Reportaje especial
Una nueva nación, un nuevo rol
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 | Alemania aspira y busca un nuevo papel en el mundo acorde con su potencial económico y posición geopolítica |
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Soldados de la Bundeswehr en un entrenamiento. |
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Alberto L. Alemán alberto.aleman@laprensa.com.ni
TERCERA DE 4 ENTREGAS BERLÍN.— Lejanos parecen los días, apenas doce años atrás, cuando este país era un gigante económico y un enano político.
Hoy, sabiéndose la economía más fuerte de Europa y uno de los motores indispensables de la Unión Europea, Alemania poco a poco ocupa un lugar correspondiente a este estatus entre los líderes mundiales.
Tras los ataques del 11 de septiembre, el jefe del Gobierno, el canciller federal Gerhard Schroeder declaró una “solidaridad ilimitada” con Estados Unidos. La Policía alemana colabora plenamente con la investigación de los atentados, el Gobierno organizó una conferencia internacional para la reconstrucción de Afganistán, provee una parte significativa de los fondos para ese fin, y la Bundeswehr (Ejército) envió a mil hombres a tareas de mantenimiento de la paz en ese país asiático. Su mandato fue extendido hace unos días hasta finales del año. Varios de ellos murieron al tratar de desactivar un artefacto explosivo abandonado hace dos meses.
En abril, un atentado terrorista en Túnez cobró las vidas de más de una docena de turistas alemanes. Sus ciudadanos son ahora también blancos de los extremistas islámicos que odian a muerte a Occidente.
Con la salvedad de diferencias sobre protección al medio ambiente, la apertura de una Corte Penal Internacional y un probable ataque a Irak como siguiente capítulo de la guerra contra el terrorismo, Schroeder pudo hace dos semanas reiterarle en Berlín al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, la amistad de su país.
Todo a pesar de numerosas protestas, algunas multitudinarias, en desaprobación de la política exterior estadounidense.
Otra gran aspiración alemana es convertirse en uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, acabando con un vestigio del fin de la Segunda Guerra Mundial. Ese privilegio ha sido reservado para los grandes vencedores de la guerra: EE.UU., Rusia, Gran Bretaña, Francia y China.
EL PRECIO
El precio pagado para llegar a este momento fue muy alto. La Alemania nazi fue el gran perdedor de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), y la nación tuvo que aceptar por 40 años las consecuencias de la derrota nazi: la división en dos Estados opuestos por la ideología y la Guerra Fría, la ocupación por las potencias vencedoras.
El pueblo alemán debió vivir consciente de que sería el primer teatro bélico en caso de desencadenarse una guerra nuclear o convencional entre los dos bloques enemigos.
Desde su concepción en 1949, la República Federal de Alemania (RFA), el Estado occidental alemán, fue incorporada a la estructura política más importante de Occidente: la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Estados Unidos y sus aliados europeos daban así la oportunidad de que Alemania fuese otro de ellos.
La infusión de capitales del Plan Marshall (1948-1952) para revivir la economía occidental y el duro trabajo de los alemanes, condujeron al “milagro económico alemán” de los años 50.
Para esas fechas se pone la primera piedra de lo que hoy es la Unión Europea (UE). Se crea la Comunidad Europea del Carbón y el Acero en 1952. Alemania está entre sus fundadores.
De la zona de ocupación soviética nacería la República Democrática Alemana (RDA), un Estado satélite del Kremlin con un régimen estalinista que permaneció inflexible hasta su muerte en 1990.
BUSCANDO UNA NUEVA VISIÓN
En la UE, no hay unas relaciones bilaterales más importantes que las de Francia y Alemania. Esa relación es el soporte de la integración europea. Ambos Estados pusieron fin a una larga rivalidad histórica y son ahora socios.
Hasta 1990, Francia llevó la voz cantante en la relación. Todas las iniciativas políticas importantes exteriores eran consultadas por los cancilleres alemanes a los presidentes de Francia. Ese tango fue bailado por Konrad Adenauer, el primer Canciller de la RFA, y el general Charles de Gaulle, presidente francés, y por sus sucesores respectivos, hasta el dúo de Helmut Kohl y Francois Mitterand activo a principios de los 90.
El fin de la Guerra Fría permitió la reunificación de Alemania en 1990. Con ello, este país de 83 millones de habitantes y la tercera economía del mundo, comenzó a abrirse hacia un papel más activo en los asuntos mundiales.
Francia, con una economía más pequeña y menor población, ha perdido influencia en las relaciones europeas. Alemania hace la mayor contribución al presupuesto comunitario.
Volker Ruehe, ex ministro de Defensa de Kohl, dijo en una ocasión que cuando se trataba de financiar acciones internacionales, todos decían “los alemanes al frente”. Para Ruehe, llegaba la hora de ir al frente, pero no sólo al financiero.
AMPLIACIÓN DE LA UE
En círculos políticos y de opinión, se toma el 1 de enero de 2004 como la fecha probable de la entrada de nuevos miembros a la UE. Hungría, Estonia, Eslovenia, Polonia y la República Checa están entre los candidatos más fuertes.
Una consecuencia prevista por analistas y columnistas del continente es que el centro geográfico y político de Europa se fortalecerá en Alemania.
Roger Boyes, corresponsal del prestigioso diario británico “The Times” en la capital alemana, escribe que ni Francia, ni Bruselas, ni Londres son los lugares para un corresponsal extranjero. Francia está muy débil, Londres no comulga con el euro, la moneda común europea, y Bruselas es un mero centro burocrático.
“El lugar a observar es Berlín. La ampliación hacia el Este fortalecerá la posición geopolítica de Berlín de un modo y de una manera que algunos no han comprendido”, opinó Boyes. 
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