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SáBADO 8 DE JUNIO DEL 2002 / EDICION No. 22753 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Transgénicos: ¿maldición o bendición?

En las últimas semanas, el tema de los productos transgénicos —u organismos modificados genéticamente— ha estado presente en los medios de comunicación, después de que una coalición de organizaciones no gubernamentales, encabezada por el Centro Alexander von Humboldt, dijera que había detectado la presencia de transgénicos en unos cereales donados por el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

La coalición mencionada, que se identifica como una “alianza por una Nicaragua libre de transgénicos”, incluye al capítulo nacional de Friends of the Earth (Amigos de la Tierra) una de las organizaciones ambientalistas más radicales del mundo, que encabeza el movimiento antitecnológico de la agricultura en 63 países.

En un “documento de denuncia”, dicha coalición señala que “los impactos de los transgénicos u organismos modificados genéticamente en el ambiente y en la salud son ampliamente desconocidos...”. No obstante, en el mismo documento deja la impresión de que son perjudiciales para la salud.

Señala la mencionada coalición antitransgénicos que “la comunidad científica no se ha puesto de acuerdo sobre su seguridad...” Sin embargo, si bien es cierto que algunas personas de ciencia se oponen a ellos, la vasta mayoría de la comunidad científica no lo hace, incluyendo a la prestigiosa Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, una organización fundada en 1863 que tiene la responsabilidad de aconsejar al gobierno federal de ese país en asuntos técnicos y científicos. Pero aparte de lo anterior, es importante notar que los productos alimenticios genéticamente modificados son consumidos en países del Primer Mundo como Canadá, Japón y Estados Unidos.

Al respecto, en las páginas de opinión de LA PRENSA de ayer publicamos un artículo de la señora Marilyn Zak, directora de la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (USAID) en Nicaragua, en el que ella hace ver que los alimentos con que su país contribuye al PMA “son los mismos que 282 millones de norteamericanos consumen diariamente”.

La pregunta es, entonces,que si no existe evidencia empírica que demuestre que los productos transgénicos son perjudiciales para la salud, y si son consumidos en países desarrollados que tienden a ser muy cuidadosos en materia de alimentación, ¿con base en qué se justificaría entonces la oposición a la donación de cereales referida?

Por otra parte, en el mismo documento, la coalición hace referencia a unas proteínas que fueron encontradas en los cultivos de experimentación del Programa de Mejoramiento de Semillas de la USAID-PROMESA que opera en Nicaragua, dando la impresión de que se está trabajando con transgénicos, aunque termina diciendo que “los análisis de laboratorio de los cultivos de experimentación revelaron, asimismo, que existía la posibilidad de contenido transgénico en el límite de detección”, una frase que, por decir lo menos, es poco clara, pero que en el fondo quiere decir que no encontraron evidencia alguna. Además, la señora Zak dice en su artículo de ayer que “el proyecto [PROMESA] no ha experimentado, no experimenta, ni experimentará con semillas genéticamente modificadas sin la aprobación del gobierno nicaragüense”.

La coalición contra los transgénicos pide, entre otras cosas, “que las agencias de ayuda alimentaria emitan una declaración en la cual se comprometan textualmente a no ingresar al país alimentos modificados genéticamente”. Es obvio que el gobierno de Nicaragua tiene la última palabra en cuanto a si dejar ingresar o no ese tipo de alimentos, pero ante la experiencia de consumo abierto de esos alimentos en países desarrollados, sentimos que la petición de la coalición perjudicaría a los beneficiarios de esas donaciones, que son, precisamente, las personas más pobres de Nicaragua.

Es curioso que siendo Nicaragua un país donde la productividad del cultivo del maíz es tan baja, los miembros de la coalición propongan también que “se implemente un Programa de rescate y promoción de semilla criolla”, mientras al mismo tiempo piden que se declare a Nicaragua “como una región libre de Maíz Transgénico” que, según los entendidos en la materia, podría aumentar dramáticamente la producción de ese alimento básico.

El debate apenas empieza, pero es importante que se tome en cuenta la evidencia científica y empírica que hay sobre los productos transgénicos, y no sólo las preferencias ideológicas y políticas de algunas personas que participan en la discusión.  
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