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DOMINGO 14 DE JULIO DEL 2002 / EDICION No. 22789 / ACTUALIZADA 1:30 am
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Campesinos mexicanos y gobierno están enfrentados por “progreso”

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Un adolescente empuñando un machete en una de las carreteras que llevan a San Salvador Atenco, a 60 km de Ciudad México, donde los pobladores protestan contra la expropiación de tierras para la construcción de un aeropuerto.

 

AFP

MÉXICO.-El conflicto entre campesinos mexicanos, que se oponen a la construcción de un aeropuerto en sus tierras y el gobierno, que advierte que seguirá con el proyecto, necesita una rápida solución, advierten políticos y analistas, que piden una negociación ante el riesgo de la violencia que aumenta cada minuto.

Bajo el título “Ni negociación, ni guerra” reporteros del diario Reforma describieron la noche del viernes vivida en el poblado de San Salvador Atenco, y escribieron que “la salida del sol marcaba el límite para resolver la crisis de manera negociada o entrar en guerra. Ninguna de las dos cosas sucedió”.

Y es que larga, muy larga, fue la noche en Atenco, rodeado por 2,000 policías y custodiado por rondas de pobladores, con rumores de intervención armada que se sucedían mientras en Ciudad México. Lo único que resolvió el gobierno, después de largas reuniones y a instancias del secretario de Gobernación, Santiago Creel, fue justamente que por ahora no hubiera represión.

El columnista Ricardo Alemán sostuvo que “por su profundo origen social, el (conflicto) de San Salvador Atenco aparece como el mejor ejemplo de la insensibilidad del gobierno de (Vicente) Fox y del fracaso de la política (de) sus principales operadores”.

“Las autoridades federales tienen frente a sí un problema de gran magnitud en el que está en juego su reputación democrática”, editorializó por su parte el periódico La Jornada.

Los pobladores siguen empecinados en conservar sus tierras e impedir, como anunciaron en marzo cuando se publicó el decreto expropiatorio, la construcción del aeropuerto.

El presidente mexicano, Vicente Fox, había exhortado el viernes al diálogo y la negociación, aunque también dejó claro que el proyecto de construcción del nuevo aeropuerto de la capital mexicana no se detendría.

Los campesinos propusieron entregar a los rehenes —funcionarios públicos del Estado de México y policías— y liberar las carreteras que tienen bloqueadas, pero a cambio exigieron la anulación del decreto expropiatorio de sus tierras.

La resistencia campesina provocó incluso que gobernadores de otros estados ofrecieran tierras para la construcción del nuevo aeropuerto.

Corrientes sociales de izquierda organizan, además, un “cordón humano” en la zona, para que si la Policía recibe orden de intervenir sean ellos quienes la reciban, ya que pretenden impedir la detención de campesinos y los enfrentamientos, pues los pobladores están armados con sus clásicos machetes.

El gobierno, que no imaginaba una resistencia de esta naturaleza, tampoco parece querer tolerar una agudización del conflicto social, como la que ya ocurre a escasos kilómetros del centro político del país, por lo que en el horizonte cercano aparecen la negociación o el desalojo.   
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