Especial
Reserva Indio Maíz bajo el cristal científico
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 | Durante la expedición científica a la Reserva Biológica Indio Maíz investigadores de aves, mamíferos, peces, botánica, insectos, reptiles y anfibios recolectaron información sobre la cantidad de especies que anidan en la zona, muchas de ellas en peligro de extinción |
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Los especialistas en aves tomaron los datos de cada especie recolectada. |
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Gabriela Roa Romero gabriela.roa@laprensa.com.ni
TERCERA ENTREGA “¡Llevás 13!”, le gritó un militar a José Ricardo Urteaga cuando volvió a resbalar en el lodo, al intentar caminar más rápido en medio de la selva de la Reserva Biología Indio Maíz, porque era el último de la fila y sólo el militar venía esperándolo.
Urteaga acaba de terminar sus estudios de biólogo marino en Argentina y participó en la expedición científica a la Reserva Biológica Indio Maíz, en la que también concurrió un equipo de LA PRENSA, realizada durante el mes de mayo, con el objetivo de estudiar la diversidad pesquera de la zona.
“Nunca me había enmontañado y a último momento me compré unas botas salvajes en Granada, de cuero con una punta de plomo increíble, pero después de tres kilómetros en la montaña subiendo y bajando, las rodillas no las aguantaba”, recuerda.
Efectivamente Urteaga se quedaba atrás del grupo y por más esfuerzo que hacía para avanzar, iba abriendo surcos con sus botas de punta de plomo.
Hasta que por piedad, un militar cambió sus botas con él, “un poco más y las dejo botadas y me voy descalzo”, dice con un suspiro de alivio que no le duró por mucho tiempo.
Como a mediados de mes se llevó un susto tremendo cuando se sacó las botas y vio que sus pies estaban rojos, rajados y le ardían como nunca antes.
“Me dijeron: si querés seguir, tirate en tu hamaca por dos días”, y ahí estuvo dos días de ‘subsidio’, con los pies al aire libre y tratándose el pie de atleta que lo atacó, debido a la humedad de la zona.
Para esos mismos días la comida se acabó y los expedicionarios pasaron como tres días casi sin comer, hasta que les llevaron municiones.
Cuando llegaron los alimentos, la esperanza de recuperar energías para su cuerpo que estaba más delgado de lo normal, lo emocionó demasiado.
“Como a los 20 minutos de comer, empiezo a sentir unos retortijones horribles”, dice con un poco de pena.
Confiesa que estuvo a punto de tirar la toalla, “pensé: encima de que estoy desnutrido no puedo digerir lo que estoy comiendo, aquí mañana me mandan de vuelta en camilla”.
Con una larga sonrisa que ilumina sus ojos verdes, Urteaga ahora se ríe de sus experiencias en la montaña.
Aseguró que además de la enriquecedora experiencia científica, lo más valioso del viaje fue la lección humana.
Urteaga tuvo también inconvenientes para cargar su equipo de trabajo, pero logró encontrar varias especies de peces, propios de la zona.
Diario se iba a pescar al río con la ayuda de otros muchachos que utilizaban anzuelos o redes para capturar los peces, estudiarlos y luego cocinarlos en alguna sopa.
DIVERSIDAD DE ESPECIES
Pero muchas de las muestras de los investigadores se van a mandar a las universidades o museos para ser estudiadas y se va preparar un informe con todas las especies encontradas que servirá para destacar la importancia de la reserva.
Entre los investigadores se encontraban también especialistas en aves, peces, botánica, reptiles, anfibios, insectos y mamíferos que además de hacer su trabajo se apoyaban mutuamente.
Fabio Buitrago, director ejecutivo de la Fundación Amigos del Río San Juan (Fundar), aseguró que durante la expedición científica en la Reserva Biológica Indio Maíz, que organizaron en coordinación con el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena) y el Ejército, encontraron una diversidad de especies.
Algunas de las especies encontradas son nuevos reportes para Nicaragua, porque aunque tal vez se esperaba que existiera no estaban reportadas oficialmente.
Además destacó que lograron observar varias especies que se encuentran en peligro de extinción y por tanto se deben preservar, como la lapa verde, roja, el pavón, tucanes, caimanes, así como huellas de danto, jaguar, chancho de monte y árboles de caoba, cedro real y almendro.
“La mayoría de los investigadores esperábamos encontrar más especies, pero hay que aceptar que en áreas más grandes es más difícil encontrar animales, que en una pequeña”, admitió.
Con la información que se recoja de la expedición Fundar pretende, en coordinación con Marena, elaborar un plan de manejo para la zona.
“La idea es recoger los datos suficientes para justificar por qué es importante conservar esta área, siempre se habla de conservar el Río San Juan sólo cuando hay problemas fronterizos, sin saber con qué recursos cuenta realmente la zona”, subrayó Buitrago.
Rafael García Fernández, coordinador del grupo de expedicionarios, destacó que esta expedición va a crear una dinámica de trabajo, en una nueva generación de investigadores de trabajar unidos.
Entre los que participaron de forma voluntaria se encuentran representantes de Fundar, Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), el Ejército, Fundación Cocibolca, la Universidad Centroamericana (UCA), Herbario Nacional, Museo Entomológico de León, Programa Regional en Manejo de Vida Silvestre, Amigos de la Tierra, Agencia Española de Cooperación, entre otros.
NO HAY REGULACIÓN PARA INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS
La organización de la expedición científica a la Reserva Biológica Indio Maíz con un total de 30 investigadores, pasó por varios obstáculos, el más difícil: la falta de un marco legal.
Actualmente en Nicaragua no existen políticas que regulen las investigaciones científicas en un país con tantas áreas protegidas por investigar.
“Siempre nos hemos caracterizado por abrir caminos y esta expedición científica es la primera que se hace por tanto tiempo, con tanto personal científico junto y con todos los permisos”, dijo Fabio Buitrago, director ejecutivo de la Fundación Amigos del Río San Juan (Fundar).
Recordó que la idea nació hace un año, pero no comenzaron a organizar la expedición sino hasta en noviembre del año pasado.
“Fue difícil poner de acuerdo a tantos investigadores más, aún siendo tan rigurosos y críticos como son y además tener que resolver el problema del permiso”, dijo Buitrago.
Por tanto, se organizó la expedición en coordinación con el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), que se dio cuenta de la necesidad de establecer normas para este tipo de investigaciones en las que se va a recolectar animales que son parte del patrimonio natural de un país.
Pero como en Nicaragua no existe un Reglamento de Investigación Científica, se estableció un convenio general y se extendieron dos permisos donde se dictó un número máximo de colectas por especie.
“El problema es que la mayoría de la gente ni sabe que hay que pedir permisos para hacer este tipo de investigaciones, lo novedoso de la expedición no es sólo que se hace por primera vez, sino que se hace por primera vez bien, aquí viene cualquier extranjero y entra a cualquier área protegida y colecta lo que quiere y se va sin decir nada”, comentó Buitrago.
Lo anterior se debe principalmente a que no existen las normas para este tipo de investigaciones, ni los recursos para difundirlas, ni la capacidad para resguardar un área protegida.
“Es necesario crear un Reglamento para las investigaciones científicas”, reiteró.
Por su parte, Iván Ortega, director de la secretaría ejecutiva de la Reserva de Biosfera del sureste de Marena, aseguró que las direcciones correspondientes se van a encargar de elaborar una normativa para investigaciones científicas, con el objetivo de proteger la biodiversidad de Nicaragua. 
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