Yo conocí a Sor María Romero y a su familia
Emilia Ruiz Avellán
Era el año de 1931. Yo era una niña recién cumplidos seis años. Hubo en Managua un terremoto el Martes Santo a las diez de la mañana, vivíamos en la calle central frente a la casa de habitación de la familia Lacayo Fiallos a media cuadra del mercado San Miguel, mis padres y los vecinos emigramos al día siguiente a la ciudad de Granada.
Don Pánfilo Morales y su familia nos ofrecieron su casa para hospedarnos. Los granadinos, gente muy noble y culta, se portaron a la altura, brindándonos amistad y cariño a los terremoteados. Esta casa quedaba en la Calle Guzmán, a media cuadra del Colegio María Auxiliadora (Plazuela de Los Leones). Mis padres nos matricularon a las cuatro hijas: Mercedes, Rosita, Emilia y Julia Isabel, pues el quince de mayo comenzaba el año escolar y terminaba el 24 de febrero. Sobre la misma acera también vivía don Emilio Burgos y su esposa, doña Emilia Argüello de Burgos, padres de Sor Julieta, Sor María y de Amanda, que estaba soltera.
Para mayor comodidad de la familia don Agustín Gómez, amigo personal de mi padre, le ofrece en alquiler su casa situada en la Calle Real contiguo a la casa de las hermanas Romero, tías de Sor María, hermana de su papá, cariñosamente llamadas las “Romerito”, gente cultísima, ellas se llamaban: Salvadora, Luisa, Matilde y Pastora, eran hermanas de don Félix, papá de Sor María, ya fallecido.
Eran personas mayores, habían tenido en su juventud una escuela, su casa era muy hermosa con corredores grandes y un salón muy elegante donde tenían un piano, a veces llegaba su sobrino Félix (hermano de Sor María) a tocar el piano y también en la pianola las hermanas Romero, tías de Sor María, eran muy cariñosas con las niñas vecinas, alumnas del Colegio María Auxiliadora y pusieron una ventecita de helados con unos siropes deliciosos, de leche, piña, tamarindo, cocoa y otros, esto lo hacían para atraernos y platicar con ellas.
Frente a la casa de Las Romerito llegó también terremoteado el matrimonio del doctor Joaquín Cuadra Zavala y doña Cristina Chamorro con su familia, sus hijas estuvieron también en el Colegio María Auxiliadora, Anita, María, Cristina (Kity) y Virginia. La mamá de Sor María ya era viuda, vestía de negro riguroso, vivía con sus hijas: Pastora, María Luisa y Chila. Ya Sor María se había ido al noviciado, doña Anita se había hecho muy amiga de mi mamá y llegaba con frecuencia a visitarla.
La familia de Sor María Romero, su mamá y hermanas vivían a una cuadra de nuestra casa hacia el Cerro Mombacho (La actual casa Santuario) donde nació Sor María.
En el año de 1935, mis padres se regresaron a Managua, pero me dejan interna en el Colegio y a las dos menores Emilia y Julia. Ya soy ex alumna salesiana, vivo nuevamente en Managua, pues aquí nací. Se celebra en San José de Costa Rica un Congreso de ex alumnas de los colegios María Auxiliadora de Centroamérica y Panamá y va un grupo de ex alumnas nicaragüenses por vía aérea y terrestre, nos hospedamos en el Colegio María Auxiliadora en La Sabana. Es hasta entonces que yo conozco personalmente a “Sor María Romero”, quien atendió a sus amadas compatriotas como conocidas de toda la vida.
Estuvimos con ella platicando, riéndonos y planchando los vestidos para asistir al Congreso, y nos brindó café y galletas, pues teníamos frío. En su despacho vimos muchas maletas y sacos, le preguntamos, ¿qué es eso?, ella nos contesta: “eso es de mis pobres”.
En este Congreso las nicaragüenses regalamos una beca vocacional y en la velada del cierre representamos El Atabal de Granada. Esto fue un poco antes del terremoto de 1972 (segundo terremoto que sufro en mi vida).
Agradezco a Jesús Sacramentado y a María Auxiliadora, me han concedido la gracia de aún estar viva en la beatificación de Sor María Romero Meneses, ya que he tenido la inmensa dicha de conocerla personalmente a ella y a su familia.
La autora es ex alumna salesiana. Granada, Nicaragua. 
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