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SáBADO 8 DE JUNIO DEL 2002 / EDICION No. 22753 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Blanco y negro
Por una vez, comencemos por el principio

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Eduardo Enríquez
eduardo.enriquez@laprensa.com.ni

Bueno, ya el gobierno pasó el trago amargo del alza energética, ahora falta que lo asimilemos nosotros, los consumidores. De aquí a unos tres meses nos habremos acostumbrado, para entonces sentiremos la carga igual de pesada que siempre. Hasta la próxima vez.

Y lo malo es que esa próxima vez va a ser dentro de seis meses. Así es, el contrato que el gobierno anterior firmó con Unión Fenosa contempla entre el 2002 y el 2004, la revisión anual de las tarifas. Eso quiere decir que dentro de 180 días tendremos otro aumento, o en el mejor de los casos, otra guerra de nervios de esas que hacen a los empresarios posponer sus inversiones, y que uno navegue en un mar de incertidumbre, por no saber de cuánto va a ser el golpe.

Esto de los costos de la energía va a ser cuento de nunca acabar, un parche y un ancla para el desarrollo, mientras no se resuelva el problema de fondo: antes de pensar en traer inversionistas, en ser competitivos, en bajar el desempleo o en tener dinero para programas de desarrollo, salud y educación, tenemos que comenzar por abaratar los costos de nuestra productividad.

Y el costo primordial es el de la energía eléctrica. Es obvio, para darse cuenta de eso no es necesario traer a un gurú de la competitividad como Michael Porter. Pero si vamos a mantenernos generando energía a base de bunker, los costos nunca van a bajar.

La razón por la que tenemos una generación basada en bunker viene de lejos: el abandono en que dejó el gobierno sandinista la generación de energía eléctrica, y que a partir de 1990 había que resolverlo pronto.

Uno se acostumbra rápido a lo bueno e igualmente se olvida de lo malo. Por eso ya nadie se acuerda de las calles oscuras y del racionamiento que incluía largas horas sin luz. Eso se acabó porque se invirtió en las antiguas generadoras estatales, se trajeron otras como la de Las Brisas y rápidamente se instalaron empresas generadoras privadas, pero todas a base de bunker.

Esa era una solución inmediata que simplemente —y aprovechando los bajos precios del petróleo en ese momento— compraría tiempo para que se montaran las bases de la generación más barata y a largo plazo: hidroeléctrica, geotérmica e incluso eólica.

Pero como siempre, cuando vieron que el problema estaba “solucionado”, los del gobierno se dedicaron a otros menesteres. Muchos de esos menesteres tienen hoy a ex poderosos funcionarios en la cárcel, huyendo o escudándose en inmorales inmunidades.

Ya estamos claros de que esto no se soluciona de la noche a la mañana, que no podemos capearnos el golpe del próximo año y tal vez hasta el del 2004, pero por una vez, comencemos a hacer las cosas por el principio, este gobierno debe ya, hoy mismo, comenzar a buscar alternativas a la generación de energía con bunker.

Para algo debe servir esa “Comisión Nacional de Energía”, así como tanto volcán por la región del Pacífico, o tanto río y tanta pluviosidad en la costa Caribe, o tanto viento en Jinotega y El Crucero. De lo contrario, ni San Michael Porter nos va a hacer competitivos.  
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