de La Noticia, ya tendría tal vez 14 años.

Don César llegó a prestarme donde mi papá, al que le dijo: “Ve, esa chavalita es bien despierta, bien viva, muy locuaz”. Así que de repente me vi participando en una obra que se llamó “La Virgen del Arenal”, que se refería a una supuesta aparición allá por el sector de San Juan de La Concha en el año 45 ó 46.

Don César hizo esa pequeña obra en la que yo hacía el papel de una muchacha que trabajaba en una casa como doméstica, y como era muy bonita, muy agradable, le llega a gustar al hijo del patrón...

¿Y sabés quién era ese actor?, pues Raúl Cuadra Chamberlain, ese fue mi primer galán. Cuando en la obra los padres le reprendían por haberse enamorado de una doméstica, él respondía: “Pues este confite y yo nos vamos, y si ustedes no me dan el permiso, la Virgen del Arenal me lo va a dar, porque yo sí creo que aparece, y ésta es una buena muchacha y con ella me voy a casar”.

Esa fue una experiencia de mi época de “teenegers”, antes que apareciera en mi vida el profesor Julio César Sandoval.


TALENTO NATO

Guadalupe Moreno, o Martha Cansino, como se le conoció en el mundo de las radionovelas, era una excelente cuenta cuentos, según dice ella misma.

Su primer auditorio fueron las vecinitas que se reunían todas las noches en la acera de su casa para escucharla contar cuentos, con los que las hacía reír, gozar y hasta llorar.

Su primera actuación fue en la obra “La Virgen del Arenal”, escrita por don César Vivas, y su primer galán fue don Raúl Cuadra Chamberlain.

Martha Cansino se siente una mujer realizada porque ha recibido grandes satisfacciones... “Pero la vida no es color de rosa”, reflexiona.


ELLA ES LA ESTRELLA

Para destacar ella no necesita pasarelas, ni rayos láser ni luces artificiales. Ella es la luz. Ella es la estrella, la luz depende de ella. Al regresar Martha a la patria, los miembros de la Unión Nicaragüense de Radiodifusores “Lorenzo Cardenal”, en su Primer Congreso Internacional, le brindaron un merecido homenaje.   
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