Blanco y negro
La hora final
Eduardo Enríquez eduardo.enriquez@laprensa.com.ni
En su libro “La Hora Final de Castro” —escrito hace 10 años— Andrés Oppenheimer, explica que no pretende predecir cuánto tiempo más le queda a Fidel Castro en el poder, sino más bien, dice, trata de revelar cómo la revolución socialista cubana se destruyó a sí misma.
O sea, que por su propio proceso de descomposición, la revolución entró en una etapa final, irreversible, aunque esa etapa se pueda prolongar por años, como lo ha hecho.
Me acordé de esa explicación de Oppenheimer porque en estos días la gente se anda preguntando cuánto tiempo más podrá resistir Arnoldo Alemán esa andanada de pruebas en su contra, las presiones de todos lados y la supuesta soledad en que se encuentra.
A estas alturas muy poca gente duda que el proceso de descomposición de Alemán lo ha llevado irreversiblemente a su hora final, pero la pregunta es ¿cuánto en realidad va a durar esa hora?
Todo depende de la fortaleza política del ex mandatario. La marcha de mañana no puede ser tomada como un indicativo. Las plazas llenas no garantizan nada. Lo vimos con Somoza en 1979 y con los sandinistas en 1990 y 1996; por otro lado, las encuestas son siempre controversiales, porque se aceptan o se rechazan según el resultado.
Sin embargo hay un dato que es revelador del nivel de credibilidad, autoridad moral y liderazgo que tiene Arnoldo Alemán en la población actualmente.
El lunes, el ex presidente aseguró que la economía nicaragüense estaba a un paso de la “argentinización”, que el gobierno podría verse obligado a decretar el congelamiento de las cuentas en dólares en el Sistema Financiero. Cualquier “líder político” con un mínimo de credibilidad, habría provocado una avalancha de ahorrantes hacia los bancos, desesperados por sacar su dinero. Pero nada pasó.
Es triste, pero tiene todavía más credibilidad Daniel Ortega. Hace dos años dijo que de tener dinero en el Banic él lo sacaría porque estaba quebrado. La gente corrió a sacar su dinero y en cuestión de horas el banco estaba descapitalizado.
Entonces, ¿qué mantiene a Alemán? Sólo la coraza que tejió con el pacto, colocando a sus incondicionales en los diferentes poderes e instituciones del Estado. Ellos lo protegen a él porque así se protegen ellos mismos. La prueba está en que todas las presiones extranjeras y todas esas pruebas de la corrupción de Alemán han cohesionado más esa coraza.
Aunque muchos creen que Alemán tirará la toalla después del 11 de julio, eso es más una esperanza que una realidad. A menos que suceda algo extraordinario, la prueba de fuego vendrá el 9 de enero del 2003, cuando los diputados elijan una nueva Junta Directiva en la Asamblea Nacional. Esa elección es clave porque institucionalmente la Asamblea es el remache que mantiene unida la coraza de Alemán.
Si para entonces Bolaños ha logrado los suficientes votos y ha mantenido la alianza táctica con la bancada sandinista, la coraza puede comenzar a desintegrarse y la hora final de Alemán habrá concluido. No hay otra manera. Que conozcamos todos y cada uno de los actos de corrupción de Alemán en detalle no tiene importancia, mientras esa coraza esté intacta. 
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