Mosaico
Lagunas volcánicas de Nicaragua: Misterio agua fuego
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 | Mosaico hace un recorrido por varias lagunas volcánicas del país para conocer algunos de sus misterios, pero sobre todo, para presentar a los lectores las bellezas de estos lugares que hace siglos fueron la morada de los dioses indígenas. Hoy, muchas de ellas son sitios de recreación o descanso, o son reservas naturales de gran afluencia turística nacional e internacional. |
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Con el Golfo de Fonseca de fondo y en medio de rocosas paredes, yace en fondo del cráter del Volcán Cosigüina la laguna que lleva su mismo nombre. |
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Orlando Valenzuela orlando.valenzuela@laprensa.com.ni
Nicaragua es conocida internacionalmente como un país de lagos y volcanes, una rara combinación de agua y fuego, que por su lógica incompatibilidad fascina y provoca mayor encanto y curiosidad por conocerla.
Siglos antes de la conquista española, algunas tribus indígenas expulsadas de México llegaron a nuestro territorio en busca de una mítica isla con dos volcanes enclavada en medio de un gran lago de agua dulce, hoy conocida como la paradisíaca isla de Ometepe, en el centro del Lago Cocibolca o de Nicaragua.
Otros que también se asombraron de las bellezas de estas tie-rras al llegar fueron los conquistadores españoles, de quienes se cuentan raras historias de capitanes y expedicionarios tomando posesión de “La Mar Dulce” y poniéndole nombres de santos a todos los volcanes que encontraban a su paso.
Pero el mayor misterio, tanto para los indígenas como para los españoles no eran los volcanes en sí, sino lo que había en el interior de su cráter, muchas veces envuelto en la más densa nube de gases sulfúricos y de fuego eterno. Así nacieron leyendas de volcanes con lagunas encantadas en el fondo de su cráter y de lagos de fuego que burbujeaban como el propio infierno.
Son las lagunas de origen volcánico las que aún conservan la belleza que hace siglos intrigó y sigue fascinando a sus vecinos. Muchas de ellas se encuentran tan altas e inaccesibles, que el hombre no ha podido alterar su entorno natural, y están casi tal cuales las vieron los ojos asombrados de los primeros indígenas.
No se tienen datos científicos de la formación de todas estas lagunas, pues la mayoría se formó hace miles y quizás millones de años. Según algunas teorías, estas cuencas lacustres se formaron después que los volcanes hicieron explosión en la Era Cuaternaria. Pasaron miles de años para que en sus laderas internas, en sus faldas y en el fondo del cráter se formara la vegetación, y que animales acuáticos, como peces, anfibios y otros se adaptaran al agua sulfúrica que llenó su cuenca. Otros, más recientes, todavía no terminan de evolucionar y presentan un aspecto más primitivo.
Por eso poseemos varias lagunas de origen volcánico que tienen agua no apta para el consumo humano, por su alto contenido de azufre, calcio, sal y otros minerales. En cambio, existen otras de agua tan potable, que incluso sirve para abastecer a toda una ciudad, como es el caso de Asososca, en Managua.
LAGUNA DEL VOLCÁN CONSIGUINA
Esta laguna es la más joven de todas las de origen volcánico de Nicaragua, ya que se formó después de la última y violenta erupción del Volcán Cosigüina ocurrida el 20 de enero de 1835, cuyas cenizas alcanzaron toda Centroamérica, México, las Antillas y Colombia.
La erupción que luego dio origen a la laguna fue tan estruendosa y terrible que está considerada como una de las más célebres en la historia universal de la vulcanología, comparada con la del Vesubio, cerca de Nápoles, Italia, y la del Krakatoa, en Indonesia.
En cuarenta y tres horas consecutivas de erupción, que alcanzó una altura de dos mil metros sobre el nivel del mar, lanzó al aire cenizas que cubrieron más de cuatro millones de kilómetros cuadrados, y dejó en el volcán un inmenso cráter, de empinadas paredes rocosas verticales que alcanzan hasta quinientos metros de altura, en cuyo fondo se formó una laguna de aguas verde-azules, de 0.13 kilómetros cuadrados de superficie.
Esta laguna se encuentra en el extremo noroeste de la Península de Cosigüina, frente al Golfo de Fonseca, en el Océano Pacífico. En sus aguas, a las que es difícil descender por lo rocoso de las paredes internas del cráter, se pueden encontrar peces que se adaptaron a lo abrupto del lugar, y en los pequeños manchones de vegetación boscosa que hay en uno de sus costados internos, también se encuentran presentes algunos animales silvestres —reptiles y aves— que han convertido las copas de sus árboles en hogar para hacer sus nidos. Alcanzar la cima del apagado volcán, de mil metros de altura, donde se encuentra esta laguna, es un poco fácil por el poblado de Potosí, pero el descenso a sus aguas no es recomendado.
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