Libertad de prensa y ética periodística
Con motivo de celebrarse hoy el Día Mundial de la Libertad de Prensa, el organismo internacional Periodistas Sin Fronteras dio a conocer su informe anual en el cual señala que “en Nicaragua, el último año del mandato de Arnoldo Alemán estuvo marcado por la multiplicación de actos hostiles contra la prensa”. Eso es cierto, sin duda, pero ahora es necesario reconocer que el presidente Enrique Bolaños restableció el tratamiento respetuoso del Gobierno a los periodistas, puso fin al chantaje gubernamental con la asignación de las pautas publicitarias del Estado, prometió que no habrá más “terrorismo fiscal” contra LA PRENSA ni contra nadie.
En 1991, la conferencia general de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), acordó que el 3 de mayo de cada año debe celebrarse el Día Mundial de la Libertad de Prensa “con el fin de consagrar sus principios fundamentales, de brindar la oportunidad de informar al público sobre las violaciones de la libertad de expresión y recordar que a diario hay periodistas que, por cumplir su misión informativa, desafían a la muerte y la prisión... Y para reflexionar sobre la ética profesional y la importancia de la libertad de prensa y para apoyar a los medios de comunicación libres e independientes”.
Al respecto, debemos señalar con satisfacción que desde marzo de este año LA PRENSA es el primero y hasta ahora único medio de comunicación de Nicaragua que cuenta con un Código de Ética Periodística y un Manual de Estilo para elevar la calidad profesional de la información y la opinión que le servimos al público, y para cumplir nuestra obligación de corresponder con la responsabilidad informativa al ejercicio de la libertad de prensa.
“La libertad de información y de prensa se protege en la medida en que los medios informativos y los periodistas desempeñen su trabajo profesional con un elevado sentido de responsabilidad, veracidad y profundidad en el contenido de sus notas e investigaciones”, se dice en el Código de Ética Periodística de LA PRENSA, que “se basa en el principio de que la responsabilidad de asegurar su observación depende de los mismos periodistas”.
Esto significa que nosotros mismos nos regulamos éticamente, y que no aceptamos censuras directas ni indirectas de los poderes públicos, económicos, políticos y espirituales, ni de nadie. Y significa, además, que tampoco practicamos la auto censura, como pretenden que lo hagamos algunas personas que de buena fe o por defender a los corruptos, nos acusan de violentar la privacidad de las personas cuando publicamos informaciones —incluyendo fotografías— sobre el modo de vida de algunos altos funcionarios y ex funcionarios públicos.
Igual que todos los periódicos independientes de los países donde hay libertad de información, LA PRENSA publica informaciones que revelan aspectos de la vida privada de algunos funcionarios y ex funcionarios de gobierno sólo cuando consideramos que tienen valor noticioso o que aportan datos de importancia histórica. Al respecto, nuestro Código de Ética señala expresamente que para ser publicadas fotografías “que violenten la vida privada de las personas, deben tener suficiente valor periodístico como para sobrepasar el daño que se pueda causar a las personas retratadas”; y que: “sólo en casos en los que detalles de la vida privada de un personaje público tengan verdadera relevancia social puede LA PRENSA inmiscuirse en ellos”.
Por ejemplo, las fotografía de algunos funcionarios y ex funcionarios gubernamentales reunidos en una piscina privada con el ex presidente Arnoldo Alemán, así como las de los lujosos apartamentos de Byron Jerez en Miami, fueron publicadas sólo después que sopesamos su valor informativo en relación con el derecho a la privacidad de las personas afectadas, y al considerar que dichas fotos aportan al público valiosa información noticiosa e histórica.
Por supuesto, que al tomar este tipo de decisiones podemos eventualmente equivocarnos —la práctica de la libertad obliga a correr riesgos—, y si así ocurre no vacilamos en reconocer el error y ofrecer públicamente nuestras disculpas. Lo que no podemos hacer es dejar de informar acerca de todo lo que tenga valor informativo, previa comprobación de su veracidad y valoración de su real interés público. 
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