María Alejandra Miranda preparada para Desfile Hípico
Leslie Ruiz Baldelomar leslie.ruiz@laprensa.com.ni
María Alejandra Miranda es la segunda señorita que será homenajeada durante el “Desfile Hípico de Damas 2002” a efectuarse este 8 de junio. “Cuando me comunicaron lo del homenaje me sentí muy feliz, porque considero que por fin están valorando mi trabajo de todos estos años”, expresó Miranda con una enorme sonrisa que hacía juego con sus hermosos ojos color azabache.
Miranda, de 20 años, comenzó a montar caballo cuando tenía 10 años. Según la joven experta en doma, sus abuelitos fueron y continúan siendo los responsables de su dedicación hacia estos animales “el principal sueño de mis abuelos es ver montar a toda mi familia, desde el más chiquito hasta el más grande”.
Su primera experiencia fue con “La Dominguera”. Una yegua peruana demasiado mansa para su gusto. Pero ahora su caballo preferido es “El Míster”, caracterizado por ser rebelde, elegante, inquieto, pero dócil a la mano de María Alejandra Miranda. “Soy amante de los caballos ariscos porque me puedo dar el lujo de demostrar mi capacidad para domarlos”, dice. ¡Ella no conoce el miedo!
Tampoco se limita al montar: “No me importa si el caballo es español, peruano o iberoamericano. Lo que realmente me interesa es poder lucir tanto a la bestia, como a mí, y eso quedará demostrado el día del desfile”, expresó la digna representante de la capital del folclore, Masaya.
Desde que en 1998 fue la novia de los hípicos de Masaya, no se ha perdido ni un solo desfile de caballos excepto cuando se realizan en la zona norte del país. Nos comentó que por tal motivo no se perderá de estar presente en el “Carrusel del Show de Gala”, que año con año se exhibe en la feria Expica. “En todos los desfiles trato de lucirme al máximo y dejar bien claro que las mujeres sí podemos montar un caballo con astucia y elegancia”, señala.
¿Qué se necesita para ser excelente domadora ecuestre? María Alejandra Miranda nos regaló sus secretos. Primero se debe conocer muy bien al caballo, es decir, saber cuáles son sus debilidades y fortalezas. Luego empezar a practicar con él; aquí es momento de premiarlo cuando obedece o castigarlo cuando hace algo malo. Guardar los límites de la concentración, que como en todo oficio o profesión, forma parte de los pilares del éxito, y finalmente establecer comunicación con el equino. No sólo durante una exhibición o una competencia, sino diariamente. 
|