Reportaje especial
Transporte caro y de poca calidad
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 | Ni el Estado ni la empresa privada garantizan que la población de la región pueda transportarse con seguridad y regularidad. Las pocas unidades que transitan son irregulares, caras e inseguras |
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Las pangas de servicio público viajan sobrecargadas y a mucha velocidad. |
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Deborah Robb Taylor Especial para LA PRENSA revista@laprensa.com.ni
Existen lugares en la Región Autónoma del Atlántico Sur de Nicaragua, como El Bluff, Corn Island o la Cruz de Río Grande, que tienen en común su total dependencia del transporte acuático para facilitar la movilización de sus habitantes.
El Bluff está a siete kilómetros de Bluefields, atravesando el ancho de la bahía. El pasaje de ida y vuelta tiene un costo de 40 córdobas, y la comunidad, que carece de escuela, tiene que gastar 800 córdobas mensuales por el pasaje de cada estudiante.
Hasta hace tres años el gobierno regional subsidiaba a los colegiales con recursos de la empresa pesquera Oceanic, hoy Pescasa, que cambió su sede de operaciones a Corn Island. En tanto el Gobierno no ha encontrado fondos alternativos.
El Bluff es el cuarto puerto marítimo de Nicaragua por el nivel de ingresos, pero todos centralizados en Managua, a pesar de que la Ley de Autonomía Regional exige lo contrario.
Corn Island es otro caso paradójico. Dista 91 kilómetros de Bluefields y se distingue por su potencial turístico, pero sus habitantes tienen dificultades para cubrir los precios del transporte entre esa isla y Bluefields.
Las empresas La Costeña y Atlantic Airlines hacen un puente aéreo entre Bluefields y Corn Island, con hasta tres vuelos diarios. La travesía de 20 minutos cuesta 475 córdobas. Ir a la isla por mar lleva de 4 a 6 horas, y hasta hace un mes la única opción era abordar uno de los cinco barcos pesqueros (El Isleño, Corn Island, Promar 38 ó el 59) y el Skeeter, que hacen el viaje por 160 córdobas ida y vuelta.
Sólo que estas embarcaciones no siempre garantizan el itinerario.
El Isleño, por ejemplo, es un camaronero que transporta carga en la ruta de Corn Island, El Bluff, El Rama, y entra a Bluefields en ocasiones. Además, su capacidad para transporte de pasajeros es de 30 personas, por lo que hasta la llegada del Capitán D, siempre había gente en el muelle de Bluefields esperando trasporte para la isla.
La Cruz de Río Grande se encuentra a 190 kilómetros de Bluefields, y allí no hay pangas comerciales. Para casos de emergencia, cuando se requiere salida veloz, la población recurre a las instituciones públicas como el Minsa o la Fuerza Naval, o de ONG como Acción Médica Cristiana y Médicos sin Fronteras, medios que se vienen reduciendo dada la retirada gradual de los organismos internacionales de la zona.
La Cruz Roja Internacional operaba una ambulancia acuática en El Tortuguero, pero recién suspendió ese servicio.
La población tampoco confía de la disponibilidad del Ejército, aunque es la instancia que cuenta con las motonaves más veloces en la región. Un ciudadano de Tasbapauni, comentó que “con la Marina de Guerra es como con la Policía, si uno llama para denunciar casos de drogas vienen ligerito; si es para trasladar a un paciente de emergencia, allí no llegan nunca”.
En La Cruz de Río Grande hay cuatro embarcaciones pequeñas de carga que salen de la comunidad una vez cada 15 días o una vez al mes, pero andan por lo general, sobrecargadas, recogiendo pasajeros y flete a lo largo del trayecto. Es habitual, en estos casos, ver lanchas de unos 20 pies con vacas, cabras, cerdos, gallinas, pavos y personas de todas las edades.
AFECTAN A CAMPESINOS
Hay que enfatizar la particularidad de las lanchas que transitan entre las comunidades agrícolas de la región. Del Torzuani a Kurinwás existen embarcaciones que llevan y traen carga. Debido a la incertidumbre del transporte, los campesinos en las rutas fluviales de la RAAS venden su producción de bastimentos, frutas y animales vivos a precio de guate mojado.
Cinco pangas navegan el Río Escondido entre Bluefields y El Rama, llevando envases de cerveza, gaseosas y gas butano, y trayendo prácticamente todo lo que consumen los costeños, fuera del pescado, y lo que traen los buques mercantes que entran a El Bluff.
“De vez en cuando tenemos alguna carga de cocos para llevar a El Rama”, dice el capitán del María Gloria Z., de la empresa Transportes Zeledón.
Así, los altos fletes se explican en gran parte porque el transportista saca costos y ganancias con la carga de un trecho del viaje. Las empresas pesqueras, que son las que mueven el mayor volumen de productos, sea en exportación de mariscos o importación de repuestos e insumos de pesca, poseen sus propias embarcaciones, por lo que no son opciones de mercado para las empresas de cabotaje.
En algunas rutas existe saturación de oferta. Lo peor es que la sobrecarga de unidades en ciertas rutas no redunda en beneficio de los pasajeros. Hay 27 pangas que operan en la ruta El Rama-Bluefields, pero todas cobran lo mismo: C$120 y más, dependiendo de la cantidad de pasajeros, más C$30 por bulto. Las tarifas están congeladas hace cinco años y se supone que la Dirección General de Transporte Acuático (DGTA) deja a discreción de los transportistas sólo la reducción, pero en la práctica sucede lo contrario.
NEGOCIO NO ES RENTABLE
El Estado viene saliendo del negocio de la prestación de servicios de transporte colectivo a favor de la construcción y manutención de la infraestructura vial. “El servicio no es rentable”, dice el Ing. Humberto Aragón, gerente interino de la Delegación Regional de Empresa Portuaria Nicaragüense (EPN) en Bluefields.
La empresa mantiene la embarcación “El Río Escondido”, que navega entre Bluefields y El Rama dos veces por semana a un costo subsidiado de C$60 cada trecho. La lancha tiene capacidad para 100 pasajeros y viaja con unos 60. “Intentamos meter otro día de viaje en esa ruta, pero salimos sólo con 4 ó 5 pasajeros”, explico Aragón.
Por el momento, las inversiones previstas por la EPN en la región son para el mantenimiento preventivo del dragado y la señalización en el canal de la bahía de Bluefields, desde la barra de El Bluff hasta la bocana del Escondido. Por ahí trafican los barcos mercantes que cargan y descargan en el puerto de El Rama.
Los 120 mil dólares previstos para este año para el mantenimiento del canal de hondo calado, proceden en su mayor parte de la cooperación de Dinamarca, aunque también del Programa de Transporte de la Agencia de Desarrollo Internacional Danesa (Danida) al que recurrirá el Gobierno Regional Autónomo para viabilizar sus proyectos de mantenimiento de muelles y construcción de caminos vecinales en la cuenca de Laguna de Perlas y en El Tortuguero. 
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