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SáBADO 8 DE JUNIO DEL 2002 / EDICION No. 22753 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Pan y vino

Bayardo Mejía Henríquez

No es justo el que hace justicia, sino el que pudiendo ser injusto no quiere serlo. El despido del procurador especial Dr. Alberto Novoa pudo haberse obviado, pero evidentemente que el Dr. Novoa cometió una “blasfemia” contra la jerarquía católica (no contra la feligresía), y el “celo” inquisidor del Sr. Fiallos, Subprocurador, no lo perdonó.

A este respecto me viene a la mente el apotegma de Voltaire (Francisco María Arouet, el gran pensador francés: “Yo podría no estar de acuerdo con alguien por su forma de pensar, pero daría mi vida por defender el derecho que tiene de expresarlo” ).

Siendo el Estado nicaragüense un estado laico, estoy en un todo de acuerdo con la opinión del Diario de los Nicaragüenses cuando editorialmente dejó sentado su pensamiento de que “Al César lo que es del César y a Dios que es de Dios”.

No estoy promoviendo una confrontación con la cúpula religiosa católica ni con ninguna otra religión sea evangélica, Testigos de Jehová, Adventista o cualquier otra, pues eso no traería ningún beneficio al país, pero sería deseable que las opiniones de los nicaragüenses cualquiera que sea su condición social, intelectual, económica, raza, etc. sean respetadas. Así lo consigna nuestra Constitución.

El Dr. Novoa demostró durante su actuación ser un jurista consulto eficaz, probo, responsable y franco, lo cual al parecer debe haber despertado “celos” entre sus superiores.  
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