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Diálogo con Manlio Argueta
David Hernández*
Con seis novelas claves en la narrativa salvadoreña, la obra de Manlio Argueta (El Salvador, 1935) ha devenido a nivel internacional en una referencia obligatoria para los especialistas y amantes de la literatura latinoamericana. Es, junto con Roque Dalton, la expresión literaria por excelencia de la salvadoreñidad, sobre todo en Estados Unidos y Europa. Novelas como “Un día en la vida“, “Cuzcatlán, donde bate la mar del Sur“ o “Milagro de la paz“ han sido editadas en EE.UU. por editoriales como “Random House“; y en Europa por sellos como Mondadori, Sifritaat Mariv, Chatto & Windus, editoriales alemanas, rusas francesas, holandesas. Traducido a más de 12 idiomas, incluyendo el hebreo, el árabe o el iraní, Argueta es referencia obligada en cualquier coloquio o congreso sobre la novelística regional. La presente entrevista, realizada en España hace algún tiempo y revisada recientemente por el propio Argueta para los lectores de Librusa, se abordan algunos de los temas claves de su obra y se ofrecen puntos de partida para una discusión sobre los nuevos cánones literarios y culturales en El Salvador después de la firma de los Acuerdos de Paz de 1992. En la actualidad Manlio Argueta es director de la Biblioteca Nacional de El Salvador.
¿Hay además una labor fundacional en tu novelística, se siente la necesidad de nombrar, deinventar las palabras de la tribu. Dentro de ese contexto, en “Cuzcatlán...”, describes por ejemplo la piedra de moler maíz, un instrumento milenario indígena que aún se usa en el país...?
Sí un elemento que todavía sigue siendo enlace entre la cultura precolombina y el mestizaje moderno. No hay un rincón en El Salvador, donde a las doce del día no se coman tortillas. Nadie se sienta a comer en el país si no llega la tortilla, la mujer que vende las tortillas en cada uno de los barrios o residenciales, el maíz está omnipresente tanto en las grandes ciudades como en las aldeas y caseríos, en la casa del rico como en la del miserable, el maíz es elemento de comunión y enlace social.
¿Ves un surgimiento cultural en los jóvenes escritores?
Sobre todo con los que aún no han cumplido los treinta años, que fueron adolescentes en el período de la guerra (1980-1992). Ellos si podrán partir de una tradición y tú lo ves, hay jóvenes poetas que se desmarcan de la poesía fácil, con otras actitudes en la poesía, que se olvidan de la propaganda poemática, y que toman conciencia de que la poesía es algo más que el sentimiento personal de uno, que se distancian del subjetivismo y el interiorismo del poeta principiante. El sentimiento personal de uno se tiene que transmitir hacia los otros como su propio sentimiento y no como una visión mecánica del sentimiento propio hacia el lector, sino hacer que siempre uno sea la base para despertar en el lector otro tipo de emociones a través de la poesía. El panfleto, que se justifica en las épocas de furia que hemos vivido, no se sostiene como poema, porque quiere trasladar experiencias emotivas de manera mecánica.
Hay nuevas voces, por ejemplo Roger Lindo, Carlos Santos, Ottoniel Guevara, con un tipo nuevo de poesía y otros y otras que han comenzado a proyectarse después de la guerra. Pero quizás sea en la narrativa donde se están dando a conocer varias expresiones importantes, tú mismo, Claudia Hernández, Horacio Castellanos, Mauricio Orellana, Carlos Castro, Jacinta Escudos, Rafael Menjívar, Luis Alvarenga...
¿Hay nuevos espacios a nivel cultural en el país a partir de los acuerdos del 92. Roque Dalton ha dejado de ser un poeta maldito, ha sido indultado e incluso declarado Hijo Benemérito, Poeta Merítisimo del país por la Asamblea Legislativa; tu obra ha sido publicada por las esferas oficiales; Oswaldo Escobar Velado, hasta hace poco un poeta teñido de rojo, por comunista, ha sido publicado por el Ministerio de Educación. En El Salvador primero asesinan a los poetas y luego los declaran Héroes Nacionales. Por otro lado, es indiscutible que existe un vacío intelectual en el país que debe ser llenado con escritores otrora“prohibidos”.?
Pienso que la apertura va más allá de eso. El mito y la satanización que se había hecho de ciertos escritores que surgieron después de la década del 50 se está rompiendo.
Claro, primero esto se rompió con los políticos, porque antes que con los escritores la apertura fue hacia los políticos, que ahora reinan desde sus posiciones ganadas. Actualmente tú puedes ver todos los días en la televisión y los medios de comunicación a los que fueron comandantes guerrilleros junto con los políticos de derecha departiendo, tomando café y hablando sobre los problemas nacionales o contándose chistes. Entonces era una insensatez que los políticos no se entendieran y que los escritores prohibidos no pudieran compartir ese mismo espacio. Porque éste es un espacio que hemos ganado todos, políticos, escritores e intelectuales. Yo creo que esta apertura que ha nacido desde la derecha es producto de una conciencia que nace del consenso social en el sentido de ampliar los beneficios culturales que esto pueda tener para la nación salvadoreña, aunque en el campo social estamos igual o peor que antes de la guerra. Sin embargo, se trata de ir estructurando una nueva nación entre todos, donde no pueden quedar excluidos los intelectuales ni los productores de bienes tangibles. La misma dinámica de los políticos ha hecho que los intelectuales tengan un papel en esta recuperación de los valores nacionales culturales, lo cual incluye a Roque Dalton en primer lugar y a sus compañeros de generación así como a Oswaldo Escobar Velado. Influye el hecho de que están muertos, pues con los que aún estamos vivos la aceptación es lenta o simplemente se toma con indiferencia, pero esto es un problema de falta de formación y educación política que se va a superar tarde o temprano, mientras tanto nosotros debemos hacer lo que nos corresponde ya que pudimos salvarnos en épocas de esos años difíciles que ahora parecen horripilantes.
¿Qué proyectos literarios tienes?
Tengo varios proyectos, lo que hace falta es tiempo. Me he dedicado al trabajo cotidiano de promoción cultural, lo cual es contradictorio porque me roba el tiempo que podría dedicar a la literatura. Pero sigo pensando que El Salvador es un país que tiene en estos momentos emergencias que no sólo pertenecen a la esfera política sino también en lo cultural y educativo.
Quisiera volver a la poesía, terminar una novela en proceso de corrección y elaborar literatura para jóvenes. Tengo retrasados por lo menos tres temas de novela, pero imagínate, con los tres terremotos en menos de tres meses, más la desesperación social, no es fácil concentrarse en el trabajo de ficción, como que la verdad, te hunde, te da una patada en el hocico, y debes superarte del golpe. A nivel crítico te diré que hemos sido promotores culturales, promotores sociales que hemos compartido con una labor de escritores, eso no me pesa, por el contrario, creo que es un mérito de gran parte de los escritores centroamericanos. Pero por otro lado, hay que interiorizar este problema y procesarlo a nuestro favor y a favor de la literatura regional, ya es tiempo de que nos demos un puesto específico como escritores y compartir el asombro y la sensibilidad con los otros sectores, a los que les corresponde con mayor propiedad solucionar esos problemas sociales inmediatos. Nuestro país está en proceso de institucionalizarse, las fuerzas políticas de izquierda están insertadas en el espectro político legal. Es a ellos a quienes corresponde desarrollar la labor que hicimos los intelectuales en la época de dictaduras militares y lucha antioligárquica; porque además, desde la civilidad no tienes espacio, los Acuerdos de Paz, negociados por los políticos se dejaron el espacio para ellos mismos y tenemos que respetarlo pues forma parte de las leyes constitucionales. Eso no impide que como escritores no vamos a tocar lo intocable con nuestra sensibilidad, porque en fin somos irredimibles en cuanto a mantenernos en una estética de lo extremo, justificable ennuestra Centroamérica de hoy que todavía sigue siendo la de ayer en muchos aspectos.
¿A qué se debe esa práctica centroamericana más inclinada a la poesía. ¿Por qué quisieras volver a la poesía?
Hay varias razones. Una es que el tiempo que te exige una novela es demasiado intenso y se carece de ese espacio, por vivir en países de eterna emergencia, y a la vez de eterna primavera; con pocos recursos para publicar, decime quién se va a dedicar a escribir novelasque nadie quiere publicar. Mientras que la poesía te permite disponer de períodos breves, o islas creativas, te facilita escribir un libro de poemas en un año aunque andes errante o asalto de mata, cosa que no puedes hacer con la novela que te exige tiempo completo, mayor inversión de tiempo continuo. Por otro lado, llevamos en nuestra sangre la vena poética de la cultura mesoamaericana, que dio al gran Rubén Darío. En mi situación personal puedo decirte que me encantaría volver a mis raíces de poeta, porque no me basta con saber que puedo desarrollarla en la narrativa. La poesía te permite un ejercicio mental de la palabra y la ideasintética. La poesía es más matemática, más exacta, exige más interiorización del escritor. Si eres narrador, escribir poesía puede generarte calidad en los otros géneros. Y una última razónes que la poesía te sirve de catarsis en un país con tantas contradicciones, con tanta violencia, con una paz que dejó invisibles a muchos protagonistas, a la mayoría de la civilidad humildeque no pudo mitigar su dolor, a miles de aquellos campesinos de origen indígena que te contaba al principio. Los poetas, por lo menos podemos contar con un pañuelo de lágrimas que permite sobrevivir en función de las necesidades de sobrevivencia de los demás.
*DAVID HERNÁNDEZ, escritor y periodista salvadoreño. Tiene un PhD en Filología por la Universidad de Berlín, M.A. por la Universidad de Hannover, ha publicado las novelas “Putolión“ y “Salvamuerte“ así como varios libros de ensayo.
Tomado de librusa. |
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