Navegando entre peligros
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 | Viajar sobre lagunas, criques y ríos para trasladarse entre comunidades de la Región Autónoma del Atlántico Sur puede constituir un recorrido de alto riesgo. El exceso de velocidad de las pangas y embarcaciones, la impericia de sus conductores y la falta de control hacen causa común para que el viaje por la paradisíaca región se convierta, a veces, en una ruta hacia la muerte |
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El transporte público de Bluefields tiene mucha demanda y poca seguridad. |
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Deborah Robb Taylor Especial para LA PRENSA
Primera parte
Era el 30 de mayo de 2002, y las profesoras Barbie Henríquez y Hazel Wilson viajaban a Bluefields en el Sahwang, una panga propiedad de la Fundación para el Desarrollo de la Costa Atlántica de Nicaragua (Fadcanic). Las educadoras regresaban de Laguna de Perlas donde habían participado en una jornada de capacitación para maestros.
Henríquez y Wilson, dicen testigos, salieron contentas porque estarían el Día de las Madres con sus hijos.
El recorrido de 49 kilómetros entre Laguna de Perlas y Bluefields se hace en una hora en una panga con un motor de 75 caballos de fuerza, como el que posee el Sahwang.
A dos tercios del camino, en el caño El Atajo que comunica a Big Lagoon con el Río Escondido, el Sahwang se encontró de repente con el bote colectivo Miss Pearl Lagoon II, impulsado por un motor de 200 caballos, que se le vino encima a una velocidad de 80 kilómetros por hora.
Henríquez falleció. Su colega Wilson y el conductor del Sahwang, Harry Simmons, resultaron heridos. Los 20 pasajeros del Miss Pearl Lagoon fueron sacudidos por la colisión violenta, pero nadie resultó herido.
CURVAS CERRADAS
Después del encontronazo, la Capitanía del Puerto de Bluefields, adscrita a la Fuerza Naval, atribuyó el accidente a violaciones del Reglamento Internacional para Prevenir Abordajes (RIPA). El conductor del Sahwang no mantuvo su estribor (derecha) y el del Pearl Lagoon navegaba con velocidad excesiva para un canal estrecho con visibilidad reducida como es el Caño del Atajo.
A estas causas, la población agrega la ineficiencia de las autoridades públicas en la aplicación de las normas del tránsito y la desidia gubernamental para con el bienestar de la población de la región.
Días después de la tragedia, las autoridades portuarias limpiaron la maleza que impedía la visibilidad en la vuelta del Caño del Atajo. Pero la gente es mordaz en su crítica. Gay Hansack, maestra de escuela, expresa que “no costaba nada limpiarlo, sólo que alguien tenía que morir primero”.
Hay tres puntos en la ruta de Laguna de Perlas a Bluefields donde el viajero corre altos riesgos todos los días, porque son curvas cerradas. Pasajeros y pangueros coinciden en que hay que limpiar la ribera en esos puntos y poner señales de tránsito pidiendo bajar la velocidad.
En el caso de El Atajo, “sencillamente hay que prohibir el tránsito de pangas con motores fuertes, porque es muy estrecho para la fuerza centrífuga que generan”, dice Pedro Ordóñez, dueño de una embarcación de pesca y cabotaje.
RECAUDACIÓN HUYE
Pablo Álvarez Alvarado, responsable de Navegación Acuática de la Dirección General de Transporte Acuático (DGTA) desde hace 16 años, pretende obtener una orden judicial para que los dueños de las pangas protagonistas del accidente costeen la ubicación de señales de alerta en las bocas del referido canal.
Álvarez justifica que la DGTA no lo haga, porque “la realidad nuestra es de muchísimas limitaciones”. Su delegación en Bluefields carece de equipos, aunque su misión es normar, regular y controlar el transporte acuático para darle seguridad a la navegación y protección integral al pasajero.
La extensión de las rutas fluviales y marítimas y el volumen de pasajeros y carga que se mueven por ellas en la RAAS, hacen de la DGTA de esta región la sucursal del país que más ingresos genera al Estado.
Pero su sede en esta ciudad carece de computador, los catastros de las embarcaciones los hacen a mano, tampoco tiene mapas de las vías fluviales que regula y controla. El colmo es que ni siquiera tiene medios propios de transporte: ni acuáticos ni terrestres.
Con lo que sí cuentan, afirma Pablo, es con mucho conocimiento del sector y buenas relaciones con otras instituciones públicas involucradas, como la Capitanía de Puertos.
UNA LABOR EDUCATIVA
La vigilancia del zarpe de parte de la Capitanía es fuerte, al menos en el muelle de Bluefields. Pero un zarpe autorizado para 20 pasajeros no quiere decir que ésos son los únicos en la lancha. En las rutas a la cuenca de Laguna de Perlas, sobre todo, las pangas van recogiendo pasajeros en los muelles de Kukra Hill, Haulover y en pleno Río Escondido, si se cruzan con una panga que viene de El Rama.
Las inspecciones regulares del estado de las embarcaciones y la aplicación de sanciones administrativas y legales en el caso de violación de las normas del tránsito, ya han contribuido a una mejoría sustancial en la seguridad de los que viajan en las rutas acuáticas de la RAAS.
Las pangas son los medios más riesgosos, porque durante los últimos cinco años registran un accidente mortal al año en promedio. A las lanchas mayores les explotan los motores o naufragan por la impericia e imprudencia de sus tripulaciones o por la falta de mantenimiento.
Ahora todas las embarcaciones comerciales llevan buena reserva de salvavidas y se ha descontinuado la costumbre peligrosa de abastecer las lanchas con combustible que almacenan en bidones abiertos, una vez que los pasajeros están a bordo.
Este éxito se atribuye, entre otras cosas, a que las multas se aplican conforme a la Ley 399 que regula el transporte acuático, tanto a las embarcaciones como a los puestos de combustible.
Pablo Álvarez considera que “los mayores desafíos que enfrentamos es la preferencia de la población por viajar rápido y la autosuficiencia de los conductores; muchos se quieren lucir, no piensan que algo puede dar errado”.
PANGUEROS INEXPERTOS
Al mismo tiempo, los conductores que trafican por la compleja red de ríos, lagunas, criques y caños que componen las vías fluviales de la región, no tienen siempre la destreza y los conocimientos que los habiliten para ello.
Para expedir una licencia de conductor, la DGTA pide certificado de salud, de vista y oído y un examen de los conocimientos teóricos de las leyes de navegación.
También requiere una referencia personal, generalmente solicitada al alcalde o algún navegante experto en la comunidad, confirmando que la persona sabe manejar la embarcación y conoce bien las rutas para las que solicita licencia.
El desconocimiento de las rutas puede ser fatal, porque las aguas lisas de los ríos pueden esconder abajo piedras y troncos de árboles. Además, la profundidad del lecho cambia de un tramo al otro. En el mar, si uno no sabe navegar con instrumentos, puede acabar en África sin querer.
Pero obtener la licencia de navegación no requiere prueba de dirección. Ninguno de los pangueros, que sólo en la ruta de El Rama a Bluefields llevan hoy una media de 3 mil pasajeros al mes, por ejemplo, han sido instruidos sobre prevención de accidentes. La DGTA quiere montar un curso para capitanes y conductores con la colaboración del Cuerpo de Bomberos y la Cruz Roja Internacional, pero hasta el momento éstos son intentos nada más.
UNO IMPRUDENTE Y OTRO SIN LICENCIA
En el caso del más reciente incidente mortal en el Caño de El Atajo, resultó que el conductor del Sahwang no poseía licencia, y el de Miss Pearl Lagoon tenía antecedentes de manejo imprudente. Este último fue detenido por huir del sitio del accidente y negar asistencia a las víctimas, pero fue liberado. La responsabilidad por la muerte de la Sra. Barbie Henríquez se establecerá en las cortes competentes.
La licencia de circulación de las naves fue suspendida, sin embargo el Miss Pearl Lagoon fue liberado para volver a su puerto al final de la segunda semana de junio.
El colmo es que durante su regreso hundió otra panga en el arrastre de las ondas que levanta a su paso. La nave hundida venía sobrecargada de arena y el conductor de Pearl Lagoon (quien navegaba sin licencia) iba veloz.
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