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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 16 DE MARZO DE 2002
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Raudos Apatridas

Juan Sobalvarro

En la esquina donde rompe el frío
hay voces escalando los muros escarlatas
el olor de grasa refrita es un himno urbano
que explica por qué los días se repiten
por eso descendemos a los tranvías
y nos ataca en fiebre amarilla su luz.
Crecen palabras ininteligibles
letras florecidas en chorros iridiscentes
un niño dice improperios con ojos curvos
los túneles regurgitan manteca en tenebrez.
La entraña de Berlín nos traga
nos instala en situación anónima,
ahí recordé algo futuro, otro hemisferio
la inscripción en San José:
“tengo una pistola nueve milímetros
para matar a estos nicas hijos de puta”.
Y fuimos perseguidos por charolas guturales
en los costados nos latían pasaportes cobardes
documentos de legalidad vergonzante
nos flagelaban el temperamento apátrida.
Pero nos refugiamos en una nube
de pigmento espeso
el sabor de toneles húmedos por compañero
las salchichas ardían en poniente
un espectro de cebollas asadas
coronó esencia celestial
el carbón sintético figuraba divino inoloro.
La noche se había instaurado entre edificios desgarrados,
en un pabellón danzaban colores ebrios
par de hombres que eran mujeres besábanse a zarpazos,
en ese instante alguien decidió que ya no podíamos ser menores de edad.
Nos impusimos nueva latitud
rociados de sal en la carne
sol y sal que murmuran la tímida piel,
el cielo ondeando en retórico celeste,
profuso en su alusión de bandera,
hombres poblados de noche casi en totalidad
mujeres ebrias de rencor bajo los faros violetas
la generalidad de los cuerpos poseídos
por una música cimbreante
anudados en danza y arresto,
pero con la mirada siempre bordeada de sangre.

Ahí también ilegítimos
pillados por la inquina tribal
donde sea, la caverna
el hombre depredador del hombre.

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Como si fuera poesía


Fin de siglo


Raudos Apatridas


Las estaciones del año son cuatro:


Shakespereana


El parto


Altas horas


Jesús sensorial


¡No era verdad!


Ángel de las olas