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MARTES 4 DE JUNIO DEL 2002 / EDICION No. 22749 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Copa 2002
Klose, poder y rapidez

Foto  
.El delantero alemán dispara su cotización después de marcar tres goles ante Arabia Saudí

Miroslav Klose (11), disputa el balón con un jugador de Arabia Saudita.

 

Santiago Segurola

GWANGJU.- La Copa del Mundo siempre ha sido un terreno fértil para el mercado. Bastan dos o tres partidos interesantes para que un jugador dispare su cotización, especialmente cuando el futbolista es joven y procede de alguna de las grandes selecciones.

Este es el cuadro de presentación de Miroslav Klose, delantero centro del Kaiserslautern y autor de tres goles frente a Arabía Saudí. Su nombre está en las cancillerías de los principales equipos de Europa. Así de sencillo.

Para los más ‘futboleros’, Klose no era un desconocido, a pesar de su corta trayectoria en el Kaiserslautern, donde debutó hace dos temporadas, con 22 años.

En un momento de transición en el fútbol alemán, al menos por lo que respecta a la selección, su irrupción provocó comentarios elogiosos: un delantero con el tradicional poderío alemán en el juego aéreo y con algunas virtudes que no se encuentran en gente como Carsten Jancker o Oliver Bierhoff, dos arietes con una teja en la bota.

Sin destacar por su habilidad, Klose tiene ciertos recursos con el balón y se caracteriza por su velocidad, que algunos comparan con la de Klinsmann, el último gran referente de la selección alemana.

El abigarrado mundo de arietes de la Bundesliga no hacía sencilla la llegada de Klose a la selección. Que todos fueran iguales beneficiaba a Klose, capaz de moverse por los costados, a diferencia de Jancker y Bierhoff, dos delanteros grandes y rígidos que se han alternado en el equipo alemán. En febrero del pasado año, seis meses después de su primer partido con el Kaiserslautern, Völler convocó a Klose para jugar contra Francia.

No jugó entonces, pero debutó a lo grande pocas semanas más tarde en un dramático partido contra Albania. Un gol suyo a dos minutos del final dio la victoria a Alemania, que había sufrido un calvario.

Poco antes, el entrenador polaco Jerzy Engel se había dirigido a Klose para implorarle que jugara con Polonia, su país de nacimiento. Natural de Opole, se trasladó con su familia a Alemania cuando contaba nueve años. Engel apeló a la relación de sus padres con Polonia. Tanto su madre, Bárbara, como su padre, Josef, fueron dos relevantes deportistas en la década de los setenta. Barbara fue 88 veces internacional con la selección de balonmano.

De Josef adquirió el gen futbolístico: el padre fue un habilidoso y muy rápido extremo que terminó por trasladarse a Francia, donde jugó en el Auxerre.

Klose desechó la posibilidad de jugar en la selección polaca y eligió Alemania, un escaparate infinitamente mayor en el mundo del fútbol. El rédito ha sido inmediato. En apenas dos años ha pasado del anonimato a la posición de aspirante a estrella. Es lo que pasa cuando se juega en un equipo con Alemania y marcas tres goles en un partido del Mundial.  
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