Acerca de los cargos de “dirección”
Hugo R. García
El prestigio de un gobierno, llámese como se llame, se sustenta básicamente en la formación positiva de su Gabinete y de las estructuras departamentales en lo general, ya que lo suficiente no radica en que las bases sean sólidas si el resto de su imagen no satisface las demandas de una comunidad.
En el caso específico de Somoto, se estima que la formación en lo que respecta a los cargos de “Dirección” tiene que hacerse con mucho tacto, es decir, que los nombramientos tengan calidad y no se hagan por complacencias personales o favoritismos de orden “político”.
Se debe tomar en cuenta como condiciones indispensables la capacidad y la honestidad, porque de nada sirve que sólo la capacidad sea punto de referencia si en el funcionario hay ausencia de honestidad. Tienen que entrar en juego los dos aspectos para que la administración del país marche bien y no se den objeciones pudiendo evitarlas.
En Somoto ha sido vieja tradición conceder un cargo de “Dirección” por concepciones politiqueras; haciendo a un lado los merecimientos que alguien debe reunir para optar a una determinada responsabilidad que potencialmente se requiere a fin de que el Gobierno mismo pueda a través de este mecanismo alcanzar el grado de credibilidad que le permita mostrar una imagen aceptable.
Como en Somoto el liberalismo constitucionalista es una “caldera hirviendo” por las muchas divisiones que afloran en su seno y todos los involucrados en esas confrontaciones quieren “mandar”, se ha vuelto una montaña de problemas la escogencia de los cargos de “Dirección”. De complicarse esta situación, sería competencia del Poder Ejecutivo “poner las cosas en su lugar” y no permitir que los politiqueros de la provincia acostumbrados a la arbitrariedad y al abuso quieran imponer sus voluntades nombrando a quienes ellos les plazca.
El pueblo tiene el derecho ganado para que se les nombre autoridades eficientes y honradas, y no a elementos que surjan de circunstancias improcedentes solamente por el hecho de haber sido un “activista” en la pasada campaña electoral o un adulador de los “políticos” de turno a quienes les fascina que les rindan a sus pies la enfermiza acción del servilismo.
En Somoto tiene que darse un sentido de justicia en la escogencia de los cargos de “Dirección” y no dejarse llevar por complacencias particulares o porque la persona propuesta sea del agrado de las “argollas” locales. En este sentido debe haber seriedad; no confundir los intereses de los “mandamás” y tener en cuenta que el pueblo votó masivamente por el cambio, y no para que los “políticos” de escritorio sigan todavía haciendo lo que les dicta sus ambiguas ambiciones.
Se dice que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, pero en el caso concreto que nos ocupa si el pueblo de Somoto votó por el cambio es para que le venga lo bueno y no lo peor, y lo peor sería que se escogiera para los cargos de “Dirección” a personas afines a los círculos de corrupción que operan en Somoto y que con su política dañina han destruido y siguen destruyendo todo concepto de democracia.
Somoto sigue cargando con la frustración de siempre, con la frustración de todos los tiempos, de ser una ciudad echada a “su suerte” por culpa de los pésimos “políticos” que tiene y que en nombre de un falso liberalismo continúan promoviendo un estado de cosas verdaderamente asfixiante y propulsor de toda descomposición social que de no frenarla a tiempo puede desembocar en muchos agravantes que inevitablemente producirán una repercusión a niveles superiores, ya que nada se escapa al conocimiento de arriba y por consiguiente “las peras de maduras se caen”.
El Partido de Gobierno en Somoto se halla secuestrado precisamente por quienes nunca han asimilado sus principios, ya que si alguna vez hubieran captado en sus conciencias lo que originalmente representa esta ideología, no incurrirían en los extremos de abuso que han venido efectuando a espaldas de otros “cuadros” que desde una trinchera distinta abogan por una transformación política que responda a la alternabilidad de autoridades para no caer en los estilos totalitarios que dejan, sin lugar a dudas, efectos poco recomendables.
El autor es periodista. 
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