Beatificación es regalo del Señor
Ruth C. de Fuentes
Al regreso de roma de la beatificación de Sor María quise escribir tantas cosas maravillosas que sentí en ese momento, pero me faltaron las palabras para hacerlo. Ahora puedo decir que fue tal la alegría y gozo al verla en el cuadro que descubrieron rodeada de sus pobres, a como ella vivió, y al nombrarla Beata, Su Santidad Juan Pablo II, que sentí tanta felicidad y lloré de emoción. Ver a Sor María, la monjita a la cual traté, a quien quise tanto, y admiré su humildad, amor a los desamparados y hambrientos, pero sobre todo por ese gran amor a su Rey y su Reina, me parecía mentira que el Señor me estuviera dando ese regalo de estar allí y verla en los altares junto a sus grandes amores Jesús, María Auxiliadora y San Juan Bosco.
La unión que tenía con ellos a quienes trataba y consultaba como si fueran su Papá y Mamá era muy íntima, entre sus oraciones tenemos pláticas amorosas entre ellos y ella que nos impresionan, en una le dice a su Rey: “Ah Jesús, yo te amo por Ella y a Ella por Ti”.
Sor María fue una amante de la oración, decía: “Que la oración es para la vida corporal, sin la oración uno se va enfriando y termina alejándose del Señor”. Ella cada vez que pasaba por la capilla entraba y los saludaba diciéndoles: “Cómo están mis amores” o en la mañanita apenas se levantaba entraba en la capilla y les decía: “Buenos días mi Rey y mi Reina, cómo amanecieron” así pasaba todo el día saludándoles y platicándoles siempre que podía escaparse de su trabajo, una vez que le preguntaron qué le platicaba tanto a Jesús contestó “Yo le hablo de todo, le recito versos que aprendí de niña, como ‘Una mona se subió a un nogal, etc.’ porque Él goza cuando le dicen cosas dándole muestras de su amor”.
Imitemos a Sor María visitándolo más frecuentemente que podamos al Santísimo, digámosle que lo amamos mucho, recordemos que Él se quedó preso en el Sagrario para darse por amor a nosotros, y a Él como a todos nosotros, le gusta que le digan que lo amamos mucho y que lo necesitamos.
La autora es miembro de la Asociación Sor María Romero. 
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