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Desayuno en el alba
Juan Velásquez Molieri
Has venido temprano en la madrugada y tocado el costado sobre el que duermo quedo, a susurrarme que debo despertar que el día y sus obligaciones han llegado.
Desde el letargo que prosigue al sueño quedas las voces por el esposo que dormita oigo que rápido ordenas y dispones de la servidumbre y las cacerolas.
Desde el lecho te imagino en el ir y traer objetos de cocina y ordenar la puesta de la mesa; un mantel blanco, como la luz de la luna posada inmóvil ante la ventana de esta habitación en la que evoco este antiguo rito.
Asciende violento el sonido del chisporroteo cuando sobre el olivo que hierve pones trocitos de cebolla y puntitos de sal y cuando quiebras el frágil cóncavo ovoide que contiene la espesa masa de amarillo líquido que bajas, posas y arde dócil y quedo.
Tranquila y paciente comienzas a dar forma sabor y consistencia al alimento.
Luego te sientas y balanceas la mecedora esperándome para compartir este desayuno en el alba, que precede al postrer día en que todo ha de finalizar.
Noviembre 2001. |
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