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DOMINGO 21 DE JULIO DEL 2002 / EDICION No. 22796 / ACTUALIZADA 1:00 am
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Perjucios y afinidades en costa y costa
¿Los costeños, tenemos prejuicios en contra del Pacífico?

Alfonso Navarrete Centeno*

Hace pocos días, al darse cuenta una persona de Managua que soy originario de la Costa Atlántica, entre los aspectos que conversamos me llamó la atención una de las tantas preguntas que hizo al suscrito: “¿Es cierto que ustedes los costeños tienen muchos prejuicios en contra del Pacífico?” Esta pregunta me motivó a escudriñar lo poco que se ha escrito sobre la historia del Caribe nicaragüense y a reflexionar sobre esta visión que tienen algunas personas del Pacífico.

En principio, los costeños estamos conscientes y agradecidos porque nuestros hermanos del Pacífico gustan de la cultura y tradiciones de los pueblos de la Costa Atlántica. Lo podemos ver en las presentaciones culturales que desde la década de los 80 empezaron a promoverse en el Pacífico, principalmente en Managua y ciudades más grandes del país; lo hemos venido observando en el tiempo cuando los habitantes del Pacífico han gustado de las comidas típicas acompañadas de su principal ingrediente: el coco, en la aceptación del “Reggae”, del “Palo de Mayo”, de la música de Dimensión Costeña, por parte de jóvenes y viejos, de los bellos paisajes tropicales y de sus costas con arenas blancas y aguas azules y verdosas que caracterizan al Caribe nicaragüense.

Entonces, me pregunto: ¿podrían existir prejuicios por parte de nosotros, los costeños, hacia nuestros hermanos del Pacífico? Y al mismo tiempo respondo: “No tenemos prejuicios. Los pueblos de la Costa Atlántica estamos conscientes de que todos somos nicaragüenses y que los mismos problemas y crisis nos afectan por igual. Por tanto, los costeños reconocemos que tanto el Pacífico como el Atlántico se identifican y comparten intereses comunes en la actualidad”.

Sin embargo, si lo vemos desde la esfera gubernamental y con óptica política, sí considero que tenemos fuertes contradicciones y justificados prejuicios y reclamos como efectos del tratamiento y comportamiento del Estado nicaragüense hacia las Regiones Autónomas de la Costa Atlántica (los habitantes del Atlántico se refieren al Estado Nicaragüense como “el Gobierno Central”, “Gobierno de Managua” o “El Pacífico”. En este problema, la “casta política criolla” del país se ha desenvuelto al mejor estilo de los grandes demagogos, con claras intenciones de no reconocer los derechos autonómicos y el mejoramiento del nivel de vida de los pueblos autóctonos del Caribe nicaragüense.

La visión que tienen algunas personas acerca de los prejuicios de los costeños hacia el Pacífico, es posible que se deba a la falta de conocimiento de la realidad de la Costa Atlántica, sobre todo por desconocimiento de todo el sistema organizacional de los pueblos indígenas y étnicos y de su autonomía, formas de gobierno indígena, territorios comunales, organización económica y social de la etnias de origen ancestral, sus culturas, tradiciones y costumbres. En las últimas dos décadas, tanto el Estado nicaragüense como las organizaciones políticas han pretendido ignorar la realidad que se vive en el Caribe nicaragüense, y lamentablemente seguimos en las mismas circunstancias en pleno siglo XXI.

Estimado lector, los siglos XVI y XVII se caracterizaron por la violencia, devastación e inseguridad. La Región del Pacífico de Nicaragua continuó siendo una colonia de España hasta 1821, y durante ese período España inculcó a los pueblos del Pacífico bajo su control el odio y la desconfianza hacia los ingleses, hacia los “salvajes” del Atlántico y hacia el protestantismo, dando lugar al surgimiento del antagonismo Pacífico-Atlántico. Por su lado, la Región Atlántica de Nicaragua siguió siendo un protectorado británico hasta 1894; los británicos, en forma deliberada, crearon conciencia en los pueblos del Atlántico para que también hubiese odio y desconfianza hacia España, hacia el hispanohablante y hacia el catolicismo.

Si reflexionamos al respecto, fácilmente deducimos que estos sentimientos fueron transmitidos por intereses políticos y de poderes hegemónicos gubernamentales (España e Inglaterra), y nunca porque dicho antagonismo haya sido engendrado desde las entrañas y conciencias de nuestros antepasados. Por fortuna, estamos viviendo nuevos tiempos en lo que respecta a la unidad nacional de los pueblos multiétnicos, con conciencia y solidaridad entre las dos grandes culturas que caracterizan a nuestra nación: Pacífico y Atlántico.

Son numerosos los problemas que aquejan a las Regiones Autónomas de la Costa Atlántica: altos índices de desempleo, explotación irracional de los recursos naturales, pobreza extrema de los municipios y comunidades, violaciones a la Ley No. 28 de Autonomía, la no demarcación y legalización de las tierras comunales, e incremento del tráfico y consumo de drogas e inseguridad ciudadana, entre otros. Estos problemas constituyen la base principal de las contradicciones existentes entre los habitantes del Atlántico y del Pacífico (entiéndase Gobierno Central o Gobierno de Managua); el reclamo constante, la resignación de los pueblos y el derecho de alzar la voz como parte de la libre expresión que toda democracia garantiza, es lo que gobernantes y políticos interpretan como visión prejuiciosa de los costeños.

Hermanos nicaragüenses del Pacífico, tengan la plena seguridad de que todo indígena y etnia de hasta el más último rincón del Caribe nicaragüense, seguirá siendo humilde, respetuoso y hospitalario con todos los habitantes de las demás regiones de la nación, y muy agradecido con todos los que se solidarizan con la autonomía de la Costa Atlántica y que reconocen y respetan las culturas de estas tierras caribeñas.

* El autor es consultor socioeconómico de la Costa Atlántica.  
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