Espía de infieles
Milagros Sánchez Pinell milagros.sanchez@laprensa.com.ni
El reloj marca las 5:30 p.m., el sospechoso abandona solo su centro de trabajo, pero después de tres cuadras, su situación ya no es la misma porque lo acompaña una dama misteriosa. La persecución empieza. Primero los tortolitos entran en un restaurante, luego se dirigen a una discoteca y más entrada la noche terminan en el cuarto de un motel. Mientras tanto toda esa historia de amor se teje bajo la lente de una cámara fotográfica o de video, pero por supuesto, ellos no lo saben.
MÁS MUJERES QUE HOMBRES
Es aquí, donde James Campos, quien se anuncia en los periódicos como detective privado, entra en acción a la caza de hombres y mujeres infieles.
Antes de iniciar la persecución, Campos explica que el primer paso para este singular trabajo es la recepción de los casos, que en su mayoría son esposas que necesitan convencerse del engaño del marido.
Sin embargo, los hombres, quienes ocupan un treinta por ciento de los clientes, no están exentos de sufrir una infidelidad de su pareja.
“Cuando viene una señora a la oficina se muestra nerviosa, mira para todos lados para saber qué tipo de personas vienen aquí y cuando hablan se equivocan mucho, en cambio el hombre viene más decidido y no les importa cuánto vale el trabajo”, dijo.
La fuente comentó por lo general la esposa sabe el nombre de la otra dama, en cambio los varones casi siempre ignoran la identidad del rival.
PREVIA IDENTIFICACIÓN
Antes de continuar su relato, el detective aclara que en su agencia siempre piden una identificación al potencial cliente, porque sólo se dedican a perseguir a parejas casadas e infieles ya que la policía es la única con derecho a investigar a otra persona.
“La policía no da permiso de trabajo a detectives privados, pero como soy periodista si puedo hacer una labor social y en este caso cabe la infidelidad porque no está tipificado como algo criminal”, explicó.
Campos explicó que en una persecución se involucran de tres a cuatro personas, una de ellas siempre es una mujer, quienes se movilizan en motos, vehículos y hasta camiones para no despertar sospecha.
Según el experto el infiel primero va a un restaurante, luego a una discoteca y por último al motel, en cambio las señoras infieles prefieren ir más rápido, quizás porque en ellas se apodera un temor mayúsculo de ser vista por algún conocido.
“A la mujer casi no le gusta andar en lugares públicos, prefieren los restaurantes reservados y finos, tampoco le gusta bajarse de los carros y generalmente su pareja es alguien que está relacionado a su trabajo, muy por el contrario de los hombres, quienes tienen a su amante en la oficina”, comentó.
Otro comportamiento que ha observado en sus casi dos años de labor es que las infieles llegan a sus casas bien sobrias entre las diez y las once de la noche, en cambio los hombres llegan hasta el amanecer, tomados y si no lo están se hacen los “borrachos” para que no les reclamen.
Para los investigadores obtener las pruebas necesarias se toma de una semana a quince días, “pero el infiel descarado que generalmente son los hombres a quienes les vale todo, en 72 horas ya los tenemos agarrados”.
APOYO EMOCIONAL
Pero, pese a que muchos pensaran que es un trabajo ingrato, el detective comentó que el objetivo de ellos no es destruir familias, sino buscar soluciones. “La idea no es separar parejas, sino que la persona sepa con quién está viviendo”.
Recalcó que son una agencia integral porque ellos cuentan con la colaboración de un cura, pastor evangélico y hasta sicólogos para brindar apoyo emocional y guía espiritual.
Por otro lado están los que son acusados injustamente. Según los datos de la Agencia Campos en el 26 por ciento de los casos se ha demostrado que no existe infidelidad. “Cuando no hay engaño siempre le decimos al cliente. Hay personas que creen que su pareja anda con otra persona porque llegan tarde y tal vez están trabajando doble para mejorar el nivel económico de la familia”.
Pero bueno, volvamos con los y las culpables de verdad. Una vez que la mujer tiene las pruebas en sus manos llora y dice “no lo creo”, luego pelea con el marido y a los cuatro días vuelven con su pareja”.
En cambio, los hombres engañados lloran e inmediatamente piensan en el divorcio, no deja entrar a la esposa a la casa, en algunos casos tratan de golpearla y en ese instante le dicen adiós para siempre al matrimonio. 
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