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LUNES 3 DE JUNIO DEL 2002 / EDICION No. 22748 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Hacia adelante

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Jorge Salaverry
jorgesal@cablenet.com.ni

La repentina destitución del procurador especial, doctor Alberto Novoa, ha sido percibida por muchos como una señal de que el gobierno del presidente Enrique Bolaños ha decidido “bajar la guardia” en la lucha contra la corrupción. Sin embargo, el procurador general de justicia en funciones, doctor Francisco Fiallos Navarro, ha dicho que no es así, y que la lucha seguirá con igual intensidad, sólo que con menor estridencia. El tiempo nos dirá la verdad de las cosas, aunque algunos parecen creer que sólo el doctor Novoa —y nadie más— tiene la valentía, la capacidad, y, sobre todo, la voluntad, para meter a la cárcel a los corruptos de este país.

Yo no comparto ese pesimismo, y quiero creerle al doctor Fiallos. Además, no se trata sólo de castigar a los corruptos que hubo en los últimos tres gobiernos y de tratar de recuperar lo robado al Estado, sino de crear las condiciones para que, de ahora en adelante, haya menos corrupción, y, sobre todo, se castigue todo nuevo acto de corrupción comprobado. Hasta el momento, el presidente Bolaños ha cumplido su promesa de librar una batalla frontal contra ese mal endémico, y no creo que en estos momentos esté pensando en abandonarla. Es más, él sabe perfectamente bien que es necesario continuarla para que su otra gran promesa de campaña —la generación de empleo productivo— pueda tener éxito.

El cumplimiento simultáneo de ambas promesas no es sólo posible sino necesario. Ambas son como las hojas de una tijera. Una sola no sirve; se necesitan las dos para cortar. Se trata, nada más y nada menos, de la transformación total del país, para que todos los nicaragüenses podamos llegar a vivir con dignidad. Es una ardua tarea de muchos años que requiere tesón y perseverancia. Pero la buena nueva es que puede ser acometida con éxito, a como enfáticamente lo dijera el estratega empresarial de renombre mundial, Michael Porter, en una conferencia que dictó el sábado a mediodía en la Casa Presidencial.

El doctor Porter nos recordó a los presentes lo evidente: “Sólo creando una nación competitiva y productiva es que se puede salir adelante”. Y agregó: “Ésa es la única vía para llegar a tener mejores sueldos y salarios y un mejor nivel de vida”. A medida que escuchaba al experimentado estratega decir esas verdades, no podía evitar que se me viniera a la memoria la espeluznante y casi infinita capacidad demagógica de muchos de nuestros políticos que no escatiman oportunidad alguna para hacerle creer a los pobres que están de su lado, mientras al mismo tiempo inventan leyes ridículas y perversas que están orientadas a perjudicar al sector empresarial, único capaz —aquí y en cualquier otro país— de generar empleo productivo, y, por ende, de mejorar el nivel de vida de la ciudadanía.

Pero mientras el doctor Porter hablaba lúcidamente sobre lo que hay que hacer para generar competitividad y productividad, me estuve acordando también de una conferencia organizada por la Cámara de Industrias de Nicaragua y por el Programa de Competitividad a la que asistí el miércoles pasado. Ahí, con mucho agrado, pude comprobar que muchos de nuestros empresarios ya han tomado conciencia de que para salir adelante en este mundo globalizado es necesario modernizarse. Los empresarios presentes expusieron con gran entusiasmo los cambios que han estado implementado en sus empresas para que puedan funcionar en un mercado internacional que premia la excelencia y castiga la mediocridad.

Volviendo a Porter. Éste fue enfático en señalar que no se puede reducir la pobreza con actos de caridad y programas de ayuda externa, sino sólo permitiéndole a la gente participar en la economía, lo cual pasa, necesariamente, por la creación y operación de empresas competitivas y eficientes. No hay de otra. Dos cosas más que dijo me llamaron la atención: una, que lo que hay que hacer para lograr la transformación de Nicaragua no es sólo responsabilidad del gobierno, sino que hay muchas cosas que pueden ser hechas por el sector privado; y la otra, que es necesario que dejemos de poner excusas de que no podemos mejorar porque algunas fuerzas externas, como los subsidios y el proteccionismo de los países ricos, no nos lo permiten.

Me agradó mucho ver que el Gobierno comparte las ideas de Porter. Ojalá que nuestros políticos cavernarios y algunos líderes sindicalistas trasnochados no se empecinen en cerrar la magnífica ventana de oportunidad que tiene nuestro país para progresar en beneficio de todos.

El autor es miembro del Consejo Editorial de La Prensa y catedrático de la Universidad Thomas More.  
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