Copa 2002
Italia y sus líos
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 | Trapattoni, que debuta en un Mundial a los 63 años, dirige las polémicas |
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Giovanni Trapattoni. |
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Carlos Arribas
El apasionado amor de los italianos. La locura italiana por el Mundial es la emoción de Giovanni Trapattoni, el técnico de 63 años que lo ha ganado todo como entrenador de club que debuta en un Mundial.
Un entrenador que sigue la tradición, la escuela de la tradición, que se quiere seguidor de Bearzot, Vicini y Maldini.
Un hombre que se declara más conductor de hombres que técnico de sistemas, pero que también se maneja bien con los números.
Respeta la historia, el 3-4-1-2 que inventaron los italianos, y su evolución hacia el 3-5-2, pero afinó aún más y en el maravilloso Dome de Sapporo, el estadio en el que el césped entra, conducido sobre colchones de aire, bajo la cubierta y se asienta bajo las gradas, dispuso de un 4-4-1-1, lo que nos conduce a los nombres y sus disputas. A las eternas polémicas
Montella y Totti juegan juntos en la delantera del Roma, pero no lo hicieron en la selección.
Montella se quedó en la banda y se ha enfadado con Totti, que ayudó a Vieri, el único hombre en punta, desde atrás. Se ha enfadado porque Totti, el único fantasista, ha dicho que en caso de necesidad querría que a su lado estuviera Del Piero, e incluso Inzaghi, antes que su compañero.
Pero desde el inicio no estuvo ninguno de los tres: el puesto de ayudante de fantasista se lo ha llevado el futbolista desconocido, Cristiano Doni, de 29 años, centrocampista de Atalanta de Bérgamo que ha jugado toda su vida en Tercera y Segunda División, y ha jugado de todo, de media punta, trescuartista, segunda punta, extremo retrasado.
La elección de Doni, a la izquierda de la segunda línea de cuatro, llegó determinada por el rival, porque Italia es la única gran selección que impone su estilo, pero que a la vez lo define pensando en el rival.
Y el rival, que fue Ecuador, se llama Ulises de la Cruz, un lateral derecho que juega en Escocia, donde le comparan con Roberto Carlos, y que asusta a todos por sus subidas, su regate y su remate.
PASIÓN SIN LÍMITES
La eterna Italia. Montella y Totti; Trapattoni; Ulises de la Cruz; Cristiano Doni, Inzaghi y Del Piero.
En Sendai (Japón), los nombres propios son la historia cotidiana. Las rivalidades, las personalidades fuertes, el enemigo temido. En Roma, en Milán, en Turín, en media Italia, los partidos, fútbol a la hora de la comida en Italia, revoluciona las costumbres, rompe el hábito de la reunión familiar nocturna en torno al televisor, acaba con las tertulias. Trabajadores y ejecutivos, empresarios benefactores, hábiles empleados, aguzan el ingenio: se flexibilizan los turnos, se agotan en los comercios los minitelevisores, los que caben en la palma de la mano, hay empresas que pasarán las imágenes de los partidos por la Internet propia; otras colocan pantallas gigantes en las cantinas de fábricas y oficinas. El fútbol, por primera vez, disfrutado en solitario, con un ‘panino’ en la mano, o compartido con compañeros de trabajo, colegas, no amigos. 
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