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SáBADO 1 DE JUNIO DEL 2002 / EDICION No. 22746 / ACTUALIZADA 02:45am
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Copa 2002
El debut de Pelé

Foto  
.Fue en 1958 en el Mundial de Suecia, y se convirtió en la revelación del torneo

El Rey Pelé fajado en una jugada friccionada, pero como siempre controlando el esférico.

 

Pelé

Como se lo relató a la revista El Gráfico

Para cualquier muchacho de mi edad, diecisiete años, sólo estar allí en la Selección Brasileña ya era bastante. Pero no para mí. Yo quería jugar, pelear por la pelota, ganar. Hoy pensándolo bien, veo que todavía era un niño. Es imposible expresar lo que sentía jugando en aquel equipo, con Gilmar, Didi, Zito, Garrincha, Baba.

Sé que aquel fue un equipo maravilloso, pero yo sólo quería ganar. Pero no pude comenzar el torneo: estaba lesionado, sólo contra los rusos, después del debut contra Inglaterra, un empate a cero, y del triunfo sobre Austria.

Cuando Baba me pasó la pelota, aquella tarde en Uddevalla, Suecia, estaba muy preocupado. Pero después la emoción se pasó. Mané Garrincha estrelló una pelota en el travesaño de Yashin, después Baba marcaría el primer gol. Con un pase mí, el mismo Baba hizo el segundo. Ya estábamos clasificados, ya la gente hablaba de nosotros como los futuros campeones.

Si en el primer minuto de mi primer partido de un Mundial estaba paralizado, también en la final me sentí muy nervioso hasta el momento mismo en que comenzó a rodar la pelota; pero me olvidé de todo, hasta de que estábamos disputando el titulo del mundo. Y ahora el recuerdo hasta me causa gracia.

Mientras tanto el partido más difícil de la Copa había sido contra Gales. Todos considerábamos que sería el partido más sencillo, el adversario más débil. Al final ganamos con lo justo, con ese gol que marqué del que todavía hoy se habla, pero francamente no se cómo lo hice, ante una defensa que no ofrecía un solo resquicio.

La semifinal fue contra Francia. En ese equipo estaba Kopa, un gran jugador, y Fontaine, el artillero. Pero nosotros ya nos teníamos confianza y ganamos cinco a dos con tres goles míos. Después llegó la final, donde Suecia, que era el local , llegó a poner 1-0: pero nosotros repetimos el 5-2. Y conquistamos la Copa Jules Rimet, y las felicitaciones del Rey Gustavo, y una gran alegría, y una maravillosa fiesta al regresar. Muchas cosas influyeron en esa campaña: la falta de confianza del pueblo, la subestimación de los críticos, nuestro descrédito al salir de Brasil. Por todo eso, era un equipo humilde, que respetaba a todos los adversarios, que no entraba en la cancha pensando en que ya era campeón, que estaba seguro de que hacia falta luchar mucho para vencer.

Ese fue el espíritu que ganó aquella Copa de Suecia. Habíamos salido de Brasil casi sin apoyo, sin fiesta, sin promesas, la Selección se fue estructurando, comenzó a ganar, adquirió confianza, todo salía bien, con naturalidad. Y sepan una cosa: la Selección del 58 era tan buena, estaba tan unida, tan bien organizada, que ganó nuevamente en el 62. Con humildad.

LA SUERTE DE 1962

La pelota está por comenzar a rodar en una nueva Copa del Mundo, esta vez en Chile. Siento los nervios tensos, la presión de las ilusiones de decenas de millones de brasileños que esta vez no sólo creían en nosotros sino que nos habían creado la obligación de ganar. Pero en esta Copa, yo estaba seguro de que la suerte me acompañaba. Baba me entregó la pelota y habíamos comenzado un nuevo mundial.

Resolvimos ese partido con México y después nos toca con Checoslovaquia. Yo sabía que era el centro de las miradas, y no era vanidad, sino simple realismo por que se destinaban marcadores especiales, aun en un momento en que el fútbol europeo no había adquirido un estilo tan violento, tan destructivo como el que sufriría personalmente cuatro años después.

Pero esta vez los adversarios no tuvieron culpa alguna. Recibí una pelota y busqué un destino para el pase, no vi a nadie y resolví arrancar hacia el arco. Cuando estuve a distancia razonable, intente el disparo, le pegue mal a la pelota, mi pierna se estiró demasiado y un dolor agudo me subió por el cuerpo, el Mundial de Chile se había acabado para mí.

Saben lo que significa haberse preparado durante tanto tiempo y quedar fuera cuando apenas se comienza?. La suerte se me había dado vuelta. Fui a hacer número en la punta izquierda. De pronto me llegó una pelota, la domine y busqué con la vista un compañero, pero veo aproximarse a Masopust, el fenómeno checo. Yo pensé. ¿Y ahora que hago?. Entonces ocurrió una cosa que nunca más olvidaré: Masopust se abrió gentilmente y me dejó pasar la pelota a un compañero.

En Chile, nuestro equipo era el mismo de 1958, pero habían aumentado la experiencia y la confianza. La delegación estaba bien organizada y Didi, Niton Santos, Zito y Gilmar ordenaban el equipo dentro del campo.

Estaba tan desesperado por jugar que le rogaba al Doctor Hilton Gossling que me diera una inyección en la ingle, pero el se negaba terminantemente. Ese favor se lo debo.

Sentado en la tribuna, entre los hinchas brasileños, vi a Brasil salir campeón. Garrincha y a Amarildo haciendo todo aquello que me hubiera gustado hacer a mi: Correr tras la pelota, luchar por la victoria. Sobre todo sufrí en el partido contra España, fue durísimo, y me parece que la suerte nos ayudó. Pero la merecíamos, y como si estuviese en el cine, me veo correr a los tropezones para abrazar a mis compañeros cuando todo terminó con nuestro triunfo.  
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